Hoy se cumple un año desde que me mudé a Nueva York, con alegría puedo decir que mi departamento luce mucho mejor ahora que lo decore a mi gusto, todo decorado en tonos blancos y café, una alfombra mullida que me costó más de lo que me gustaría admitir, una lámpara triple que ilumina toda el área de mi cocina y un sofá que es incluso más cómodo que mi cama.
Después de algunos meses mi sueldo me dió la posibilidad de mudarme a un apartamento más cercano a mi trabajo, tal vez un poco más amplio, pero me encariñé tanto con este lugar, con Harold que ha Sido como un segundo padre para mi que, opte por quedarme y hacer un poco más de cuarenta y cinco minutos de trayecto hasta la editorial antes que alejarme de todo esto.
Al llegar al edificio la primera que me recibe es Marion, tiene un gorro de carton fiesta, de los que dan en los cumpleaños infantiles y sopla una serpentina, en cuanto me ve entrar sale de su escritorio y corre a mis brazos, la recibo con gusto y nos fundimos en un abrazo, al que se une Jake y nos abraza con sus largos brazos, logra abrazarnos a ambas, nos convertirnos en los mejores amigos, y ¿cómo no hacerlo? me salvaron el trasero en mi primer día de trabajo, nunca podré olvidarlo.
— Tenemos que celebrar. — Dice Marion en medio de nuestro abrazo triple.
— Señorita Rodríguez, si no está muy ocupada la espero en la oficina.
La voz de mi jefe, nuestro jefe nos obliga a deshacer nuestro abrazo.
Marion se apresura a quitarse el gorro y corre detrás de la seguridad de su escritorio, mientras que Jake se mantiene tranquilo a mi lado.
Me despido con la mano de ellos y les hago señas para indicarles que nos escribamos un mensaje para ponernos de acuerdo y sigo los pasos de mi jefe, uno de sus largos pasos son por lo menos tres de los míos así que tengo que hacer una mini carrera para alcanzar el ascensor cuando él entra.
— Tiene reunión a las 9:00am con Ronald para la publicación de su libro. — Comienzo a comunicarle su agenda. — Su madre llamo, lo espera a las 2:00pm para comer y hablar sobre la boda de su hermana.
Su expresión era de total molestia, tenía la mandíbula apretada, la espalda tensa y ocultaba las manos en sus bolsillos, con la vista fija en las puertas del ascensor, esperando ansioso el momento en que se abrieran y escapar de este encierro, parece que estar confinado en este pequeño espacio conmigo es algo casi imposible de soportar, a lo largo de este año no me ha quedado duda de que fui su peor opción, no ha perdido oportunidad de hacerme saber lo mal que le caigo, el sentimiento es mutuo.
Las puertas se abren y mi jefe sale disparado de la caja de metal que nos contenía a ambos, igual que un perrito faldero sigo sus pasos, escupiendo palabras igual que un robot, para cuando llegamos a mi escritorio le he informado de todos los pendientes en su agenda, rodeo mi escritorio y cuando estoy a punto de sentarme lo escucho hablarme.
— Señorita Rodríguez, llame a Lina de diseño, dígale que la espero en mi oficina con los diseños para Ronald y traiga un café, ya sabe cómo me gusta.
Una chispa amenaza con encender mi interior, estoy segura que es su forma de arruinarme el día, perfectamente pudo haberlo pedido cuando aún estaba en recepción, tendré que recorrer el mismo camino de regreso para ir por su café americano n***o, dios, es tan Ethan, tan oscuro y amargo como su alma.
— Si señor, enseguida. — Respondo con una sonrisa de oreja a oreja que oculta toda mi frustración.
Después de llamar al área de diseño bajo por el dichoso café y aprovecho para detenerme un minuto con Marion y despotricar encontrá de mi jefe y su humor mañanero.
Ordenó el café y de paso pido un capuchino de canela para mí, cargado a la cuenta de mi jefe claro, es mi pequeña venganza personal.
Doy un sorbo antes de regresar y siento que vuelvo a la vida, la cafeína recorriendo mi organismo, la canela mezclada con el café endulzan mis sentidos y me dan la puerta suficiente para regresar al ruedo.
Entro en la oficina de mi jefe después de golpear la puerta suavemente con los nudillos, con el se encuentra Lina, es la encargada del equipo diseño de portadas y juro por dios que esa mujer está enamorada de mi jefe, estoy segura que antes de entrar en esta oficina paso a retocar su maquillaje, la he visto hacerlo antes, lleva puesto un vestido verde que parece ser la piel de la rana René y por más que odie admitirlo luce espectacular, tiene un cuerpo de envidia, una cintura pequeña, senos grande y un trasero firme, claro todo producto de un quirófano pero a fin de cuenta espectacular, es hermosa , rubia, alta de ojos color verde esmeralda que reslatan con el brillo de su vestido y unos labios que no conocen otro labial que no sea el rojo.
Tiene clavada la mirada sobre Ethan Rhys, mi jefe, ese hombre que podría tener cualquier mujer si así lo quisiera, pero por algún motivo no lo hace, esperaba que fuera el tipo de jefe al que hay que sacarle las mujeres de la oficina o de aquellos que la usan como motel, pero no mi jefe, parece no notar lo que provoca en todas las mujeres bueno, casi todas, por suerte en mi no tiene ese efecto.
— Señor Rhys, su café. — Coloque el vaso de cartón frente al, intentando no salpicar alguno de los importantes documentos que tiene sobre el.
— Ay linda que bien, ¿podrías traerme uno a mi también? me encantaría un Caramelo macchiato. — Ordenó con esa voz chillona plagada de superioridad.
Entorne los ojos en su dirección por el tono de voz que usaba hacia mi, cómo si trabajará para cumplir sus deseos.
— Lina, Alessandra tiene cosas más importantes que hacer, si quieres un café puedes ir personalmente, hemos terminado, me reuniré con Ronald y le mostraré los diseños para ver cuál aprueba, puedes retirarte.
La voz de mi jefe sono tan fría que juro que la temperatura descendió algunos grados dentro de su oficina y por dios, la expresión de Lina era todo un poema, casi podía ofrecerle mi ayuda para levantar su quijada del suelo de lo abierta que estaba, eso sí la mía no estuviera igual, ¿Mi jefe me estaba defendiendo?
No claro que no, cómo pude pensar eso.