Lo que parecía una entrevista de trabajo desastrosa resultó todo lo contrario, después de algunos minutos junto a la puerta la rubia salió, mostrando una amplia sonrisa.
— Alessandra ¿cierto? — Pregunto deteniendose a mi lado.
— Si.
— Sígueme por favor.
Camine detrás de ella hasta llegar a lo que parecía ser su escritorio donde se detuvo y me lanzó una mirada con una mezcla de alegría y compasión.
— ¿Crees que podrás iniciar mañana?
— Espera ¿que? ¿me contrataron? — Pregunte incrédula.
— Si, no te dejes engañar por la expresión del señor Rhys, solo tienes que pasar a recursos humanos a llenar todo el papeleo y podrás tomar mi lugar.
El señor Rhys, mi jefe, ni quisiera me había molestado en investigar su nombre y ahora trabajaba para él.
— No sabía que era tu puesto yo...
— No tienes que sentirte mal, no me ha despedido si es lo que piensas, me voy a casar. — Mostró orgullosa su anillo de compromiso y prosiguió. — es por eso que decidí dejar mi empleo, Rhys puede ser un poco demandante y bueno ahora necesito tiempo para mi futuro esposo.
— Entiendo, muchas felicidades. — ignorando lo tonta que podría verme, me arme de valor e hice la pregunta que me llenaba de duda hasta ahora. — Disculpa, el señor Rhys¿cuál es su nombre?
La chica soltó una carcajada lo que reafirmo mi punto sobre verme tonta, no parecía estarse burlando, solo creo que no pudo evitarlo.
— ¿Realmente no sabes si nombre?
— Ví la vacante en internet y tome un vuelo desde España para esta entrevista, recién llegué ayer. — Explique apenada.
— ¿Tu realmente vienes por el trabajo?
— No entiendo por qué otro motivo vendría.
— La mayoría de las chicas que viste antes estaba aquí no tanto por el trabajo si no por el jefe, algunas no tienen nada de conocimiento sobre el tema, probablemente nunca han abierto un libro en su vida pero tiene la esperanza de que un atuendo provocativo les consiga el trabajo, pero como ya viste no es así.
— Mi último jefe era un hombre bajito, regordete y calvo a eso puedes añadirle que era un tanto gruñón y mal educado, nunca me hubiera imaginado que hubiera jefe que provocaba ese tipo de reacciones en las mujeres.
— Ethan. — Dijo mientras me daba un recorrido por las instalaciones de la editorial. — Ethan Rhys es su nombre.
— Oh, gracias, me salvas de un bochornoso momento. — admiti.
Después de un recorrido por todo el edificio que me hacía lamentar el calzado que había decidió usar, una hora firmando papeleo como loca y presentarme con tantas personas que parece imposible retener tantos nombres, por fin pude tomar asiento.
Junto al edificio había una pequeña cafetería, lo que parecía el lugar preferido de muchas de las personas que antes ví en la editorial.
con una taza de café y una dona me senté en una de las mesas que daba hacia la avenida, en un hermoso ventanal.
— Hola.
una tierna voz que recordaba haber escuchado antes me hizo levantar la vista de mi celular, frente a mi estaba la recepcionista, la chica pelirroja.
— ¿Alessandra verdad? — Me extendió su mano acompañada de una sonrisa. — Soy Marion.
— Mucho gusto Marion.
— ¿Te molesta si me siento contigo?
— Claro que no, por favor adelante. — En realidad me alegraba conocer a alguien.
— Muchas felicidades por el puesto, la verdad sabía que te quedarías.
Me sorprendió que dijera eso, no me conocía.
— No pongas esa cara mujer, cada día llegan cien descerebradas buscando alguna oportunidad para trabajar cerca del sexy jefe.
— Oh cierto, ya había escuchado esa historia.
— Así que en cuanto ví tu currículum sabía que obtendrás el puesto, me alegra que no haya Sido una de esas peliteñidas.
Ambas soltamos una carcajada, Marion te hacia sentir en confianza desde el primer instante, su forma de hablar como si te conociera de toda la vida.
— A mi también me alegra, acá entre nos, me mudé de España solo por esta entrevista.
— Ahora si que nuestro jefe se superó, mira que hacerte volar desde España.
— No, yo no sabía para quien iba a trabajar, mi sueño es ser escritora, un puesto en una editorial es un gran avance para mí.
— ya veo, disculpa, no es que pensará que eres como todas esa mujeres.
Sin darnos cuenta charlamos durante toda la hora que duró el descanso de Marion, para cuando se marchó de la cafetería ya habíamos compartido números.
nunca me asusto comenzar desde cero, no tuve miedo de mudarme, de iniciar un nuevo empleo, de luchar por mis sueños, pero tener una amiga aquí me hace sentir un poco menos sola.
Regrese a casa siguiendo al pie de la letra el consejo de Marion, que por cierto opina lo mismo que yo, pagar un taxi es un lujo, así que me indico como llegar a mi departamento tomando el tren y un autobús, tendría que aprenderme los horarios para estar a tiempo en mi nuevo trabajo pero mi bolsillo sin duda lo agradecerá.