Mi cuerpo despertó antes que yo. No fue un sobresalto, ni un recuerdo concreto. Fue una sensación persistente, como si mi piel todavía estuviera aprendiendo a volver a ser solo mía. El latido lento, profundo, instalado en el pecho. El calor que no se iba. La certeza de que, aunque cerrara los ojos un poco más, algo ya había cambiado. Respiré hondo. El aire olía distinto. A él. Abrí los ojos despacio y el techo de la habitación apareció borroso por un segundo, hasta que enfoqué mis ojos en algún lugar. No estaba sola. Lo supe incluso antes de girar el rostro, antes de sentir el peso tibio a mi lado. Luca dormía. Su respiración era tranquila, regular, como si el mundo no estuviera a punto de derrumbarse sobre nosotros. Una mano descansaba cerca de mi cintura. Ese gesto mínimo fue lo qu

