Capítulo 6 El carruaje parte 2

1030 Palabras
Alina sintió que la sangre le hervía y de haber podido, habría incendiado ese carruaje con el insufrible heredero dentro; pero, decidió mantener la serenidad y tranquilidad, porque, el fino arte de sobrevivir a la política, a los imperiales y nobles, de acuerdo a lo que le enseñó su tío, consistía siempre en tragar sapos berrugosos sin hacer gestos, para que nadie supiera después, quien los mató. Por ello, decididamente y con la mayor calma del mundo, como si le hablara a cualquier niño berrinchudo, Alina miró directamente a los ojos a Damien, haciendo que su voz sonara tranquila y melodiosa: -Alteza, nadie más que yo en este mundo conoce su lugar. La pregunta es, ¿Conoce usted el suyo? ¿No sería mejor llevarse bien con la aliada que le ayudará a ganar el trono, a tener que estar todo el tiempo en una estira y afloja? Debería saberlo muy bien, por ende, debería a prender a fingir mejor en público ese amor que dice tener hacia mi persona, porque lo que único que se nota es el odio que le tiene al mundo y debemos hacer que funcione para los dos. -Eres demasiado insolente mocosa, cierra la boca o-… pero Damien ya no alcanzó a contestar porque Alina se paró y se abalanzó sobre el príncipe, tomándolo por sorpresa pues no sabía que la princesa tenía esa cantidad de fuerza, y por más que intentó moverse para lanzar a su prometida no pudo, porque ella lo había tomado por las muñecas para poder paralizarlo con magia de defensa. Primera vez en su vida, Alina dibujó una sonrisa en su rostro, ya que el haber dominado a ese arrogante hombre, en tan solo un movimiento, fue algo que la llenó de la más placentera satisfacción. - ¡Que carajos me has hecho maldita bruja! - Dijo el príncipe cuya rabia desbordaba por los poros. Alina, que ya estaba sentada sobre el príncipe con las piernas abiertas, sin dejar de mirarlo a los ojos, bajó su mano derecha para poder tocar sobre la tela del pantalón, la parte más íntima del príncipe, que no podía creer lo que estaba pasando. Su futura esposa arrancó de su entrepierna, parte de la tela de su pantalón, como si ésta fuera la hoja de un árbol, dejando al descubierto su m*****o y con total seguridad y descaro, como si llevara mucho practicando, comenzó a acariciarlo, inclinando su cabeza para hablarle al oído: -Alteza, créame cuando le digo que besar a alguien del sur es peor que un pecado en el norte, así que se imaginará lo que implica para mí tener que pasar la noche de bodas con usted, pero no se preocupe, cerraré los ojos para no vomitarle encima, pero fiel a mi palabra como soy, me aseguraré de pasar por una mujer que goza del mayor de los placeres. Ahhhh… y sobre mi físico, en el norte a las mujeres nos prefieren con caderas anchas, porque son mejores para parir y entre más anchas mejor, porque implica más hijos. Así que, yo que usted, ya estaría al borde de la desesperación, porque no se está haciendo precisamente joven y después de mí, tendrá que buscar a una mujer del sur para que, cual yegua de cría, le dé el hijo varón que todo el imperio le exigirá. Mientras decía esto al oído del príncipe, su mano derecha, subía y bajaba a ritmo cadencioso, lento a momentos y rápido a otros; pero, como niña con juguete nuevo, decidió explorarlo todo y bajó su mano un poco más para apretar los ya duros testículos de un Damien que pronto colapsaría de ira mientras ella, divertida, le decía: - ¡Lástima que, en este imperio, entre más grandes sean los pechos, menos posibilidad de parir tienen sus mujeres ¿O no tienen en el sur esa fama de infértiles? -oh, oh, oh, ¿Qué tenemos aquí? ¿Su alteza se puso duro? Parece que su mejor amigo despertó y con hambre… le sugiero ir con alguna mujer que goce de fingir que la satisface, porque a mí me dan asco los hombres del sur y además los del norte la tienen más grande. Y justo en ese momento llegaron frente a la puerta del imponente castillo del príncipe, donde todos los sirvientes los esperaban, pero solo Alina bajó cerrando tras de sí la puerta, dejando congelado y excitado al príncipe heredero del imperio sur. Antón que estuvo a punto de abrir la puerta fue detenido por Alina: -Disculpe, ¿Es usted el mayordomo principal de su alteza? -Si, duquesa, me llamo Antón-. -Bien, entonces, Antón, te pido de la manera más amable que no abras la puerta o harás que todos vean al príncipe heredero desnudo y no creo que eso le agrade mucho, será mejor que le traigan un cambio completo de ropa y medicina para el dolor de cabeza, hoy fue un día de mucha tensión y me preocupa que se ve cansado y ojeroso, asegúrate de que tome un baño caliente y tenga una magnifica cena, ¿Pueden llevarme a mis aposentos? Yo también quiero descansar- Dijo Alina de manera falsamente cariñosa al mayordomo del príncipe, quien no podía creer lo que escuchaba, pero asintió pidiendo que escoltaran a la princesa. ----- Cuando Alina se perdió de vista, el fiel mayordomo que ya había mandado traer la ropa, pidió que el resto de la servidumbre se fuera quedándose solo y a la espera de la ropa que pidió, por lo que viendo que el príncipe no salía del carruaje, decidió tocar, preguntando si todo estaba bien, pero una voz llena de ira y desespero, le gritó que se largara de ahí… Cuando las personas encargadas de limpiar el carruaje se dieron cuenta de que dentro había un rastro de cierto líquido blanquecino, los rumores que viajan tan rápido como el viento, no se hicieron esperar… Nota: Los invito a darle me gusta a esta historia y dejarme su voto para seguir publicando. También pueden seguirme en mis r************* , me encuentran como Evelin Bárcenas en la red social azul y en X. Por esos lados estaré subiendo información de la novelas.
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