Vi a Charly Olson mientras iba a casa de Frederic. El salía, con el semblante decaído y oscurecido por una nube gris, consumido por la preocupación que le avejentaba. Ni se percató de que pase por su lado, ni oyó mi “Buenas tardes”. Solo viajo como alma en pena devuelta a su camioneta.
— ¿Qué le ha dicho? —Le pregunté a Frederic cuando me abrió la puerta sin que yo tocase.
—La verdad.
— ¿Esta demente? ¿Sabe lo mucho que puede afectarle saberlo?
—No voy a mentirle muchacho. —Dijo mientras negaba con la cabeza. —Anda, entra.
Me dio un suave empujón con la mano y me hizo ingresar. Olisqueé el aire. Reconocí a Anthony, Steve y a Eric, el resto no podía decir a quienes pertenecía aunque recordara sus rostros. Tenía buena memoria, desde muy niño solía acordarme de las cosas más insignificantes con sumo detalle. Eso me ayuda en la vida diaria y en los exámenes, nunca he olvidado un rostro, así que mi ignorancia no se debía a una falta de recuerdos sino a una falta de presentaciones. Había conocido a toda la manada Dagger, y aunque reconocía esos olores, sabía que no pertenecían a la manada, así que ¿Quiénes eran? ¿Qué posición ocupaban en este asunto?
La casa de Frederic era por lejos una casa, lo más apropiado era llamarle mansión antigua. Una de esos hogares de millonarios en las películas viejas, donde predominaba la gala, la educación y los vestidos llamativos. Desde el vestíbulo podías ver el derroche de dinero que la familia investía en cosas tan innecesarias como dos líneas –imaginarias y paralelas- de candelabros dorados con velas anchas y amarillas formaban un camino de la entrada al salón principal. ¿Y porque digo innecesario? Quitando el hecho de que estábamos en la modernidad y usábamos electricidad, del techo –que era inmensamente alto- colgaba delicadamente un candelabro gigante de brazos delgados y luces en cada extremo, brillando como un segundo sol.
Cruzamos por la sala principal, a la biblioteca. Para dejarlo en un claro contexto, la mansión Dagger era la representación del estilo victoriano, y el resto y sus detalles, que vuelen con su imaginación. La biblioteca tenía más libros de los que en vida había visto, mirando de reojo al alfa Sawelita me pregunte si el había leído al menos un porcentaje pequeño de todos ellos. Ciertamente no se veía como un hombre que pasaría su tiempo sentado con un libro entre manos, pero quien era yo para juzgar, si en la soledad de mi dormitorio componía poesía.
Como no podía faltar, había una puerta escondida. Pero no entre los estantes, sino debajo del sillón de terciopelo n***o junto a la fogata. Parecía una escotilla, tenía el marco de madera oscura y era un espacio considerablemente pequeño.
— ¿Pasaremos por ahí? —Pregunté con mucha duda y poca confianza.
—Esta es solo la llave. —Me dijo y abrió la escotilla. Solo había un tablón de madera, así que no llevaba a ningún lado. Metió el dedo en un pequeño agujero y justo ahí, escuché un sonido sordo.
Del techo –debajo de la posición del sillón- bajaron unas escaleras. Tuve que dar marcha atrás para que no me aplastara entero.
—Vaya. —Fue todo lo que dije. Se me hacía muy complicado para ser un sitio tan seguro. ¿Qué escondía el alfa ahí dentro? ¿Dudaba de la seguridad de su pueblo?
Subimos los escalones hacia un largo sendero que de lejos se veía que doblaba a su izquierda. No caminamos mucho, pero si dimos muchas vueltas. No se veía nada interesante aquel pasillo, de hecho, había caminos que se abrían, entonces podía deducir que era un laberinto con el claro propósito de ser una trampa.
— ¿Qué esconde?
—Ya lo veras.
Llegamos a una puerta gruesa de cedro. Frederic giró el pomo y al menos unas doce personas allí. Los rostros conocidos y los no conocidos. Me enfoque en los extraños, todos llevaban el cabello largo atado en una coleta baja y túnicas de un verde esmeralda oscuro. Lo más particular era que una máscara de plata cubría sus identidades, y nuevamente volvía al mismo punto; no tener ni idea de quienes eran.
—Él es Thomas Hunt será parte del escuadrón G, así que trátenlo como igual.
Ahí fue donde percibí un aroma familiar que antes no había estado. Un hombre ya conocido con unas túnicas distintas a la última vez que lo había visto, se quitó la máscara y me sonrió achicando los ojos ámbar. Titubeé sin pronunciar nada, y resbale la saliva pesadamente por la garganta.
—Damos la iniciación de esta reunión colocando nuestros dedos índices al centro de la mesa. —Era una mesa redonda y gruesa de roble, tallada con símbolos que reconocía ser representaciones de la historia Sawelita. En el centro de la mesa estaba trazado el escudo de su pueblo; un circulo perfecto con ramas enredándose en toda su conformación en forma de S, como parte principal tenía la figura de tres ojos entrelazados –que según leí, eran los ojos de los tres fundadores de Sawel-, rodeando los ojos se detallaba con finura los árboles que apuntaban al exterior del escudo, y entre ellos, se trazaba el ciclo lunar. Y tal como nos había dicho, todo nos inclinamos al centro para posar nuestros dedos índices en la unión de los tres ojos. —Todo lo dicho aquí no debe ser divulgado, ni la información ni la existencia de este lugar. Romper el juramento conllevara al castigo.
Cuatro pedernales brillantes –que no había detallado- se iluminaron desde los extremos. Rojo escarlata, amarillo dorado, azul cobalto y verde esmeralda. Eran joyas que nunca había visto ni en libros, y que se unían entre ellas por una delgada línea intangible que iba destiñéndose en distintos colores y que al final parecía una aureola arcoíris.
—Dado que la situación de la señorita Linn Olson es extremadamente delicada y peligrosa, he decidido junto a la cámara de ancianos que la solución es ir en busca de la “Gota del desierto”. Confió en que todos aquí están preparados para cumplir con línea en la misión y regresar a salvo. Bien saben que los Lilithsson son los vampiros más poderosos que han existido, pero seamos consiente de que en nuestra sangre, corre un poder que ellos desconocen.
—Darnos a conocer hará real la leyenda, ¿Podremos resistir la tormenta? —Preguntó una mujer.
—No hemos de temer ante ellos. La tierra ha sido esparcida con el mensaje que la loba roja dejo antes de caer en la inconciencia, hemos visto lo que su despertar causo en el mundo sobrenatural. Ellos se lo pensaran dos veces antes de accionar. —Le dijo el alfa.
—Suena muy confiado Frederic. —Dijo Kange. —Apostar tanto debe requerir una gran seguridad y una enorme recompensa.
La sala quedo en silencio.
“Enorme recompensa” ¿Se refería a ella? ¿Por qué? ¿Qué representaba Linn para Sawel?
La respuesta me asustaba.
—Lo es. —Su voz sonó más grave y notoriamente más irritada. La sutil forme de Kange para hacerle cuestionar sus decisiones lo había molestado. — ¿Tu no querrías salvar a tu alumna? Te escuchas como si no te importase.
Kange no dijo nada.
— ¿Cuál es el plan? —Saltó otro.
— Hay una entrada escondida. Un túnel que pertenecía a la vieja estructura del castillo. En un inicio debieron ir por la zona menos vigilada, la torre cuatro. Pero como gracias a una valiosa fuente de información, ahora podrán ir mas seguro. El paso uno es la distracción, deberán engañarlos y atraer a la mayor cantidad de enemigos al patio principal. Otro grupo ira por detrás del castillo y se va a escabullir por el túnel. No sabemos a dónde se dirige pero sabemos que esta vacío. Los de afuera trataran de atraer la intervención de los siete príncipes y los demás llegar a la flor.
—Uno distrae y el otro consigue el objetivo. Los Lilithsson no son idiotas, se darán cuenta. —Le dije, interviniendo por primera vez.
—Si lo hacen, pelean. —Me miró fijamente y asentí.