GLENDA GLESH
—¿Cómo saber si está bien desear lo que no puedes tener?
Leí de una revista referente a un tema ambicioso, mientras tomaba el café con Diane en el comedor principal, esta me miró con inquietud y disgusto. Sabía perfecto a lo que me refería, había historia detrás, además de deseos objetuales e instrumentales. Ser hija de quien es, es una gran ventaja sin dudas, no obstante, resulto ser una desgracia también para un futuro que pudo ser tan prometedor; Lástima que su hijo vaya para el mismo camino y ¿por qué no? Un mismo final.
—Creo que si en verdad deseas algo inalcanzable, debes intentarlo hasta no más poder —Contesto repentinamente con audacia y termino—, el resultado es lo de menos, la derrota o la victoria sabrán a triunfo de todas formas, por el simple hecho de intentarlo ¿no lo ves así?, deberías de recordarlo, así fue como ganaste.
—Tal vez. —Respondí en serenidad y luego musite con cautela—, pero es mejor ser realista en ciertos casos. Mantener esperanzas cuando sabes que no habrá oportunidades será realmente doloroso, mi ventaja es que jamás fui parte de una caja llena de adornos para su dueño como tú entenderás, por lo menos acepto que no podré tener algo, pero sí lo demás; estar con el dueño me hace ser dueña igual. Y es algo que debes de respetar. —Dirigí la mirada a Diane y le mostré un poco de conmiseración, como si las palabras que lance fueran dagas para ella en particular—, lo posible a menudo se pierde por la existencia de lo imposible, cuando algo no se da, simplemente "no se da".
Diane contuvo su irritación por el comentario dado, pareciese que la estuviera degradando, o eso le indicaba su percepción, por otro lado, en lugar de mostrar sus emociones como un libro abierto decidió sacar la careta simuladora de la cual ya estaba acostumbrada a usar. Esta mostró su cara más respetuosa y guardó silencio como si ningún cuchillo le fuera atravesado. No podía dejar de observarla con sumo detenimiento, sabía que ella era astuta y traicionera. Le indique a Izan que la encaminara a la sala principal mientras me dirigía por la próxima joyita roja, aquel niño que bien podría también ser por sangre la amarilla. Es triste ver que, por tener doble carga le impide ser candidato a prometido de mi hija, aunque, igualmente al que solo posea una.
Una joya no puede salir de su alhajero y querer estar con el dueño, así ha sido por años y debe seguir estándolo. Zeru el dueño original es muy selecto, tan minucioso con lo que hace y tan cauteloso con lo que dice, por ende, sus elecciones y decisiones siempre son correctas y si no, obliga a serlas.
Zeru Rendor empezó con tres joyas esenciales en su joyero; La joya azul; una red de hackers e inventores de dispositivos explosivos que apadrino, áreas de las cuales dejo como líder y encargado a Santher Alarcón, su mejor pupilo, debido a su eficiencia en ambas áreas; luego está la joya roja, la creación de Zeru, una organización que se encarga de la formación de sicarios y a la venta ilegal de armas, esta está a manos de su favorita por no decir a la reconocida y querida ojos pardos, Diane Solís; Finalmente la joya amarilla, estos se encargan del blanqueamiento capital y fraudes financieros. Actualmente se han agregado dos joyas más de las cuales no tengo conocimiento. Es la incertidumbre que tengo que resolver.
Lentamente subí las escaleras, en tanto procesaba todo, a lo que después me puse a pensar el por qué Diane estaba empezando a conservarse, antes me hubiera contestado con descaro. Sin darme cuenta ya había llegado a la habitación donde se encontraba mi hija y Daren dormidos. Minuciosamente abrí la puerta para no despertarlos de golpe, más al momento de observarlos llega a mi mente un pensamiento bondadoso en el que no quisiera despertarlos, debido a que son como unos angelitos dormilones; me dirigí con mucho cuidado hacia el costado de la cama en el que Daren se encontraba acurrucado.
—Daren —Dije entre susurros mientras extendía mi mano para que Daren pudiera apoyarse y así poder levantarse—, Daren, despierta tu mamá vino por ti.
—Tengo sueño... —Contestó somnoliento, quien de repente tomó de mí mano, como si estuviera sujetando un peluche, tan cálido, era demasiado tierno de observar; este de repente dejó salir un bostezo y me soltó.
—Lo sé, cariño... —Mencioné limpiando con una mano sus lagañas, mientras que con la otra sostenía la pequeña mano de Daren, entonces proseguí diciendo—, pero tu mami está esperando por ti ahora en la sala.
—Entiendo —Dice Daren aun modorro—, pero déjeme despedirme.
Daren vuelve a ver a Asteria, sin embargo, nota que sigue dormida tranquilamente sin ningún tormento en sus sueños, entonces dirige su mirada hacia mí.
—Me podría despedir de ella —Me pide con ojos brillosos, entonces continúa diciendo—, no quisiera despertarla.
—Si yo le diré no te preocupes por ello. —Le contesté con una sonrisa gentil, llevándome así a Daren hacia la sala.
—Hola Madre, llegaste demasiado temprano.
—Lo lamento cariño, pero hoy tenemos planes. —Dijo está prosiguiendo a dirigir su mirada a mi dirección— Gracias por las atenciones hacia Daren, lo agradezco de corazón, perdona las molestias causadas.
—No te preocupes, cualquier cosa que necesites sabes dónde encontrarnos.
Diane toma la mano de su hijo en tanto los encamino hacia la entrada principal. Daren voltea a mirarme y me levanta su manita sacudiéndola ligeramente como despedida, regalándome una gran sonrisa que a su vez termina diciéndome— Gracias por cuidar de mí, nos vemos luego Señora Rendor.
Al terminar de ver tan tierna escena, después dejo salir un suspiro, les doy la espalda y rápidamente me dirijo hacia el estudio de Joseph, mi marido, llegando sin la más mínima intención de tocar la puerta.
—Tenemos que hablar —Hable firmemente.
— ¿Qué sucede? —preguntó este despreocupado.
— ¿Por qué sigues retrasando esto? —pregunté un tanto insatisfecha.
— ¿A qué te refieres?
—Mi padre nos solicita en "Merst" y quiere que manejes todas tus y sus propiedades.
—Ya veo... —Responde con entendimiento y prosigue— Me niego, no tengo intenciones de ir allá aún y sé que aún él puede hacerse cargo, es un señor fuerte y audaz digno de admirar.
— ¿Es que acaso estas esperando que no tenga ya la suficiente disposición para tratar sus asuntos?
—Seré claro y conciso, estoy esperando a que tu padre siga hasta donde se pueda... —Joseph me miró fijamente y continuó—, sé que aún es capaz de mantener a flote todo por varios años, no veo ningún problema por ello. Definitivamente sólo quieres que abandone mis obligaciones para cumplir tus absurdas peticiones.
—Hablas como si fuera un capricho mío, sabes perfectamente que puedes tratar desde "Merst" tus asuntos de aquí.
—Yo no llevaré a mi hija a "Merst", estoy decidido a que crezca aquí —Joseph habló firmemente—, no te detendré conmigo, si quieres irte ¡Andando! Ya sabes dónde está la salida, pero la niña se queda aquí.
— ¿Te has vuelto loco? crees que podría regresar a Merst sin mi familia, ¿estás seguro de que yo podría manejar sola los asuntos de la familia Glesh? —Suelto alterada—, Y no sólo eso, te has puesto a pensar que no sería capaz de dejar a mi hija a tu cuidado. Es completamente absurdo lo que estás diciendo.
—No es tan absurdo, cuando ya estoy harto de esa máscara tuya, crees que no me he dado cuenta, ¡sé que no te importa Asteria! —Contesto este decepcionado—, pensaste que nunca lo iba a descubrir, lo sabía muy en el fondo, la miras con tanta frialdad en esos ojos que intentan trasmitir una extraña calidez, como un error en tu vida debajo de esas sonrisas y expresiones de amabilidad fingidas.
—No entiendo de qué hablas, ¡yo amo a nuestra hija!
JOSEPH RENDOR SÁENZ
La mire con incredulidad, entonces esta empiezo a dar pasos de un lado al otro totalmente furiosa enfrente de mi como si no supiera que más decir o que más hacer. Ella ya estaba ansiosa a tal punto que no podía distinguir si estaba a nada de perder la cordura, no obstante, no sabía cuándo exactamente terminaría por dejar el acto de amable esposa.
—Bien, tienes razón, esto se tenía que descubrir tarde o temprano —Me alzó la mirada como si fuera un ser aborrecible, entonces soltó— Me alegra que se cayera esta farsa.
Volví a mirarle, pero ahora con aflicción, se notaba que cargaba un extremado dolor interno, la pesadez en lo que fue un noble corazón. En verdad no sabía si contestarle o dejarla acabar con lo que ella misma estaba comenzando, finalmente cedí a guardar silencio y escucharla, quería, no, deseaba entenderla.
— ¿Que esperabas que hiciera?, que le mostrará amor a esa niña cuando ni siquiera lo sentía, que la quisiera tanto más que a mi propia vida. —Dudo en continuar, pero tenía una pesantez tan guardada que en llanto mencionó lo que tal vez no quería mencionar— Yo no quería tener hijos, en mi vida se me cruzó por la mente, ni siquiera quería este absurdo matrimonio arreglado, estoy harta, en verdad lo estoy, no me gusta que me veas como una persona que no soy.
—Ahora resulta que esto es mi culpa —Solté con amargura—, ¿es mi culpa la alianza acaso? Si no mal recuerdo tú estuviste de acuerdo, yo no te obligue a nada, aun así, recuerdo lo que dijiste tan vívidamente ante los presentes que sabían de nuestra situación. "Haré que nuestra relación funcione". Eso fue lo que dijiste, así que no vengas a reprocharme.
—Lo intente, no digas que no —confirma—, y procuraré seguir intentándolo, sólo te pido que iniciemos de cero en Merst, mi padre quiere tratar a la niña, es su única nieta, quiere disfrutarla y formar recuerdos gratos con ella, y no solo eso... Mi padre asegura que nuestra hija tendrá un futuro prometedor ¿no estás feliz? Nuestra niña estará bien allá.
Desconocía más que nunca a la persona con la que me había casado, realmente tenía un nudo insoportable en la garganta, mi paciencia se hacía añicos de solo escuchar las cosas contradictorias que ella lanzaba. Tantas mentiras y tantas verdades que corrían por mis oídos como ventiscas de viento entre los árboles.
—Cuando te conocí, estaba casi seguro de que funcionará esto... —Musite entre susurros pensando a su vez que él "casi" no lo era "todo".
—Aún puede funcionar, ¡sólo vámonos de aquí! —Dijo con ojos llorosos.
—Sólo contéstame algo —Recalque con expresión de disgusto—, de ti depende la decisión que tomaré.
—Escucho.
— ¿Por qué tuviste a la niña si no era lo que querías? ¿por qué demonios aceptaste la alianza que propuso tu padre si no querías casarte de esta forma?
—Porque te veía mirando a los niños de las familias, sabía que atesorabas tener un hijo propio y mi padre añoraba tener un nieto. —Miró fijamente a mi dirección esperando una contestación, al no obtenerla añadió— También creí que podría llenar el hueco que existía entre nosotros, la niña era nuestra unión.
Me resonó en la cabeza el "era", deduje que la niña ya no lo sería, ya no había unión ni habría, mentiras y mentiras salían de la que fue hasta hace tiempo mi amada esposa. Creer, ya no sabía ni en qué creer, cómo era posible que amara después de tanto evitar, soltar y volver a amar a esta mujer, cómo era posible que ni siquiera a esta pudiera odiarla. Me sentía realmente estúpido. A decir verdad, fui imbécil desde el principio, prometí union con un nombre que le di a mi hija por alguien que amaba con tanta sinceridad y luego, tuve que darle significancia a mi hija para llenar el hueco que tenía con mi esposa por no amarla tanto como a esa persona, no obstante, pude hacerlo y por aquellos errores de los que no tiene idea, estoy pagando consecuencias por no haber defendido lo que debí defender.
—Acepté este matrimonio porque tenía que tener a alguien que asegurara nuestros esfuerzos. —Contestó Glenda con la voz temblorosa mientras ya me encontraba realmente mal, aunque para el colmo lo último que dijo detonó mi inestabilidad.
Pensó a futuro en "asegurar nuestros esfuerzos" era una carga muy pesada, para mi ahora más grande adoración, mi hija. Aunque realmente la carga la tendría yo primero antes de pasarla a ella.
— ¡Quieres poner todas nuestras cargas a la niña en su futuro! —Alce la voz molesto.
—No, no era de lo que trataba —Interrumpí.
—¿Qué es lo que tienes en la cabeza? ¡Contéstame!
Glenda guardó silencio y observó que estaba empezando a alterarme, la miré con frialdad y deduje lo que nunca pensé deducir prontamente.
—Usarán a nuestra hija, ¿es lo que tratas de decirme acaso? ¿cómo pueden ser capaces de hacerle eso? —Volví a ponerme intenso— ¿ya le han arreglado acaso un matrimonio? —Al ver que no lo niega me altero aún más—, estas demente..., no juegues así, no me acabas de decir que sufres por este matrimonio hace unos instantes.
Glenda dio algunos pasos atrás para alejarse de mí, ella sabía lo que su familia pensaba hacer con nuestra hija, pero apenas estaba notando la gravedad del asunto, me miró con dolor, los pasos que había retrocedido ya no existían porque me encargue de cortarlos, la tome de los hombros, no obstante, no con brusquedad, mis manos contenían la rabia del momento, me temblaban y eso sin dudas debió provocarle un escalofrío en lo bajo de su espalda.
—Mírame y dime claro ¿qué es lo que buscas?
— ¡Quiero irme de Stowe! Contigo y la niña, que Asteria disfrute de su abuelo, que tenga más alternativas, ya mi padre tiene candidatos para ella, ella puede correr con más suerte que yo, ella sí podrá ser capaz de amar a esa persona, mi padre quiere que conviva con ellos y sean cercanos, todo será fácil ¿es tan difícil entenderlo? —Responde entre sollozos.
Hubo un completo silencio. Glenda quien tenía la mirada baja en el suelo se veía arrepentida de lo que me había dicho, mientras que solo me abstenía a mirarla hostilmente, una mirada que en el fondo tenía sentimientos hechos un lío con una tormenta de pensamientos y recuerdos que estaban a punto de derribarme. Puede que al inicio sí fui obligado a casarme a los veinticuatro años, pero siempre fui abierto a lo que fuera. Amaba a mi familia tanto que sacrifique mi felicidad, o eso era lo que quería pensar. Independientemente de lo que hubiera pasado si tomaba otro rumbo.
Cuando entré al instituto conocí a Glenda, luego me enteré de que ella sería mi futura esposa, me di cuenta de que en verdad no había sacrificado nada, porque para mí, Glenda se volvería mi futura felicidad, la ame y la aprecie como ningún otro lo haría.
Más hoy me mostro que eso a ella no le bastaba, aunque di todo por los dos ya no me sentía satisfecho, sino más bien un hombre simple que no era capaz de llegar a su roto corazón, sin embargo, aun así me case por la alianza y la esperanza de seguir peleando por su aceptación, creí ciegamente en lograrlo debido a que me concedió una niña a quién atesoro como a nadie más, por otro lado, nunca espere que esto fuera un detonante para sacar su verdadera personalidad, una Glenda que nunca conocí; una Glen que siempre se mantuvo bajo las sobras de la Glenda que su familia quería que fuera para mí. Ya no sabía si en verdad la amaba durante todo este tiempo, ella estaba provocando la duda de lo que realmente sentía. Si ame a la falsa y no a la verdadera, este sentimiento ya no cuenta, entonces significaría que hasta el momento solo he amado a una persona y por más que lo niegue, no hay quien le quite eso a ella. Parece un juego, pero mi hija siempre sera el recordatorio de que no lo es.
Ella ya estaba tirando de ese lazo tan delgado que nos unía y ahora con aquellas contestaciones que resuenan en mi cabeza, todo ya ha terminado. Aquel tormento del que no pude escapar avecina a mi mente todas aquellas palabras que una tras otra me hace recordar.
"Querías que le mostrará amor a esa niña cuando ni siquiera lo sentía", "¡Asteria!", "Que la quisiera tanto más que a mi propia vida", "No es un amor eterno y mucho menos sincero", "Yo no quería tener hijos", "Está prohibido que una simple joya posea al dueño de un joyero","Ni siquiera quería este absurdo matrimonio", "¿Aún?, "Estoy harta de que me veas como una persona que no soy", "Nuestra estrella se llamara Asteria", "Ella correrá con más suerte que yo", "Nuestra unión se llama Asteria", "Ella sí podrá ser capaz de amar a esa persona".
Él lazo tan delgado del que ella había empezado a tirar término por desceñir la unión entre ella y yo, soltando el lazo que por alguna razón estaba listo para anudar con otro que hace tiempo ya había soltado, simplemente acabó con su existencia en mí corazón y resalto la otra existencia de quien se había olvidado. Ella misma se sepultó y terminó matando ese sentimiento falso en el que ella podía ser feliz. De pronto el silencio finalizó cuando me decidí a acabar con él mismo, sin más Glenda levantó su mirada al mostrar su arrepentimiento por las cosas que me había mencionado, no obstante, ahora mi aura era distinta a la que solía ser, ya tenía en claro que mi querida esposa era una farsa querida esposa, más bien siempre lo supe y solo me negué al no querer saberlo.
—Nunca me amaste y nunca me amarás, durante estos ocho años de matrimonio lo intentaste ¿no es así? —Llevó una de sus manos ásperas a la mejilla de Glenda, le acaricio con frialdad—, entonces ¿qué te hace creer que nuestra hija lo podrá amar?
—Yo te quiero —Dijo Glenda con la mirada baja, retire la mano de su rostro y esta continúo hablando—, sé que algún día podré amarte, lo sé, te lo prometo. —Hace una pequeña pausa y continua— Yo te lo debo.
—No prometas cosas que no serás capaz de cumplir, así que deja de llorar. No quiero que la niña te vea así, pensaré en lo que me dijiste, tal vez en unos años, pero no creas que lo hago por ti, si no por tu padre al que respetaba y admiraba antes de escuchar esto, de todas formas, trabajaré a mi manera con Stowe y eso no cambiará.
— ¿Cuánto tengo que esperar?
—Lo que tengas que esperar, si te escucharas a ti misma, en la forma que preguntas, me haces ver como si te estuviera reteniendo y peor aún, ni siquiera cuentas a tu hija en esa pregunta, pareciera que quieres irte con urgencia —recuerdo algo en ese instante, de pronto me río insolentemente mientras la miro fijamente y de mi boca sale lo que para Glenda pareciese una eternidad—, He decidido, esperaras a que Asteria cumpla los trece años para irnos.
—Es demasiado —Musito Glenda agobiada—, Asteria tomará cariño de este lugar y no se querrá ir, preferiría que fuera en su cumpleaños número nueve, sería más fácil para ella acoplarse en Merst.
—Lo tomaré en cuenta, retírate...
—Joseph... —Glenda trato de emitir una disculpa.
— ¡VETE! —Grite sin poder contenerme más. Esta se queda plasmada, entonces proseguí tratando de hablarle más sutil, aunque quería seguir alzando la voz y soltar todas mis quejas y pensamientos en su dirección, queriendo confrontarla duramente como se lo merece, no obstante, no ganaba nada si lo hacía de esa forma, así que solté con un control—, pedí que te fueras.
Glenda se retira a duras penas, en eso suena el teléfono sobre mi escritorio, trato de calmarme para tomar la llamada.
—Habla Joseph Rendor ¿con quién tengo el gusto? —Cuestioné con tranquilidad, después de ello sonreí con ironía para mí mismo— Tú.