Un trato con el DiabloActualizado el Sep 23, 2022, 16:00
Mi nombre es Araceli, tengo veinticinco años y estoy muerta.
No se sientan mal por eso, yo no lo hago, todos los días mueren personas, en situaciones muy trágicas, enfermedades incurables o dolorosas, médicos, bomberos, padres y madres de familia, gente que aporta algo a la sociedad, nunca sentí tener algo que ofrecer, tuve una vida bastante normal, me case con Aaron hace un año, nuestra boda fue un gran evento, asistió toda mi familia, los cuales pensaban que nunca llegaría al altar, tengo un trabajo de secretaria en una compañía cosmeticos , no soy el tipo de mujer que levanta suspiros por dónde pasa, me considero regular, digo, tampoco soy fea, tengo lo mío, pero un poquito más por aquí otro poquito por allá no me caería mal, tengo cabello largo ondulado, de color castaño oscuro, soy bajita mido 1.60 metros, mi piel es perlada, no soy blanca pero tampoco llegó a ser morena, estoy en medio, desde la adolescencia lucho por bajar unos kilitos de más, compenso todo lo que no me gusta usando tacones altos y ropa cara, eleva mi autoestima.
Cualquiera diría que tengo la vida perfecta, no me va mal económicamente, tengo un esposo al que amo, padres, abuelos, primos, una casa que aún estamos pagando, un auto, trabajo, se puede decir que todo lo esencial, todo por lo que la mayoría de las personas luchan en esta vida, no quiero que piensen que no valoro todo eso, agradezco tener a mi familia, y todo lo demás pero siempre sentí que había algo más para mí, hay un vacío que no puedo llenar.
Muchas cosas me apasionan, el problema es que no por mucho tiempo, me aburro fácilmente, nada es suficientemente bueno para mantener mi atención por mucho tiempo.
Mi historia no trata de mi vida ni como termino el día que morí, mi historia trata de como comencé a vivir después de la muerte.