Es un verdadero monumento, el hombre que está ahí parado. De solo verlo, mi cuerpo reacciona, estremeciéndose por completo. Nuestras miradas se encuentran y siento que me podría desmayar en cualquier momento. Estoy tan perdida en esos ojos cafés, que me olvido por un momento del incidente que tuve segundos atrás, hasta que el leve ardor de mis quemaduras, me hace volver a la realidad. —Eh... Sí, estoy bien. Gracias. —Logro responder, sin dejar de mirarlo a los ojos. —Permítame ayudarla. —Pide. Saca un pañuelo del bolsillo de su chaqueta y comienza a limpiar delicadamente mi pantalón. Yo sólo me quedo ahí, mirándolo embelesada. Mi respiración se agita, cuando termina de secar y con timidez, trata de llevar el pañuelo a mi pecho, pero al parecer se arrepiente. —Yo termino. —Sugiero,

