HAKU ALARCÓN STONE
—¿E- escogimos una estrella?
Imposible mentirle a la dulce y astuta Aste, aquella que me arrastro a escoger una con ella, no me molesta que no lo recuerde, sin embargo, causa ruido en mi ser.
—Sí, ¿estas decepcionada?
—No, es solo que hice una promesa y está mal no cumplirla.
—No es necesario saber a quién se la hiciste. —Solté— Después de todo la dulce Aste tiene a sus favoritos.
Mencione infantilmente, aunque también estaba en derecho de actuar de esa manera; después de todo soy un niño de doce años.
Uno celoso y herido. Las cosas cambian y el efecto de ello lastiman, no peleo por poder si no por el favor de una Rendor. Es verdad que esta cría me da miedo, pero siempre termino arrastradme a sus pies como perro esperando algo de su dueño. Y ella aún no se da cuenta.
—Deja de actuar así, —musito Asteria enfadada— tú no sabes nada.
—Si, puede que tengas toda la razón, no obstante, puede ser lo contrario. Solo te diré algo que no volveré a repetirte, dulce Aste, es como consejero no como amigo. —Dije directo— El afecto por lastima es lo peor que puedes ofrecerle a una persona que muestra sinceridad a ti. Sí, Daren tiene sus traumas, sus necesidades afectuosas y todo lo demás que puedas conocer de él, sin embargo, no es ingenuo, te apostaría mi vida entera si fuera necesario para que te dieras cuenta de que el zorro no es simplemente astuto.
—¿Ahora me darás consejos?, ¿no quieres lidiar con una ingenua Aste? —Encaro— Porque también apostaría mi vida entera a que tú me tienes más lástima que cariño, a que tu necesidad de cuidarme es más por el hecho de la importancia que cargo a la de una amistad.
—Tienes razón, fue lastima. —Respondí con tanta blasfemia en la palabra— Y siempre será lastima, hazte a la idea de ahora en adelante y carga con la sinceridad de mis palabras, Rendor.
—Eres cruel. —Expresó con ojos llorosos— Tonto.
Había cruzado la línea, debí recordar que su corazón por más entrenado que este, siempre querrá querer y pensar como una niña de su edad; una que defiende a su amigo de la infancia de su otro amigo que posiblemente no conozca la situación. Conozco a Daren, es por eso que no me límite a atacar, los rojos y los azules no nos llevamos bien por mucho tiempo. Es un reloj de arena que empieza a correr.
—Ven acá. —Abrí mis brazos en señal de una invitación a un abrazó— Perdón, Aste. No debí decir eso, fue una vil mentira, jamás te tendría un cariño falso.
La pequeña Aste, titubeante a acercarse y recibir termina cediendo. Hace tiempo que no la abrazaba, no de esta manera tan reconfortante. Quería serle honesto, que no era por lástima que la quería, si no por...
—Miedo. —Dije, mientras aún la tenía en brazos— No es que te de afecto por pena a tu vida o tu situación, sino porque mi afecto es sincero y tengo miedo, a que la fuerza que tienes se termine y que el poder que estas destinada a tener te consuman y no pueda protegerte, recuperarte u volver a verte. Eres mi persona favorita, como nuestra estrella que sigue brillando en el cielo nocturno.
—¿Soy tu persona favorita?
Asiento, cuando sueltas las verdades y dejas de escupir falsedades empiezas a sentir lo ligero que es todo, hay cosas que me fascinaría saber, otras que me encantaría hacer y favores que me gustaría pedir y cobrar, pero paso a paso. Mi meta no es de uno, si no, de dos. Si uno llega a la meta, por ende, el otro también.
—Ahora vamos a mí lugar favorito.
Tome de la mano de Aste para encaminarla a mi lugar favorito, este se encontraba en el fondo del mismo pasillo de mi habitación; dónde a plena vista relucían las puertas correderas enfrentadas, deslice de aquellas y lo primero que Asteria miro fue el hermoso piano de media cola blanco que resaltaba con el piso cubierto de Porcelanato esmaltado superblack color n***o pulido. Al verla atónita por aquello, decido llevarla más cerca e invitarla a tomar asiento en la banqueta.
— ¿Sabes tocar?
—Sí. —Contestó mientras seguía indagando en los alrededores.
—Hagamos un dueto, me gustaría, no mejor dicho me encantaría tocar el piano contigo ¿sí?
—Sí, me encantaría.
—Toquemos "Canon in D". —Musite mientras buscaba aquellas partituras para Aste a lo que sorpresivamente me detiene con una de sus manos pequeñas.
—No las necesito, Haku.
—Con que tomas clases de piano ¿eh? —Comenté y luego añadí con ironía— No pensé que te llamará la atención, me sorprendes cada vez más, Aste.
Me acomode en el taburete junto a Aste y le indique que ya podíamos comenzar, entonces empecé con el bello fragmento musical. Terminando aquel fragmento, hubo un silencio y un momento de apreciación, un gusto que compartíamos y que podíamos revivir en cualquier momento, la impresión en ambos o por lo menos para mí, marcó un comienzo; era imposible no reírnos al finalizar dicho acontecimiento ya que fue impresionante la manera en que nos acoplamos fácilmente a la par el uno con el otro.
Luego se escucharon unos pasos en el pasillo camino a nosotros, volteamos rápidamente hacia la puerta en la que observamos a Jonás, el sirviente de esta casa, con una bandeja de fruta y dos jugos tropicales.
—Jonas.
—Joven —Respondió Jonás haciendo una ligera pausa—, su madre a regresado y mandó a que le trajera esto.
—Gracias Jonás.
—De hecho, viene a proponerles algo a ustedes dos. —Se retira enseguida.
—¿Propuesta?