Gala Desperté con una sensación extraña, como si hubiera dormido en el lugar más seguro del mundo pero al mismo tiempo en el más peligroso. La madrugada anterior había sido un torrente de emociones que me habían dejado expuesta, vulnerable de una manera que no había experimentado en años. Había contado mi historia. Toda. Cada detalle doloroso, cada momento de terror que había guardado como secretos envenenados en mi pecho. Y Ateş... Ateş había escuchado todo sin juzgarme, sin hacer preguntas crueles, sin culparme por lo que había pasado. Pero ahora, en la luz tenue del amanecer, la realidad comenzaba a filtrarse a través de la neblina de la intimidad nocturna. Sus palabras resonaban en mi mente: "Nunca más tendrás que pasar por algo así. Nunca más estarás sola." ¿Cómo podía prometerme

