SANTHER ALARCÓN
—Santher, ¿quién más jefe? ¿Andas de mal humor? ¿Estás ocupado en este momento?
Cuestione en un momento que pareciese inadecuado, lo podía distinguir de cierta forma por su voz, pero era mejor no preguntar la causa de su malestar o molestia, porque podría irme fatal. Su temperamento es algo con lo que no me gusta lidiar y mucho menos algo que quisiera controlar.
—Tú.
—Sí, yo. Quien más te buscaría, pero al diablo con eso, necesitamos hablar ¿puedes venir? —Al escuchar un silencio abrumador y una evidente falta de respuesta inmediatamente añadí—, Es en verdad algo urgente, he notado algo inusual que nos perjudica en un futuro y este asunto no se puede hablar por aquí.
—Voy en una hora.
—No que va, si quieres tárdate un año. —Contesto sin pensarlo, así que cuelgo antes de que algo estalle, por lo menos me sentiré aliviado de no tener un regaño telefónico, más bien alargue mi vida hasta que lo tenga ante mi presencia.
JOSEPH RENDOR SÁENZ
Ya me encontraba con estrés acumulado y este idiota empieza con problemas que de seguro están a su cargo; cuelgo el teléfono y lo dejo en su lugar, suelto un suspiro agotador, así que de inmediato me dirijo a la puerta para salir de mi estudio, sin embargo, al abrirla me encuentro con Asteria, está alza sus pequeños brazos para que pueda ser cargada por mí, su querido padre; la tomo dándole un fuerte abrazo, aquel que logra a su vez reconfortarme de aquellos problemas que me encontraba teniendo.
— ¿Padre porque tienes esa expresión?
— ¿Qué expresión? —Cuestione disimulando aquella expresión llena de frustraciones.
—Te ves triste y enojado a la vez. —Dijo Asteria reprochando mi cara, entonces prosiguió— Papi nunca se ha visto así.
Saco una pequeña risilla tristona y continúo diciéndole a mi preciada hija, algunas palabras para no preocuparla, hoy sé, que lo unico seguro que tendrá seré yo y nadie más.
— Papá está bien Asteria, solo que no tendré mucho tiempo de estar contigo hoy y eso entristece y enoja mucho a papá. —Le doy un toque en la nariz con mi dedo índice y así bajo al suelo a mi hija, la tomo de la mano y enseguida camino con ella hacia el jardín y pregunto algo con absoluta seriedad— ¿Tu mamá qué está haciendo ahora?
—Cuando salió de tu estudio le pedí que jugara conmigo, pero me ignoró y se fue directamente a la recamara. —Contestó Asteria un poco desconcertada.
— ¿Escuchaste algo cuando caminabas por mi estudio? —pregunté algo temeroso y a su vez preocupado.
El tal vez pensar en que mi hija pudiera enterarse que el matrimonio de su madre y padre está a nada de derrumbarse sobre ella, me rompería el alma, es tan pequeña como para sufrir una separación y vivir en un entorno en que no habrá ni siquiera dónde pueda refugiarse.
—No —Contestó Asteria mirando fijamente a su padre—, ¿por qué papi?
—No es nada.
— ¿Entonces tienes que trabajar mucho hoy, papi? —Pregunta Asteria triste.
—Si, tendré que trabajar hasta tan tarde fuera, con el padre de Haku. —Miró como es que mi hija hace un puchero sumamente adorable, tan lindo que parece que me a sido atravesado una flecha directo al corazón.
—Llévame contigo, así podré estar contigo todo el día y podremos hablar mucho de ida y de vuelta. —Musito Asteria en tono de orden.
—Lo que diga mi princesa, entonces prepárate para salir. Lleva lo que necesites para que no te aburras mientras no pueda estar contigo, porque nos iremos enseguida.
Asteria asiente y se va corriendo hacia su recamara agarrado una mochila y llenándola de libros para colorear, sus marcadores y uno que otro juguetito que estuviera a su vista. Una vez que corroboré que ella estaba guardando sus cosas, me fui en dirección a mi recámara en el segundo piso, donde se encontraba mi esposa echada de boca bajo sobre la cama.
—Saldré...—Dije en modo serio y continue— Me llevaré a Asteria conmigo.
— ¿A dónde? —pregunta está sumamente alterada.
Se estaba haciendo la idea equivocada de seguro, jamás podría ser capaz de huir con mi hija y mucho menos arriesgarla a tener esos recuerdos innecesarios por este tipo de discusiones maritales, así que de inmediato le doy la dirección de nuestro paradero, sin una voz dura, simplemente algo tan fluido como el agua.
—A la residencia de los Alarcón, surgió un asunto y tengo que atenderlo ahora con Santher.
—Voy con usted-ed ... —la interrumpo, dándole ahora sí, una orden— Tú te quedas, no sé a qué hora llegaremos.
Cierro la puerta, la cual emite ligeramente el sonido de un golpe y observó desde arriba al final de la escalera a mi hija, a mi pequeña, quién me espera en la puerta principal para nuestra salida, bajo rápidamente, tomo mi maletín que estaba en la consola suspendida al final del costado de la escalera, luego acaricia la cabeza de mi hija en la que ambos compartimos una mirada cómplice y una sonrisa unida, entonces le extiendo mi aspera mano a lo que mi chiquita la toma.
HAKU ALARCÓN STONE
Observó a mi padre salir de su estudio con un sin fin de papeles, realmente se miraba mortificado por alguna situación, mi madre un tanto preocupada por su expresión decide acercársele para preguntar por esta extraña situación, pero este enseguida menciona algo antes de que ella pudiera entablar una conversación.
—Qué bueno que estas aquí, justo iba a buscarte.
— ¿Qué pasa cariño, necesitas algo?
—Va a llegar Joseph en una hora aproximadamente, mándalo al estudio cuando llegue.
—Está bien yo me encargo de ello despreocúpate, cariño. ¡Animo!