5. Resistir

1310 Palabras
Estaba apoyado contra la muralla de la mansión Dagger que daba a la calle. Estaba esperando por él, tenía algunas preguntas que hacerle. La charla había finalizado sin más cuestionamientos en voz alta, pero como no, yo estaba inundado de ellas. —Supe desde que te sentí que no me libraría de ti. Una risa seca me hizo estirar una débil sonrisa. — ¿Qué tal Kange? —Me separe de la pared y ambos estrechamos las manos. — ¿Que dudas tienes muchacho? — ¿Tan predecible soy? —No lo eres, pero soy un sabio experimentado, se cuándo si y cuando no. Ambos comenzamos a caminar por la vereda. Metí mis manos en los bolsillos y me reí por lo bajo. —Entonces me ahorra la introducción. —Le mire. —No esperaba verlo. —Lo sé. Peter tampoco lo hará y seguro estará como un saltarín lleno de dudas. —Su buen semblante decayó. Suspiré. — ¿Cómo está? Los ojos me picaron repentinamente, y baje la mirada para encontrar algo de valor. —El… —Musite. —No está bien. Nadie lo está. Un sonido gutural nació de su garganta, entendiendo en ese gesto todo lo que le decía. Caminamos un tramo en silencio. Ante situaciones como esta yo tampoco era bueno en las palabras, así que le entendí cuando no dijo nada más. De todas formas, ¿Qué podría decirme? Estos últimos días ninguna palabra consolaba los corazones de los que esperábamos a Linn. —Cumpliremos la misión. —Me dijo con la voz desequilibrada. —Todos la esperamos, no podemos solo rendirnos. — ¿Y porque ellos? ¿Por qué si nunca la han conocido? Levante la mirada y Kange me miró. Deslizo su mano sobre mis hombros y doblamos la esquina. —La loba roja ha gobernado Sawel hace muchos años atrás. Fue un milagro para el pueblo y uno de los reinados más fructíferos. Ahora no hay rey pero la autoridad lo tiene el alfa y la cámara de ancianos, aun así, ellos esperan que Linn vuelva. Mi asombro fue enorme. — ¿Gobernante? ¿Por eso la aprecian tanto?  —Hay tantas cosas que nuestro mundo desconoce de la loba roja que es comprensible tu sorpresa. — ¿La quieren devuelta? ¿Hay una razón en especial? —No reclamaron a Elsu, así que desconozco por qué actúan ahora. Sawel es un pueblo desconfiado, no se han mostrado con nadie hasta la batalla en Jennings. —Bueno, nosotros tampoco somos de confiar a la primera. ¿Sam lo sabe? ¿La manada? ¿O los Olson? No me gusta para donde está manejando las cosas Frederic. —Le expuse con total sinceridad mi preocupación. —Por ahora nos queda acatar sus órdenes. Una vez que Linn despierte podremos preocuparnos de eso. Palmeó mi hombro  y suspiré. — ¡Tio! Los dos nos dimos vuelta y vi a Peter correr con una sonrisa de oreja hacia nosotros. Vi de reojo a Kange y vi su minúscula sonrisa y sus ojos de alivio. Peter saltó a los brazos del hombre y lo atrapo en un abrazo. Kange rio como un abuelo feliz de ver a su nieto y le correspondió con dulzura.  Un vago recuerdo brotó como una flor en invierno. «— ¡Ven aquí campeón! —Me dijo mi padre con una rodilla apoyada en el suelo, esperando ansioso por recibirlo en sus brazos abiertos. Sonreí y corrí para abalanzarme con fuerza. Terminamos los dos en el suelo, riéndonos como locos. » Kange y Peter me recordaba a eso, a la relación paternal. Kange era la figura de padre que Peter tenia y el anciano tampoco se quedaba atrás, quería al chico con tanta emoción que no verías un brillo igual en su rostro. —Qué bueno verte chico. Peter se separó abruptamente. — ¿¡Que hace aquí?! Kange y yo nos miramos y sonreímos. — ¿Quieres helado? Yo quiero helado, ¿Tú quieres helado Thomas?  —Eh yo… Kange nos agarró de abrazo por los hombros a los dos y nos arrastró entre risas. — ¡Vamos que el helado nos espera! — ¡Te la dejo pasar porque me vas a invitar helado nada más! —Exclamó Peter. Kange me guiño el ojo con complicidad y me reí suavemente. El hombre si sabía cómo manipular al chico, usualmente no podíamos pararlo hasta que conseguía lo que quería. Manejé tranquilo por el asfalto. Kange y Peter iban atrás. El chico le hablaba de todo lo que había hecho en su ausencia y Kange –propiamente- escuchaba.  Yo los miraba cada tanto por el espejo retrovisor, y en otros tantos otros me perdía del hilo de la voz de Peter, para pensar en mi encuentro con Jacob. «La perdiste» Me recordaba. Fruncía le ceño y estrujaba el volante. «Es la última vez que te metes en problemas» No habían sido problemas Sam, y sé que quisiste hacerme creer eso para no romper lo poco que quedaba del corazón de un adolescente de quince años. Sé que intentaste que no me derrumbara, que no recordara lo que había hecho. No fue mi culpa, me repetía todo el tiempo. No lo fue cuando ella se fue, pero si lo fue cuando hice lo que hice. « ¡Mierda! ¿¡Que hiciste?!» Mi relación con mi hermano mayor terminaba ahí. Con el gritándome entre lágrimas y yo helado del miedo. Nunca más hablamos como antes, creo que ni siquiera hablamos. Lukas existía en las cenizas de una página, al igual que mamá. Lo perdí todo esa noche y no pude –ni intente- recuperar lo poco. Suspiré. Todo se derrumbó. Pero no fue inesperado, fue la consecuencia de lo que había hecho. Mi madre rechazaba mis sueños por los amargos recuerdos que mi padre le había dejado. Robert Hunt, un hombre risueño con arrugas de la risa en los ojos y las mejillas. Músico y profesor, un renegado de la manada por conseguir sus sueños al lado de la mujer que amaba, Amanda. Sin embargo el rechazo a su lobo le había cobrado la vida a los treinta y seis, cuando yo tenía diez. Fue desafortunado, una coincidencia horrorosa que mi padre haya querido intervenir entre un vampiro y un niño. La presa fue el pequeño y el muerto mi padre. Ninguno de los dos se había salvado.  Mi relación con mi madre decayó cuando nuestras formas de duelo se enfrentaron. Ella quería olvidarlo para sanar, yo quería recordarlo para que dejara de doler. Tome la música como medicina y trace solo mi duelo. Mamá no lo acepto y nuestra brecha se hizo demasiado grande. Con mi hermano se quebró al conocerla… al verla a ella. Lukas era su mejor amigo y gracias a ella nos unimos más que nunca. Ellos eran mi todo, fueron parte de mi época dorada, la cima de mi estabilidad y felicidad. Quizás si ella no se hubiera ido, si yo no hubiera hecho lo que hice, Lukas jamás me hubiera anulado de su vida. En un “tal vez” aun podía soñar con mi hermano a mi lado. E incluso soñarla a ella, vivir la vida que planeamos como dos jóvenes enamorados. No la había recordado hasta hace unas semanas. Ella permanecía inmóvil en mi memoria y eso me agradaba. Pero había salido a la luz en el peor momento, justo donde mi corazón había aprendido a querer de nuevo, y donde tal como esa vez… le fue su amor arrebatado. “Ella no está muerta” Me tuve que recordar. No lo estaba, ¿Pero si fallábamos? ¿Si lo que deseábamos era un sueño solamente? Me aterraba ser parte del fracaso, me aterraba aún más estar cerca y fallarle. Frederic había sido claro, Linn no resistiría mucho más.  
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