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-Maldita infeliz desgraciada, ¿Cómo se atreve a hacerme eso a mí? ¡A mí! ¿Qué acaso no sabe quién soy yo? -Gritaba el volcán en el que se convirtió Damien Anisim, mientras aventaba todo lo que había en su estudio, aunque ni él entendía su enojo, pues no sabía si estaba molesto porque le gustó la provocación de su próxima esposa, o tal vez fue su osada actitud, o tal vez el hecho de que lo dejó con ganas de más, cuando siempre fue él quien dejaba así a las mujeres…
-Príncipe, su furia deberá ser descargada en otro momento, recibimos carta urgente del emperador del norte y de su padre, el emperador del sur. Ambos vendrán esta misma noche para hablar sobre su compromiso-dijo un acongojado Antón.
- ¡Me alegra que venga el emperador del norte, así podrá llevarse a su altanera sobrina, antes de que yo la atraviese con mi espada! -dijo el príncipe gritando, mientras uno de los sillones (hecho de madera de Sequoia), salía volando como si no valiera nada.
-Príncipe si continua así, todos pensarán que las acciones de la princesa para con usted le afectan y no creo que quiera que su futura esposa piense que puede dominarlo a través la intimidad-.
- ¿Qué estupideces estás diciendo Antón? ¿Quieres que te corte la lengua? - dijo el príncipe mirando con sus fríos ojos al mayordomo sabio que, lejos de dejarse intimidar y acostumbrado a los arrebatos de Damien contestó de manera calmada:
-Le aseguro que quiero morir completo y eso incluye tener mi lengua su alteza, pero mi atrevimiento al decirle tales palabras se debe a que la princesa y usted llegaron no hace ni dos horas, pero ya todo el castillo habla de su “caluroso” encuentro y créame cuando le digo que, si una historia lleva jugo fresco, todos quieren un sorbo.
La realidad que todos vieron su alteza, es que, usted tardó en salir del carruaje, mientras su prometida, actuaba ya como la señora del castillo pidiendo para su futuro esposo ropa, comida y medicina, impidiendo que abriera la puerta, ya que no quería que vieran a su prometido con poca ropa y luego el heredero del imperio sale despeinado y dejando detrás un pantalón con cierto faltante de tela en particular, eso sin contar cierta “evidencia” que dudo mucho mi señor, fuera leche… estoy seguro de que ahora correrá el rumor de que sus altezas se casan apresuradamente, debido a ciertas actividades realizadas antes del matrimonio. Por otro lado, tenemos el espectáculo que ambos dieron en la academia para señoritas, seguramente todos darán por cierto el embarazo…
- ¡No pasó nada! ¡No seas exagerado! -gritaba el príncipe mientras la mesa de centro de su estudio se hacía añicos en la pared.
-Si usted dice que no pasó nada alteza, entonces yo le creo, el problema está en que alguien más le crea, recuerde mi señor, contención antes que explosión, si no se controla, otros lo controlarán a usted y tiene por delante que manejar a su padre y al emperador más fuerte de los cinco imperios y sabe tan bien como yo que los rumores hacen caer incluso a los santos-.
-Lleva a esa infeliz al salón, necesito hablar con ella, debe saber que su amado tío estará aquí en un par de horas-.
-Como lo ordene su alteza-.
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Dos estatuas con títulos, nombres y apellidos, se miraban frente a frente en un duelo silencioso cargado de frustración y furia, por un lado, mientras que, del otro, había diversión, osadía y ganas de romper a la otra estatua…
-mmhhmmhh-un carraspeo por parte del fiel Antón, inició la incómoda conversación. -Princesa, espero que el té sea de su agrado, es una combinación especial que creí que podría gustarle-.
-Gracias Antón, de hecho, si me gustó, se siente fresco y frutal al mismo tiempo, es agradable- dijo una muy amable Alina. Quien decidió voltear a ver al mayordomo para así poder ignorar al heredero del imperio sur que estaba sentado con evidente cara de molestia frente a ella:
-Antón, ¿tienes algo que decirme? -dijo Alina como si fuera una dulce y tranquila niña pequeña, hablándole al fiel mayordomo como si solo fueran ellos dos en aquel salón.
-Tu tío llega en unas horas para hablar de nuestro compromiso y mi padre vendrá también, así que debemos prepararnos, ¿estás lista para representar nuestro gran amor? -dijo un muy sarcástico Damien.
-Cariño- dijo con sarcasmo Alina, mirando fijamente a los ojos al príncipe. -yo estoy lista, se fingir muy bien, pero eso ya lo sabes, no tengo que mostrártelo de nuevo ¿o sí? -.