—Ay, perdón, jefa. Debí golpear, antes de entrar. —se disculpa mi amiga, algo incómoda. —No pasa nada, Conny. —Encojo mis hombros. —Tal vez llegaste en buen momento, para evitar que cometiera una locura. —Agrego, aún en shock. —¿Qué?. ¿Es en serio?. —suelta un bufido, mientras deja los documentos sobre el escritorio y toma asiento frente a mí. —¿Ese bombón de chocolate casi te besa y tú piensas que es una locura?. —me reprende. —Ay, amiga. —suspiro. —Tú sabes que tengo una prioridad en este momento y no tengo cabeza para nada más. A demás, mira lo que me pasó, por entregármele al primero que se me puso en el camino. —Explico recordando esa noche loca, en la que concebí a mi hija. —Podrás decir lo que quieras, Monse, pero pude notar lo contenta que estabas en los brazos de ese galán. —s

