Capítulo 7. Song

1845 Palabras
ASTERIA RENDOR GLESH —Creo que hay que irnos, Daren. —Mencione levantándome lentamente del césped. —Está bien —Musito Daren para que claramente lo escuchara—, esperaré con ansias volver a este lugar, Asteria. —Igual yo. Mientras regresábamos a casa, podía distinguir a lo lejos en aquella entrada trasera a mi hogar, a la madre de Daren parada en el jardín a un lado de mi madre, esta se encontraba algo feliz al verme junto a su propio hijo pasándola bien juntos, pero a su vez un tanto mortificada por el futuro que le esperaba si él se quedaba a mi lado, o es lo que quiero pensar, además de los problemas que se le podrían avecinar al saber que yo esa niñita, sabe que ya tiene un prometido a futuro y que justamente no es su hijo, tengo que actuar como una tonta que no está enterada de nada, ya que mi abuelo Zeru Rendor así lo desea, nadie debe de enterarse que la heredera está corriendo en una carrera que aún no tiene línea de meta, cuando ella nota mi concentración, está de pronto deja de estar sumergida en sus pensamientos, entonces escucha a Daren decir algo que la hace continuar y estar al tanto del moemento. —Mamá ¿ya es hora de irnos? —preguntó Daren algo deprimido. —Así es —Esta afirmó y continuó diciendo presurosa—, tu papá nos está esperando de regreso. —Sí quieres déjalo aquí —habló mi madre con una sonrisa tan dulce, y finalizo—, y mañana a primera hora lo dejaré en su residencia. — ¿Segura? —Dijo la Sra. Diane sorprendida, ya que ella misma sabía que no estaban bien en términos de lazos, así que siguió diciendo—, no quisiera abusar de tu hospitalidad. —Para nada, no te preocupes —Hablo mi madre mientras nos miraba a nosotros, quienes estábamos sujetados de las manos, entonces ella prosiguió—, se ve que estos niños no se quieren separar. —Bueno —La Sra. Diane accedió, al tal vez notar que sería una buena oportunidad de convivencia para su hijo y para mí—, espero y no cause molestias, aunque no te preocupes por llevarlo, yo vendré por él mañana a primera hora. —Miro a mi madre regalándole una sonrisa totalmente falsa y después agradeció— Gracias por todo Glenda. —Por nada. Siempre he notado una hostilidad tan fuerte entre mi madre y la Sra. Diane, no obstante, no estoy enterada aún de la situación. Finalmente, mi madre encaminó a la Sra. Diane hacia la puerta principal, mientras que me llevaba a Daren a la cocina para robarnos algunas galletas en lo que la cena era servida, de pronto mi padre apareció ante ellos y miró a Daren con total desconcierto. —Hola, Daren ¿qué haces por aquí? —Preguntó mi padre con una sonrisa encantadora. —Hola señor —Saludo Daren apenado al principio, pero luego lo miro de frente y respondió regresando esa misma sonrisa—, vine de visita señor y también a quedarme. Mi padre un tanto sorprendido por la palabra "quedarse" decide reírse al no encontrar una contestación correcta para él, de pronto ve a mi madre quién se acerca a mi padre y decide darle un beso en la mejilla y este opta por abrazarla frente nosotros. —Yo lo invite a quedarse —Dijo ella mientras se separa de ese abrazo afectuoso—, los niños no se querían separar. —Ya veo —Musito mi padre quien al instante miró fijamente a Daren—, entonces eres nuestro invitado de honor Daren, no dudes en pedir lo que quieras. —Sí, señor. —contesta Daren sumamente alegre. —Y tú, Asteria —Me señalo, luego dirigió sus manos pesadas y toscas para acariciarme la cabeza—, no hagas sentir celoso a papá por este muchachito en el futuro. Jámas pondría celoso a papá, además, mi futuro esta elegido por no decir hecho, a causa de mis abuelos que resultan ser enemigos más que amigos, Zeru Rendor el creador del joyero y Froilán Glesh el codiciador de él. —No papi. —Conteste sonriente como siempre. De repente llega el mayordomo para avisar que la cena se encontraba servida, en el que todos nos dirigimos al comedor y tuvimos una convivencia sana y divertida para que Daren, quien del que ya conocíamos su situación en la que le era imposible compartir con su familia biológica; ahora por primera vez podía sentirse con mi familia como si fuera suya. Tuvimos una noche totalmente entretenida, después de eso mi padre se retiró a su despacho como de costumbre, mientras que mi madre se dirigió hacia la sala principal como lo hacía habitualmente, para ellos dos, esos lugares, eran sus sitios seguros. GLENDA GLESH Me encontraba sentada en la sala y de pronto se acerca mi sirvienta con un hombre apuesto; me sorprende tanto el volverle a ver, me acerco rápidamente a él, mientras que la sirvienta sale de la habitación. —Aarón ¿qué haces aquí tan de repente? —Traigo un mensaje de su padre. —Por favor siéntate, ¿cómo has estado? ¿está todo bien en Merst? —Pregunté con tanta insistencia y tantas preguntas por mi mente. —Me encuentro bien señora y en Merst todo está tranquilo por ahora. —sonríe levemente mientras se sienta a mi lado. —Vamos no me digas señora, háblame de "tú", que no se te olvide que nos criamos juntos. —Dije con sinceridad, la que causa que Aarón suspiré. —Tú ganas... Glen. —¿Y bien? ¿Qué necesitas decirme de mi padre? —Son tres cosas, más que nada, contestaré cualquier pregunta que tengas después de que me escuches ¿bien? —Asiento ante su comentario y este continúa—, la primera situación es que tu padre ya no puede hacerse cargo de lo que le corresponde en Merst y pide que Joseph tome su lugar allá. El problema es que Joseph está enterado de las circunstancias de tu padre y este mismo objeto que se cambiaran a Merst hasta que Asteria cumpla los trece años y sabes que eso no puede suceder, tu deber es acelerar el proceso. —Este suspira y continúa—, lo segundo es que tu padre ya ha elegido los candidatos a prometido para tu hija... Dos de ellos ya los conoces y el otro puede que no te agrade tanto. —¿Quiénes son? —Espera, aun no termino, tu padre me ordenó entregarte esto, es para Asteria. Saca un regalo de su maletín envuelto en un rojo intenso con un moño realmente encantador de color dorado. Me lleva a los recuerdos de mi niñez, sus obsequios siempre fueron así de hermosos. —Tu padre sí que adora a esa niña. —Comentó sonriéndome genuinamente mientras me entregaba el obsequio de la niña. —Eso creo —Mencione pensativa y después reaccione con una mirada fija hacia Aarón—, por cierto, no me digas que uno de los candidatos a prometido es. —Este interrumpe con un chiteo. —Sí, así es, espero que tu hija pueda tomarlo en cuenta cuando crezca. —Saca una risilla en lo que se levanta de la sala. —Tengo que irme, dale mis cordiales saludos a Joseph. No podía dejar que se fuera, no sin más respuestas, faltaba que me mencionara al otro candidato y en especial al que no sería de mi agrado, además estaba él, aquel del que necesitaba noticias. —Espera aun no... —Me detengo y sin dudar decido preguntar— ¿Él está bien? —Glenda, deberías olvidarte de eso... Cuando regreses no cometas estupideces de las que te puedas arrepentir. —Hace una pausa, entonces me da la espalda para su retirada, finalizando con una simple y recalcada despedida— Me retiro, señora Glenda de "Rendor". Por unos instantes me quedo en blanco y en un completo silencio, me levanto de los sillones con el obsequio de mi hija entre las manos, entonces con un poco de fuerza entre mis dedos decido rasgar esa caja de envoltura chillante y horrendamente hermosa, dejando a relucir su contenido; pues es una cadenita de oro con rubíes incrustados a medida del cuello para la querida y dulce Asteria. La heredera de casi todo. DAREN ASTARTÉ SOLÍS Fuimos a jugar hasta el punto de querernos desvelar, pero era más que claro que la Sra. Glenda no nos lo permitiría y evidentemente nos mandó a dormir de inmediato. Nos llevó a la habitación de Asteria, nos acomodó y cobijo; después nos trató de arrullar, así hasta el punto de retirarse. Asteria abrió sus ojos en el momento en que su madre se fue, debido a que ella no se podía dormir fácilmente con el arrullo de su madre, me observa para comprobar si estoy dormido y al confirmar lo contrario empezó a tararear una canción. —¿Qué tarareas Asteria? —Algo muy lindo. —Cántalo, no la tararees, quiero oírla. —¿Seguro? —Sí. —Respondí, tratando de animarla a hacerlo. —Bueno. —contesta Asteria y comenzó a cantarla. —Duerme tierno angel, Duerme tú mi luz, escóndete del cielo que apagara tú luz, sueña con la noche, y en un solo existir, apaguen la viveza, hay que relucir. —Es interesante la letra y tu voz es bonita. — ¿Eso crees? —Pregunta Asteria. —No lo creo, lo confirmo —Suelto—, cantas bien. —Gracias Daren, me la enseño mi papá. — ¿Te la cantaba para que pudieras dormir? —Sí, —Responde Asteria sonriente. —Mis papás nunca han hecho eso por mí —Conteste pensativo. Hubo un silencio total en ese instante, Asteria y Haku más que nada lo sabían, se habían dado cuenta de ello desde su uso de razón, mis padres no eran nada especiales y afectuosos, pero sí con gran dote de arrogancia y presunción; además las falacias dominaban esa mansión. —Entonces yo cantaré para ti... —Dijo Asteria mirándome—, está bien si ellos no cantan, porque así yo podré hacerlo cuando lo necesites. Atónito por su comentario, no sabía si sentirme feliz porque Asteria me cantara esa canción tan única y de familia solo para mí o triste por el sentimiento de que mis padres nunca harán algo así o parecido por mí, sin más Asteria volvió a cantar esa canción completa y totalmente dirigida para que la escuchara, siendo así, termine casi dormido esperando tener un sueño lleno de tranquilidad. —Sueña lindo Daren. —Susurro Asteria mirándome tan fijamente, está me observaba con tristeza y a su vez con un deseo que talvez anhele mis días de momentos de felicidad y no inundados por la tristeza, espero que eso sea de ahora en adelante; Así que le agradecí antes de caer en un sueño profundo. —Gracias por todo, Asteria.
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