Cuando los tres se hubieron sentado en la mesa, en lo primero que Maxine pensó fue en tomarse una copa de vino, creyendo que eso iba a aliviar aquella sensación ardiente que la estaba consumiendo por dentro y que la iba a ayudar a relajarse y a no mostrarse tan nerviosa frente a esos dos sementales, que se mostraban tan serenos y calmados, o al menos era lo que ella pensaba. Sin embargo, el efecto que logró fue el contrario. Es sabido que el alcohol te desinhibe por completo, sobre todo cuando lo ingieres en demasía y eso fue lo que le sucedió a Maxine. El sabor amargo salado de la primera copa le causó sed y la llevó a tomar una segunda, bastante más recargada que la primera. —No deberías de tomar tanto alcohol —señaló Lars, sonando un poco refunfuñón. —Tengo sed, déjame —replicó Maxi

