Mi cuerpo impactó contra la pared adoquinada apenas llegué al lugar. Cuando alcé la mirada, me encontré con el rostro enrojecido por la furia de Matteo. Su expresión hablaba más que cualquier palabra. Tuve el impulso de reírme. No por nerviosismo, sino porque ya no ocultaba su enamoramiento por Alessia. —¿En qué demonios estabas pensando al traerla aquí? Su antebrazo presionó con más fuerza mi cuerpo contra la pared. Me quedé en silencio, con una sonrisa que no lograba borrar de mi rostro. Quería matarlo. Porque él era libre de sus sentimientos. Al final me soltó con un bufido y se alejó, nervioso, descargando su frustración contra una de las ventanas que daba al exterior. Me arreglé la camisa y lo observé en silencio. —Ella quería información sobre… —Sí, sobre su padre —me interrum

