LA DESPEDIDA
— Mamá si no me dejas ir ahora no podré subir al avión. — Dije con una sonrisa para intentar aliviar un poco el dolor que sentía por marcharme de mi hogar.
— Cariño, es una ciudad tan grande y...
— Estaré bien, papá y tu me han enseñado a cuidarme, prometo que te llamaré en cuanto llegue. — Les di un último abrazo a mis padres y camine hacia la línea de embarque sin mirar atrás, sabía que si lo hacía no podría retener ni un poco más las lágrimas que pugnaban por salir.
Siempre supe que llegaría este día, el día que tendría que salir de mi hogar, alejarme de mi familia para perseguir mi sueño y ellos también lo supieron, desde el día que escribí mi primer cuento para el concurso de literatura escolar de primer grado, recuerdo a los maestros haciendo la pregunta cada que iniciamos un nuevo ciclo, la pregunta que muchos no logran responder a lo largo de su vida.
¿Que quieres ser de grande?
Y a lo largo de los años escuché muchas respuestas diferentes, Médico, Maestra, Abogado, Enfermera, Astronauta, tal vez debería haber respondido algo así, algo que me asegurará un buen sueldo pero no, yo sabía lo que quería ser, lo supe desde la primera vez que sostuve un lapiz.
"Quiero ser escritora"
Respondí una y otra vez y parecía un sueño, una carrera bastante interesante, la carrera de escritor no existe en si, así que opte por una licenciatura en lengua y literatura.
Fui el tipo de alumna que pasó la mayor parte de sus estudios metida en una biblioteca, de no ser por mis amiga Hanna que me obligaba a ir al cine, pijamadas, fiestas incluso tuvo que obligarme a ir a mi propia graduación, ella era mi contacto con la sociedad, con el mundo en general.
Todo pintaba excelente.
Pasión por la escritura: Listo
Graduarme de la universidad: Con honores.
Conseguir empleo en una editorial: Pendiente
publicar mi primer libro antes de los 25: Pendiente
Convertirme en una escritora famosa: Pendiente
Ser escritora resultaba bastante fácil y entretenido en mis años de estudiante, pero después viene la realidad, después de la graduación, el siguiente paso era conseguir un empleo, después de un año buscando algún puesto en una editorial, me hice a la idea de que tendría que aceptar cualquier trabajo con un salario digno, resulta que cuando trabajas no tienes tanto tiempo de escribir y eso es realmente un problema cuando intentar ser escritora.
Pase los últimos cinco años como secretaria en una empresa farmacéutica, con un jefe gruñón, regordete y con nada de empatía hacia sus empleados, así que cuando ahorre lo suficiente, lo primero que hice fue buscar un apartamento accesible, revise las ofertas laborales en la editoriales de Nueva York y compre un boleto de avión sin retorno.
Tal como prometí, lo primer que hice después de recoger mis maletas fue llamar a mamá, en realidad le escribi un mensaje, sabía que llamarla significaba estar con el teléfono pegado a la oreja mínimo una hora y antes que eso necesito instalarme, igual que a mamá, le envié un mensaje a Hanna mi amiga para avisar que había llegado.
Me colgué una maleta al hombro y arrastre las otras dos por todo el aeropuerto hasta que logre salir, subí a un taxi y le entregué la dirección del apartamento que había rentado por internet.
El auto se sumergió en un océano de taxis amarillos, el inconfundible sello de Nueva York, dónde el sonido de las olas era nada más y nada amenos que cientos de claxons sonando al mismo tiempo y tipos mal humorados maldiciendo por lo alto y haciendo todo tipo de señas.
Llevaba ya treinta minutos sentada en aquel taxi y parece que solo había avanzado un par de calles, el la radio sonaba welcome to they jingle(Guns N Roses)
Justo así se sentía estar en las calle de nueva York, una jungla de asfalto, rodeada por enormes edificios cada uno más grande que el otro.
Baje la ventanilla para admirar a mi alrededor, mientras el conductor intentaba abrirse paso entre los autos para lograr avanzar y hablaba sobre el tráfico y lo difícil que resultaba llegar a cada lugar.
Al igual que en las películas de Hollywood, ví una estampida de gente cruzar las calles por las líneas peatonales, cada uno absorto en su propio mundo, sin mirar más haya de sus pasos, con el único objetivo de llegar a su destino.
Una hora y media más tarde estaba pagando al taxista una cuota tan alta que hubiera alcanzado para un mes de renta, parada frente a la puerta marrón del edificio donde me hospedaria.
— Buenas tardes. — Saludé al portero del lugar, un hombre ya entrado en años, con el cabello cubierto de canas y arrugas en su rostro con una sonrisa amable. — Alquile una habitación por internet. — Le mostré mi teléfono con la información. — Soy Alessandra Rodríguez.
Después de un leve papeleo me entrego una llave y me indico el camino hasta nuevo hogar.
La puerta se abrió dejando ver lo poco realista de las fotos que ví en internet, era un monoambiente, sin paredes que lo dividieran, una cama, cocina y una pequeña sala, de un color gris sombrío.
Con entusiasmo coloque las maletas sobre la cama y comencé a desempacar, acomode la ropa y zapatos en el pequeño closet, lleve mis artículos de higiene hasta el baño, que era la única parte del lugar con paredes, por último conecte mi portátil al toma corriente y me tomé una foto para enviársela a Hanna, le había prometido mostrarle todo tal como si estuviera aquí.
Mi estómago gruño molesto por la falta de comida, había estado tan emocionada por mi llegada que me había olvidado por completo de comer, camine hasta el pequeño refrigerador que había en la cocina y solo pude encontrar un par de botellas con agua, supongo que tendré que hacer algunas compras.
Gracias a la ayuda de Harold, el portero, ahora mi refri está lleno de una manera respetable y un olor invadía el lugar por la comida que estaba preparando para por fin saciar mi hambre.