Ateş El silencio se extendió entre nosotros como una cuerda tensa a punto de romperse. Gala tenía los ojos fijos en Amira, pero podía ver cómo luchaba internamente, como si estuviera decidiendo si saltar desde un precipicio o dar un paso atrás. —No tienes que contarme nada —dije suavemente, aunque cada fibra de mi ser quería conocer la verdad—. Pero lo que pasó esta noche... no fue solo un mareo. Ella cerró los ojos, y cuando los abrió, estaban llenos de lágrimas que se negaba a derramar. —Cuando vi la bañera llena —susurró, su voz apenas audible—, por un momento no estaba aquí. Estaba... estaba allí otra vez. Mi pecho se apretó. No necesitaba ser un genio para saber que lo que venía no sería fácil de escuchar. —¿Dónde? —pregunté, aunque una parte de mí temía la respuesta. Gala resp

