Con el agua hasta el cuello.

2463 Palabras
Me perdí en esos ojos tan azules y brillantes en tan solo unos instantes. No tuve oportunidad de mirar el resto de su persona. Solo estaba concentrada mirando esos ojazos que tiene. ¡Bellos Dios se los cuide! Entonces reaccionó después de un minuto mirándonos. - ¡Ay Dios ay Dios ay Dios! Are you Ok…? Mister…? - Él me mira con una particular sorpresa llena de fascinación y pongo ojos saltones confundida cuando lo veo mirarme de esa manera. Entonces se ríe y yo tipo “¡Bicho! ¿Y ahora este por qué se ríe? - Santiago Córdoba - dijo levantándose y extendiéndome su mano mientras dejaba la otra detrás de su espalda - mi nombre es Santiago Córdoba señorita… - me sonríe burlón y lo miro confundida y asustada - hablo perfectamente el español… soy de Venezuela, como usted. - ¿Cómo sabe que soy de Venezuela? ¡Acosador! - Le cuestiono con horror y él se ríe casi a carcajadas. - Señorita… - me pone cara de reproche - primero, no soy ningún acosador - dice manteniendo esa sonrisa que me sigue dando miedo - estaba en mi balcón y me caí… - ¿Cómo es que alguien se cae de su balcón? - Cuestiono eufórica. No puede ser alguien tan estúpido. - No bueno… no es que me haya caído. Es que a mí me gusta lanzarme a los balcones de los demás - me dice y ahora si pienso que está loco - no señorita… pese a que pueda parecer eso, no la estoy acosando, y sí, si soy bastante tonto… estaba reposando sobre mi barandal, viendo la ciudad y la oí a usted diciéndose chigüire con un acento muy peculiar. No le he escuchado esa palabra a nadie más y mucho menos con ese acento… quise ver de quien era esa voz y bueno… henos aquí. - ¿Entonces si me estaba acosando? - Vuelvo a preguntarle histérica. - ¡Que no! - me grita y me cuadro para darle una mano. Que se venga y lo madreo. Este bicho loco no me va a violar. Él levanta ambas manos y respira - señorita… no soy ningún acosador, no quiero hacerle daño, simplemente soy un hombre que se emocionó al escuchar de nuevo las expresiones de mi país y como todo gafo me caí. - Hágame el favor y se larga de mi departamento - le pido con mala cara y le señalo la salida. Él tuerce los labios y asiente rendido. - Está bien, está bien. No se enoje, ya me voy. Perdone por haberla asustado. Si necesita cualquier cosa pregunte por mí en recepción. Soy el dueño del edificio. Usted pida lo que sea, yo se lo concedo como compensación por lo que pasó. ¿Es el dueño? No puedo ver mi cara en este momento pero les aseguro que sé muy bien que cara tengo. Tengo la cara de “OMG” no puedo creerlo. Al fin tengo oportunidad de detallarlo un poco mejor mientras va caminando hacia la salida. Lleva puesta una camisa manga color vino. Es muy elegante, no creo que esté mintiendo con eso de ser el dueño. Es alto en comparación conmigo y tiene el cabello color castaño oscuro, casi n***o. Su espalda es ancha… tengo que admitirlo, el tipo es lindo… pero… ¡Ese no es el punto Antonella, no seas chigüire! ¡Reacciona! Después que sale cierro la puerta de inmediato aunque él se gira para decirme algo. No quiero oírlo. Es un extraño. No estoy acostumbrada a tratar con extraños. En el trabajo es diferente. Estoy obligada a hacerlo, pero me da pánico socializar con los demás. Es algo muy loco si lo pensamos bien porque… o sea, soy excelente mesera. Conseguí trabajo en una cafetería muy aclamada de esta ciudad y los clientes siempre quedaban fascinados con mi atención, pero cuando se trataba de lo socializar era otra historia. Hablar con las personas para cualquier otra cosa que no fuera por trabajo me llenaba de ansiedad. No me gusta. Era horrible solo pensar que a veces mis compañeras de la cafetería me querían invitar a salir por las noches. Cuando estaba en Venezuela era diferente. Allá tenía unas cuantas amistades de muchos años y confianza. Solo dos de hecho. Mi dulce Blanca, mi hermoso chocolate Galak ¿Si entienden? Porque el chocolate Galak es blanco y es muy dulce, y mi Adrianita hermosa. Ellas eran mi circulito feliz. Siempre sabían cómo hacerme sentir mejor, siempre sabían cómo apoyarme en los momentos difíciles y sobre todo, siempre estaban ahí en esos momentos en los que las necesitaba. Como desearía que estuvieran aquí en este momento. Estoy segura que ellas sabrían como ayudarme, cómo consolarme. Ya no puedo con tanto estrés y agotamiento físico y mental. Solo deseo poder tirarme sobre la cama y descansar un poco olvidándome de todo lo que me está afligiendo. Solo quisiera eso. Me fui a la cama después de darme una ducha que me relajó todo el cuerpo. El agua fría ayudo a bajarme un poco todo el calor que mi cuerpo tenía por el estrés y me sentí mucho más fresca. Fresquecita como lechuguita. Me tumbé con derrota sobre mi cama y me quedé un par de horas aproximadamente, pensando de donde iba a sacar el dinero para reponer lo que había gastado. Todo se me fue como sal y agua. No supe administrarme, me volví loca y gasté en cosas que veía y que me gustaban convenciéndome a mí misma con que para eso trabajaba, que me lo merecía. Pero en sí lo que me dejó sin nada fue que tuve enviarles dinero a Alberto y a Paty y yo no estaba ganando mucho. Pero la matrícula de Paty es cara. Fueron cincuenta dólares solo la inscripción. Y por supuesto que no iba a cortarle su sueño. Pensé que podría recuperarme así que usé parte del dinero que tenía guardado de lo del carro y con eso pagamos la matricula. No quise decirle nada a Alberto. Entonces llegó el otro mes, y fueron otros cincuenta dólares, más todos los gastos de comida de allá, más mis gastos aquí. El alquiler. Y el trabajo en el café no me daba lo necesario. Alberto y Paty necesitaban dinero. Él se enfermó. Luego yo me enfermé y medicamento tras medicamento, poco a poco el dinero fue disminuyendo y disminuyendo hasta que ya no me quedó ni un centavo. No pude dormir en toda la noche pensando que iba a hacer. Dentro de unos días tendría que regresarme a Venezuela y lo que daba más terror era saber que llegaría con las manos vacías cuando Alberto y Paty me estaban esperando con una entrada triunfal. ¿Cómo le digo a Paty que no va a poder seguir estudiando porque no estoy trabajando ya? Díganme por favor. Por el amor a Dios, esta iba a ser la decepción más grande que haya causado en mi vida. Siento que toda mi vida he sido una decepción para muchos y los únicos que me mantienen fuerte para seguir luchando son Paty y Alberto. Son los únicos que no se sienten decepcionados de mí, y qué pánico me da pensar que eso es lo que voy a provocar al llegar a Venezuela. Se van a decepcionar de mí porque desperdicie todos nuestros esfuerzos por traerme hasta este lugar. En este punto siento que la ansiedad me está consumiendo y envolviendo en una depresión que solo me roba el aliento. Las lágrimas salen de mi rostro solo de imaginarme tener que darle la cara a Alberto y a mi hermana. ¿Con qué cara los voy a poder mirar por Dios? ¡Pánico me da! Siento que me estoy hundiendo y poco a poco me estoy ahogando. *** El teléfono sonando me despertó como a las diez de la mañana. Como no pude dormir en toda la noche, pasé de largo y terminé despertando muy tarde. Aunque… ¿Qué más da? Al fin y al cabo no estoy trabajando tampoco. No tengo obligaciones de pararme temprano. Reviso el celular y veo una llamada perdida de w******p de mi hermana. La llamo inmediatamente porque me asusta ver esa llamada de repente. No es normal que Patricia me llame así de la nada. Mucho menos a esa hora. Ella sabe que a esa hora yo trabajo. Aunque bueno… no estoy trabajando en realidad. Ya todos lo sabemos menos ella y Alberto. Qué triste historia. ¡Quiero llorar! Me rio por un momento de mi desgracia y aprovecho de marcarle a Paty para saber qué pasó. Definitivamente algo sucedió. Alberto me contesta y eso me da más susto que antes. Paty nunca le suelta su teléfono a nadie. Mucho menos a Alberto. No es que él no le agrade, simplemente no se tienen esa confianza pese a que llevamos tiempo viviendo con él. Pero Alberto quiere mucho a Paty. Todo esto que estábamos haciendo fue gracias a él. Él fue el de la idea. - ¿Alberto? ¿Qué pasó? - Le pregunto preocupada y lo escucho suspirar del otro lado. Ahora si me estoy asustando en serio. - Anto… - ¡Esa voz! Esa voz tan dulcificada no puede significar nada bueno. Solo la usa cuando algo anda mal. Lo conozco. - ¿Qué pasó Alberto? ¿Dónde está mi hermana? - Le pregunto casi molesta pero al mismo tiempo llena de pánico. No me gusta que anden con rodeos para contarme las cosas. - Anto… a Paty la atropellaron - mi ojos se abren de par en par. Mi boca está abierta y me comienza a temblar. Me la cubro con la mano. Estoy en shock y las lágrimas están corriendo por mis mejillas. Solo lloro en silencio. Paty es mi razón de vivir. Si mi hermanita se muere, yo me muero. Toda mi vida he luchado y trabajado por ella y solo por ella. Siento como mi corazón se retuerce. Siento que las entrañas se me revuelven. Los deseos de vomitar me invaden junto con la ansiedad que por un momento había olvidado que sentía. El dolor en mi pecho me está robando el aliento. - ¡Mi Paty…! ¿Cómo está mi Paty…? Alberto por favor… dime que esto es una broma. Dime que estás jugando conmigo… si es una broma es horrible, pero prometo no molestarme contigo. Solo dime que es juego… - Anto no es broma - me dice con la voz quebrada. Sé que está llorando de impotencia y yo comienzo a negar mientras el pánico me inunda y las lágrimas cubren mi rostro - la llevamos a una clínica, el hospital central no tiene como atenderla. Se encuentra en UCI. Su estado es crítico. - ¡No no no no noooo! - mi voz se distorsiona por el llanto y lo escucho tratando de tranquilizarme pero no funciona. Mi dulce Paty está en una clínica, atropellada, en estado crítico. No puedo tranquilizarme. - Anto por favor. Necesito que te tranquilices y me escuches - le escucho decir y exploto. - ¿Cómo puchas se te ocurre decirme eso? ¿Cómo carajos pretendes que me tranquilice con mi hermana en el hospital atropellada y yo por aquí tan lejos de ella? - ¡Calmate Antonella! - Me grita molesto - ya sé que no es fácil para ti esta situación, pero no podemos perder la calma. No ayudamos a Paty perdiendo la calma… - respira y sigue - el hijo de la gran… el bastardo ese que atropelló a Paty se dio a la fuga. Tuve que pagar una suma de dinero que no tenía para poder ingresarla en la clínica. Gracias a Dios Adri y Blanca me ayudaron a conseguir lo que faltaba, pero los gastos de la clínica son muy caros y no tengo más dinero. Sé que esto es mucho pedir pero necesito que me ayudes con algo, al menos mientras vendo la casa… - ¿Qué? ¿Vas a vender la casa? - Le pregunto sorprendida mientras me seco las lágrimas y me recompongo porque todo lo que dijo me preocupó más todavía. - Hace una semana estuve hablando con un hombre que está interesado en comprar la casa. Le había dicho que no, pero no puedo quedarme así sabiendo que Paty se encuentra en ese estado. Hay que pagar como sea todas las cuentas de la clínica y no importa. Si vendemos la casa podemos comprar una más pequeña. Total… solo somos nosotros tres. No necesitamos una casa tan grande. - Entonces... ¿Venderás la casa? - No tenemos otra opción Anto... pero necesito que me mandes algo de dinero para poder costear algunas cosas mientras hago todos los tramites que necesitamos para la venta de la casa. Ya lo hablé con Blanca y Adri. Me quedaré en casa de Marco mientras consigo una casa barata y pequeña para comprarla. Lo que necesito es un poco de dinero para subsistir mientras tanto. Blanca y Adri dijeron que me ayudarían con la comida y a estar pendiente de Paty. Marco también se ofreció a ayudarme con la comida, pero no puedo aferrarme a eso. Sabes que no me gusta depender de nadie y si fuera por mi no te estuviera pidiendo dinero, pero es tu hermana y no puedo simplemente dejar las cosas así. No me importa morir a mi orgullo por ella. Se que es lo más preciado para ti y eso para mi es importante. - Gracias Alberto... - le digo con los ojos llenos de lágrimas y la voz distorsionada - ¿Cuánto dinero necesitas? - Necesito al menos cuatrocientos dolares - me dice y abro bien los ojos. Eso es demasiado dinero - los tramites de la casa tardarán unos cuatro días hábiles para que estén listos y hoy es jueves... así que saldrán el martes que viene. Mientras tanto tengo que pagar las cuentas de la clínica todos esos días. Así como los medicamentos que pidan que no tengan ellos... ya sabes cómo es esta porquería aquí. Ni siquiera las clínicas tienen los insumos médicos que se necesitan muchas veces. Suspiro y aprieto las manos. Cuatrocientos dolares es todo lo que me queda del dinero con el que me vine a Estados Unidos. Con eso tenía que pagar el boleto de regreso y tratar de invertir en algo rentable en Venezuela. Cosa a la que no le tenía mucha fé. ¡Listo… ahora sí! Si antes sentía que me estaba hundiendo, ahora estoy segura que tengo el agua hasta el cuello.
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