Subimos al penthouse cuando encontré a Matteo fuera del edificio. Insistí en que entrara después de lo frío que estaba el día. Aunque intentó ocultar su temblor, pude verlo. No habría sido capaz de dejarlo allí abajo y, de todos modos, Luca seguramente no volvería. Nunca lo hacía. —Luca amuebló bien la casa —dijo Matteo después de un rato. Observaba el lugar con atención, cada rincón expuesto frente a sus ojos. Yo también lo hice. —Sí, es linda… pero carece de sentimientos —respondí mientras sacaba las verduras de las bolsas. Suspiré y comencé a guardarlas una por una bajo la mirada de Matteo. Tal vez debería sentirme incómoda por tenerlo allí, pero en el último tiempo no había sido grosero. Así estábamos bien. —Sobre lo del lugar ese… —comenzó Matteo. Giré hacia él. Jugaba con una d

