La oficina estaba en silencio cuando entré. Me saqué el saco y lo dejé sobre el respaldo de la silla sin mirar. El ventanal mostraba la ciudad despierta, viva, indiferente a todo lo que yo tenía atorado en el pecho. Pensé en Alessia por un segundo. En su forma de asentir sin decir nada. En cómo había aceptado mis palabras aun cuando sabía que no eran suficientes. No me permití quedarme ahí. —Luca. La voz de Matteo rompió el silencio antes de que pudiera sentarme. Estaba de pie, cerca del escritorio, con un sobre grueso bajo el brazo y una caja negra en la otra mano. Lo miré apenas. —Dejalo ahí. No parecía sorprendido por mi tono. Tampoco molesto. Eso fue lo que me llamó la atención. Matteo siempre tenía algo que decir, algo que objetar. Esta vez, no. Dejó el sobre encima del escrit

