Por la mañana, al bajar las escaleras, escuchamos a mi hija y a mi mamá jugar a algo. Elena se reía mucho. ―¿Qué estarán haciendo? ―Miranda se rio al escucharlas a ellas. ―No sé, parece que se divierten mucho. ―A lo mejor están cocinando algo, se siente un rico aroma dulce. ―Es lo más seguro, a mamá le encantan esas cosas y hará que Elena la siga. Miranda se detuvo y me tomó del brazo. ―¿Qué pasa? ―le pregunté al ver que no hablaba. ―Nada, es que anoche estuve pensando... ¿Tú crees que mi mamá se arrepintió de verdad o solo me buscó porque no tenía más que hacer? ―¿Por qué piensas eso? ―Es que no sé... Igual ella no me creyó cuando fue con mi ex suegra. ―¿Cuántas veces le dijiste a ella que Lorenzo te golpeaba? Bajó la cabeza. Yo posé mi mano en su mejilla con suavida

