La vida no era fácil. Nunca lo había sido. Siempre con altos y con bajos pero yo… meh, me daba igual que la vida tuviera altos y bajos, no tenía razones para estresarme. Siempre he sido un tipo tranquilo. Es más, cuando vivía con mi mamá en el barrio en donde me crie en Venezuela, a veces veía a los delincuentes - en Venezuela les decimos malandros… no sé por qué pero así les decimos - con armas. Pistolas, escopetas, era todo un show. La propia locura y yo tipo: ¡Ay que genial una pistola! ¡Van a jugar a los policías y ladrones! Y sí. Ciertamente eran policías y ladrones pero no era juego.
Hijo e’ madre, la plomazón era una vaina, pero una vaiiinaa, demasiado trifásica. Eso parecía que estaba viendo una película de Rambo y yo en la ventana tipo emocionado ahí vacilándome la tiramentazón que se estaban echando esos diablos. Y yo y que; ¡Mira mamá Carlos Duty! - o sea, Call of Duty, ¿Si saben? ¿El juego ese de tiros? ¡Bueno! - y mi mamá tipo: “¡Ahjayyyy carajito el guaro, vente para acá!”
Si ya sé, soy medio loco… no, medio loco no, lo siguiente, estoy frito pa’ la miércoles. Es que… o sea por Dioss, ¿Quien en su sano juicio se emociona pensando que todavía están jugando cuando claramente se están matando? Yo mero con ocho años y burda de’ inocente chamo.
Es que… miren, para que ustedes vean lo loco que estoy… - me rio ahora, y ese momento también me reía - un día andaba en mi bici y cargaba a uno de mis hermanitos en el tubo, y mi mamá nos estaba viendo - tenía nueve años cuando eso. Todavía me da risa - y de repente se me ocurrió la maravillosa idea de gritar “!Mira mamá sin manos!” y mi mamá tipo “!Aaaaaahhhh!” gritando con cara de loca y corriendo despepitada hacia nosotros mientras mi hermanito también gritaba como una foca convulsionando.
Lo cierto es que nos desmadramos por la bajada, porque vivíamos en una calle que era como una cuesta, y nos fuimos de jeta por esa bajada pa´ bajo. A mi hermano le agarraron cinco puntos en la cabeza y yo me rompí un brazo, pero lo más loco del asunto era que a mi hacía mucha gracia y mi mamá estaba que me mataba a palos. Pero no podía porque ya tenía un brazo roto y bueno, ya saben.
Lo cierto es que siempre he tenido una percepción de la vida muy tranquila. Soy de los que piensa que no debe estresarse. Eso produce arrugas. Yo soy un tipo tranquilo vale, soy un tipo súper light tu sabes, así todo relajado… no me gusta pelear con nadie… bueno si me gusta pelear con la gente, pero para molestarlos solamente. Pero cuando me hace agarrar una rabia - que es muy difícil - más vale que no. Me vuelvo loco.
Por eso es que, no sé, nunca me había pasado eso de querer quejarme de la vida que me había tocado y ustedes dirán “¡Ay por favor Santiago! ¿De qué te vas a estar quejando si lo tienes todo?” Pero no se crean. Me verán muy bello muy loco muy alegre y fastidioso y todo lo que ustedes quieran pero a mí también me ha tocado rudo.
Pero meh… como decía antes… como a mí me resbala si tengo altos o si tengo bajos, para mí la vida es un regalo y el simple hecho de despertarme todas las mañanas me parece que es un motivo suficiente para estar agradecido y no quejarme.
Entonces por eso siempre tenía rollos con mis asistentes, porque todas eran burda de enrolladas y yo no, yo soy un tipo muy tranquilo. A mi déjenme ser feliz tranquilo. ¡Sie! ¿Para que me quieren ver estresado? No entiendo ¡Que ladilla pana!
Las asistentes no me duraban ni un mes. Sobre todo después que mi papá se murió. El viejo ese nojombre. Ya hasta me daban ganas de llorar nada más pensar en él.
Lo positivo es que sus compañías me quedan a mí como herencia. Por lo menos tantos años llevando palo me darán frutos así que al final… ¿Ven que tengo razón? ¿Para qué me voy a quejar de todo lo que me ha pasado? Si al final igual y habrá algo positivo. Siempre habrá algo positivo en todo. Mi mamá me lo enseñó. Ella era religiosa y decía que los que aman a Dios todo les obra para bien. Y yo siempre supe que tenía razón. Crecí bajo esa creencia. Todos los días le pedía a Diosito que me ayudara y siempre me ayudaba. Ese guaro es lo máximo. No puedo agregar más nada.
Pero no se confundan. Soy un tipo tranquilo, pero tengo mi carácter y me gustan las cosas bien hechas. Por eso ellas no duraban conmigo ¿O era porque no soportaban mi sentido del humor raro? Ya no sé por qué.
De repente entra Diego.
Diego Ortiz es uno de mis accionistas, es panita mío desde que estábamos chamos porque su papá era socio del mío. Es Mexicano wey y él es el aguafiestas del grupo. El que siempre venía a enchavarme la vaina. Yo siempre terminaba molestándolo. Cada que podía le salía con una de las mías para sacarle la piedra, y él… bueno, como todo picado no aguantaba juego. Y yo siempre para molestarlo más, le decía cosas tipo “Aaaayyyy mamita, ¡Llora pues!” Y si lo vieran, verrrga, ese bicho se ponía… que parecía un tomate andante. O más bien un ají picante de esos rojitos que no provoca ni comerlos porque te queman toda la boca.
En fin. Veo que Diego viene hacia mí con una cara de “te voy a matar” y lo miró hecho pánico.
- ¡Nonononó yo no fui! No me mates por favor ¡Piedad! ¡Piedad! - grito como un lunático y comienza convulsionar de mentiras haciéndole caras raras parecidas a las de los minions y me mira casi como que “Este bicho está loco” y yo “Sip estoy loco”
- No mames wey… ¿Qué te pasa enfermo? - Cuestionó molesto mirándome como a bicho raro. Eso se le había pegado de mí.
- No se men… vienes con esa cara de loco que no te la brinca pero ni un venado y parece que me quieres matar, pero ya… sha está, yo no hice nada, te lo juro que no es mi culpa - le digo casi privado de tantas ganas que tengo de reírme de su cara y él está más molesto.
- Santi no manches… ¿Cómo que no es tu culpa? Stephany ya es la quinta asistente que despedimos este mes. Wey por favor comportate…
- Ah no… entonces si es mi culpa perdón - le digo riéndome al fin y él se queja desde la garganta totalmente estresado, tan fuerte que todos en las oficinas se quedan mirando hacia mi oficina – pero bueno Diego, entiéndeme… ellas no hacen bien su trabajo…
- ¡No! ¡No manches con eso Santiago porque tú y yo sabemos que no! ¡Tú eres loco brother! Y se van porque no aguantan tu sentido del humor enfermo. Ya hasta a mí me tienes harto y ya estoy considerando seriamente no seguir trabajando contigo, me están saliendo canas y solo tengo veintitrés. Vas a hacer que me muera de un infarto. O te comportas o yo no sé cómo vas a hacer pero yo…
- Pero bueno… ya, ya… ¿Qué es lo que te pasa bebé? ¿Te estas dejando llevar por lo sentimientos ocultos de un c***o tomando café frio en una taza de anime? - Le replicó con una sonrisa burlesca en mi cara y él deja de hablar y se queda con las palabras cortadas.
- A… u… a… q… ¿Qué? - Pregunta con ojos saltones y confundido, con un grito desafinado. Ya parece gallo turuleco - ¡Payaso! - Me dice con la voz ronca tratando de no reírse, aunque en este punto sé que él tiene claro que ya no pude seguir discutiendo conmigo, así que prácticamente se resignó. Siempre llega un punto así en el que colmo su paciencia pero entiende que no va a ganar nada discutiendo conmigo porque no me lo tomo en serio - tú en serio no tienes remedio Santi - me dice negando con la cabeza y tratando de aguantarse las ganas de reír y yo me rio a carcajadas.
Me levanto y caminó hacia él y le pongo las manos en los hombros mientras respira profundo.
- ¿Sabes que más no tengo? - Le pregunto con una sonrisa burlesca y él me mira confundido - ¡Asistente! ¡Aaaahhhh! - Le grito y lo pincho con mis dedos en los hombros y él me rueda los ojos mientras yo me carcajeo.
- Púdrete Santiago, púdrete - me dice ya comenzando a reírse inevitablemente de mis locuras - pero no… ya en serio Santi… no podemos seguir así…
- Calmate wero… - me mira con reproche - tranquilo Diego por favor… no tenemos que estresarnos. Hay mucha gente interesada en trabajar conmigo... consíguete a alguien que sea latino y listo, tenemos la solución… solo un latino se cala mi humor. Si es venezolano mejor. Aprovecha que hoy en día hay muchos venezolanos emigrando a este país.
- ¡Wey! O sea, por amor a Dios ¿Dónde nos vamos a conseguir una latina, más una venezolana, que maneje bien el inglés, que sepa de diseños y publicidad y todas esas cosas y que te aguante a ti?
- No sé chico… ¿Quién dijo que tenía que ser mujer?
- Santiago ¡Ningun hombre va a querer ser tu asistente! – hace énfasis en sus palabras y me rio.
- Bueno Diego no sé vale. Tu tranquilo, relajate chico… tienes que hacer como el mango…
- ¿Qué? - Cuestiona con una sonrisa a medio formar en su rostro. Sabe que ya le voy a salir con una de las mías y por lo menos parece que le hará gracia. Ese bicho es muy amargado.
- Claro como el mango ¡Dah! ¿No has escuchado la canción del mango? - Me mira dudoso y confuso, casi asustado de responder - ¡Como el mango! - Repito y le gesticulo obviedad con mis ojos y toda mi cara - relajao relajao relajao - me vuelvo a carcajear y él me mira con los labios rectos. Luego se tapa la cara con una mano mientras se cruza de brazos.
- ¿Qué voy a hacer contigo Santiago?
- ¡Soportame! - Le digo con la voz entre grave y aguda como si le estuviera susurrando y él se ríe. Siempre lo hace cuando le hablo de esa forma y le muestro los dientes como vampiro.
En eso entra Robert e interrumpe nuestra conversación.
Robert Pireli es uno de los abogados de mi padre. Él fue quien hizo todos los trámites para que mi papá me trajera consigo a Estados Unidos y me dieran la nacionalidad hace doce años. Y sí, tengo doce años viviendo aquí, pero todavía no pierdo mis costumbres ni me olvido de mis raíces. Es por eso que conservo ese humor tan raro lleno de palabras y expresiones que según Diego son igual de raras.
Pero es cuestión de perspectiva pienso yo.
Mírenlo de esta manera. Si yo fuera a Alemania, muchas cosas de Alemania incluido su dialecto me parecería raro, lo mismo con Rusia, o con Brasil, o Chile, Argentina, lo que tú quieras. A donde quiera que vayas tus expresiones siempre van a ser raras para ellos y las suyas siempre van a ser raras para ti. Porque se trata de percepción y costumbres.
Al menos Diego ya se ha acostumbrado un poco a mis locuras.
- Buenos días señor Córdova - me saluda el elegante hombre de traje y corbata cuya visita no me genera ninguna emoción. Sé que no puede estar aquí para nada bueno. Mucho menos tan temprano.
- Buenos días Robert - respondo mirándolo con recelo desde mi posición y Diego se hace a un lado para poder vernos a ambos - ¿Qué te trae tan temprano a mi oficina? – Pese a que hace un momento estaba hablando de forma coloquial con Diego, cuando estaba con el resto de mis empleados, o con los accionistas y viejos socios de papá, o con los abogados o cualquier persona que no me conociera y no me tuviera confianza, mi forma de hablar era completamente diferente. Solía ser mucho más formal para hablar en estos casos. Sobre todo tratándose de abogados. No saben cuánto me chocan los abogados. Son una ladilla.
- Vine a traerle los documentos pertenecientes al testamento de su padre – me respondió el hombre extendiendo una carpeta marrón hacia mí. La tomo un poco confundido y él sigue - lea rigurosamente todo lo que está escrito allí por favor y si no entiende algo, dígame y le explicaré en seguida.
Abro la carpeta y comienzo a leer todo tan rápido como puedo. Al cabo de diez minutos mis ojos ya están abiertos de par en par y tengo una rabia que me recorre todo el cuerpo. Ese piche viejo hijo de su madre… ya decía yo que morirse no iba a ser suficiente para que me dejara en paz.
- ¿Esto es en serio? – Pregunto con el enojo haciéndose notar en mi voz – ¿Dime que me están jugando una mala broma? Porque si es así, quiero reírme. Estoy de buen humor. Pero sino, va a arder Troya Robert.
- Todo lo que leyó en el testamento de su padre es correcto señor Córdoba. No se trata de ningún tipo de broma pese a lo que usted y su retorcida mente puedan pensar. No todo tiene que ser un juego – replica él – su padre fue muy específico con nosotros a la hora de redactar, validar y legalizar ese testamento, al decir que era necesario, absoluta y rotundamente necesario que usted asumiera un compromiso, tal y como él lo había hecho al aceptar su responsabilidad para con usted hace doce años. Tiene dos opciones… o se casa, o adopta un hijo. Usted decide. Pero antes que terminen estos seis meses siguientes debe asumir el compromiso o las tres compañías serán embargadas por el estado y vendidas al mejor comprador. Y otra cosa… necesitamos que sea estable y se comporte con sus asistentes. Ya no puede seguir dejando que renuncien. Muchas han presentado quejas e intentos de denuncias hacia usted, así que, si quiere mantener todo lo que tiene para no volver al despreciable agujero del que su padre lo sacó, entonces compórtese.
Después de se marchó miré hacia la puerta con los ojos inyectados en sangre. No suelo molestarme fácilmente pero ese tipo me hacía enfadar como nada. Era como que tocaba una fibra que sacaba lo peor de mí, el cabeza de mala palabra ese.
Gruñí molesto y Diego me miró con una sonrisa de sorpresa al notar mi rabieta.
- ¿Así que alguien al fin hizo enojar al quisquilloso Santiago Córdoba? - Afirmó a modo de pregunta y de manera burlesca y lo miré fijamente.
- Diego… - lo llamé y me miró dubitativo - ¿Sabes que no veo aquí? - Le pregunto comenzando a buscar por todos lados con una expresión de calma y él me mira confuso y niega - no veo a mi asistente - replico mirándolo con sarcasmo y me reviso los bolsillos - ¡No! en mis bolsillos tampoco está ¡FJum! ¿Dónde estará? - Él tuerce los labios y remueve la lengua dentro de su boca cabreado pero al mismo tiempo divertido por mi actitud sarcástica. Sabe bien que es mi mecanismo de defensa y que no puede ponerse conmigo porque le irá peor.
- Ya, está bien Santi… púdrete. Ya voy a buscar a tu pinche asistente, ¡Pero ya no la sigas embarrando eh!
***
Después de un día tan largo y fastidioso en el trabajo, regreso a casa donde por fin puedo refugiarme de todo lo que me está persiguiendo queriendo agobiarme. Me paro junto al balcón y comienzo a admirar la ciudad. Eso me relaja más de lo que puedo explicar, y de pronto escucho esa voz tan graciosa gritando debajo de mí y reconozco de donde vienen esas expresiones, así que sonrío emocionado y me inclino hacia delante para tratar de ver a la dueña de esa voz. Pero como siempre yo de gafo… me caí del balcón y terminé en el suyo, gritando como psicópata mientras ella gritaba de la misma manera y de alguna manera no estoy muerto.
Ahora ambos estamos en el suelo de su terraza y nos estamos mirando mutuamente y de manera fija a los ojos. Sus ojos son color café. Tiene la piel nívea, es muy hermosa. Es chaparrita, y su figura es hermosa. No muy delgada, ni muy rellenita. Un balance perfecto de curvas que todavía no puedo apreciar bien. Tampoco quiero hacerlo. Por el momento solo quiero seguir apreciando esos hermosos ojos color café que me miran de manera tan penetrante. Su cabello es n***o brilloso y es sumamente largo por lo que puedo ver. Ella es perfecta.