Lo que esperaba no fuera un drama ahora era un cliché de una novela adolescente. Llevaba no se cuantos minutos sentada en el pasillo, recargada sobre la puerta de la habitación, sin zapatos, con el corazón roto. Pero no podía culpar a Ethan de esto, desde el principio me dejó claro que todo esto era una farsa, hacía más de un año que me había quedado claro que no era de su agrado, soy solo su secretaria, un adquisición que obtuvo en una subasta, quizá por un valor mucho más bajo de lo que pagaría por una actriz profesional. Todo esto era culpa mía y de nadie más, porque, desde aquella vez que soñé con él después de una borrachera no lo pude ver con los mismos ojos, porque fui acumulando pequeñas acciones sin importancia hasta convertirlo en algo grande. Es decir, cuando me defendió de

