HAKU ALARCÓN STONE
Los comentarios de mis padres eran realmente estresantes, la comida me sabía salada, mi bebida no tenía sabor y el postre parecía incomible, mis padres parecían contentos mientras yo solo quería irme a la habitación, pero entonces mi madre empezó con sus comentarios innecesarios.
—Te veías tan lindo, Haku, cuando estabas dormido con los niños de las demás familias —dijo con una gran sonrisa en su rostro—, pero sabes, te veías aún mejor cuando tenías en tus brazos a Asteria, por Dios, son unas ternuras, ¿no es así Santher? —Dirigió su mirada instintivamente a mi padre.
—Sigue así Haku y tal vez los Rendor te consideren para que seas su prometido en un futuro.
— ¿Por qué dicen esto? —pregunté un tanto molesto, odiaba el hecho de que me metieran ideas en la cabeza o ilusiones falsas, aunque... A decir verdad, la pregunta que hice era innecesaria porque ya tenía conocimiento de la respuesta, sabía lo que había de especial en ella, y una palabra lo explicaba todo. Poder. Sentí una sensación extraña, un sabor amargo, algo que no tenía sentido, sin embargo, quería escuchar lo que mis progenitores me contestarían, quería oír algo diferente.
—Sigo sin entender por qué debería tenerlo en cuenta.
—Ya hemos tenido esta conversación.
—Es verdad, por esa razón... Suéltalo ya. —Mentiría si no supiera lo que mi padre pretende, hasta cierto punto lo comprendo— Solo para aclarar, no estoy obligado a darle demasiadas atenciones, no quiero acosarla, ni mucho menos acorralarla a elegirme, ustedes solo quieren jugar conmigo como si fuera un peón, por otro lado no lo deseo, me niego a ser esa ficha en el tablero, es una vergüenza ser usado de esa manera y peor aún, ¿saben qué edad tengo?
—Haku, esa no es forma de responderle a tu padre. —Regaño mi madre al oír mi contestación desconcertante, ante una actitud no antes mostrada.
Observe detenidamente a mi padre después de este alboroto, quería respuestas ante mis preguntas, o una expresión en su rostro por más mínima que sea, pero sin dudas él se encontraba sereno, mirándome tan fijo; por otra parte, eso provocaba en mí escalofríos y a su vez pareciese que un aura pesada surgía, dándome temor.
Parecía que en cuestión de segundos bajaría la mirada que le sostenía, por el motivo de que me sentía intimidado por completo, aunque ha tenido un hijo tan testarudo que a pesar de querer bajar la mirada tenía que sostenerla, si no lo hacía, ¿cómo sería capaz de confrontar para proteger?
—Haku, no hacemos esto por interés, sabes perfectamente que nosotros no somos así.
En otras palabras, deseaban que considerara a Asteria en mi futuro y ella pensara en mi en el suyo. Los Rendor son como nosotros y los Alarcón siempre hemos quedado en buenos términos, por lo que no estamos obligados a crear un lazo de esa forma.
—Debes considerar que Asteria podría ser tu compañera de vida, por el contrario, si no es ella, te apoyaremos sin importar que...
Desde entonces siempre he creído que no importan mis decisiones ni opiniones al respecto, todo gira alrededor de la heredera de los Rendor. En aquel momento no me preocupaba lo que pasará con ella ni conmigo, no obstante, me enteré no hace mucho de la costumbre de casar a los herederos de esa familia con los mejores postores; los matrimonios arreglados son inalterables.
— ¿Te gustaría que esa niña fuera dada a alguien que no conoce? —Cuestionó mi madre con sutileza—, si no es así, sabes que hacer.
Ambos me miran esperando una respuesta de mi parte, por otro lado, me pregunto si puedo darla. No sé qué responder, quiero a Asteria, por el contrario, también sé que este afecto que nos tenemos no es para algo de esa condición, no aún. Me irrita el cómo se atreven a preguntarme algo que claramente se sabe; me estoy enojando por esa interrogante absurda, ¿qué si me gustaría que fuera dada a un extraño?, ¿Cómo podría quererlo? Sigo creciendo con ella, anhelo protegerla, sin embargo, por más que desee contestar a esa cuestión, no puedo. Es como si mi consciente se negara a darme el permiso de decir lo que quiero y hacer lo que siento. Como resultado, mi mente arroja esa palabra que invade todo lo demás, en otras palabras, me pide que jamás lo olvide. Poder; una fuerza que nos terminara destruyendo. Así que opto por continuar callando.
—Hijo, no te obligamos a nada -Continuo mi padre con una mirada cálida—, dejaremos que tú tomes tus propias decisiones.
—No estoy interesado. —Respondí con firmeza, en cambio sabía que no podía sostenerle una mirada tenaz junto a esas falacias que salieron de mi boca, de manera que opte por mantener un bajo perfil.
Hay un silencio que abarca esta conversación, me doy cuenta de que acabo de mostrar a mi padre un intervalo de duda en mí, por la expresión, no sé si debo seguir diciendo idioteces o confirmar lo que tengo que aceptar, a pesar de mi corazón, mi mente prefiere escupir disparates al aire.
—No ocurrirá ahora y tampoco en el futuro.
A menos que no quiera seguir mintiendo, tal vez lo que me molesta es el hecho de que ellos tengan razón a mis sentimientos; Sí, eso es. Odio que me lean tan fácil. No quiero que piensen que todo se dio porque ellos lo quisieron así, yo quiero mostrarme sin su favor, eso es... Si Asteria cree que me acerco a ella por ellos me detestaría, quiero ganarme su afección por cuenta propia. Es mejor hacerles creer que no existe ningún interés, por el momento. Expresé en mi rostro tenacidad y serenidad, sin sentimiento alguno de por medio, algo que sorprendió a mi padre.
—Prosigamos con la comida, no se detengan. Provecho.
ROUSSE STONE
Una vez terminada la cena, mi hijo se retiró a su habitación. Santher y yo nos dirigimos a la sala principal, era inevitable mirarnos entre sí, ambos tomamos asiento en el sofá púrpura y sacamos un suspiro realmente liberador.
—¿Lo has notado? —Pregunte mientras soltaba una risilla—, sus mentiras comenzaron desde que se mencionó el compromiso de la niña.
—Era evidente, me recuerda a mí cuando le mentía a mi padre —Expresó melancolía en su rostro—, solía agachar la cabeza y hacer pausas continuas, aunque me sorprendió demasiado su cara serena, si no hubiera hecho lo anterior para delatarse y hubiera mantenido ese rostro todo el tiempo mientras conversábamos, me hubiera creído sus palabras.
—Puede que tengas razón, pero siempre habrá algo que los delatara en los dos. —Recargué mi cabeza sobre su hombro y con pesadumbre expresé con tristeza lo que como esposa y madre preocupaba— Ese hábito de tronarse los dedos para mantener esa cara insensible y esas falacias terminaran por derrumbarme.
Santher me observó como si no lo supiera, siempre me ha mirado con detenimiento, sin embargo, nunca trata de resolver esa maña, aunque él mismo sabe qué hacer. Es molesto ver que nuestro hijo hace lo mismo que él para comprimir sus sentimientos, eso puede lastimarlo o herir a otra persona que se vea involucrada en su vida.
—Tranquila —Dijo, mientras presionaba un poco mi mano—, estoy seguro de que encontrara a alguien que vea a través de él como tú lograste ver a través de mí, confía.
HAKU ALARCÓN STONE
Mis padres juran que no hay interés de por medio, pero no les creo en absoluto. Solo tengo doce años y no tengo porque llenarme la cabeza de mierda de adultos; sé que técnicamente fui obligado a madurar rápido y a darme cuenta de situaciones que no me incumben, por lo contrario, de alguna forma me encuentro involucrado. Para mí era inevitable enterarme de que esa niña tendrá un prometido a futuro; la duda es saber de quién se trata, por algún motivo me generaba ansias. La insistencia de mis padres me asegura que no era el elegido, y un sabor amargo empezó a merodear por toda mi boca. Si lo pienso bien, es mejor ser la opción más fiable a que prefieran a un desconocido lamentable.
—Oh, vamos. ¿Qué sucede conmigo?, ¿debería dejarlo pasar? soy el más grande de los tontos, ella elegirá con quien quiera estar y no lo evitaré.
Intento dormir, por lo contrario, no puedo conciliar el sueño. Esa palabra prevalece en mi cabeza, todo porque Aste no abandona este espacio en mi vida y no lo hará. Tal vez pueda ser un peón en el tablero, pero no en el tablero de mi familia... Quiero decir, Aste no está preparada para asumir el poder que maneja su familia, y mientras no lo controle del todo, seré su más valiosa ficha.
—Aprenderás a usar... Tú joya azul.