Días después, la mansión de Jayden se había transformado. La fría elegancia que antes caracterizaba el lugar había sido reemplazada por un ambiente cálido y familiar. Su despacho, habitación o cualquier lugar, se convirtieron en un espacio acogedor. Libros infantiles, juguetes de colecciones y un pequeño escritorio de madera ocupaban el centro de la habitación, creando un espacio de aprendizaje y juego. Jayden, sentado en un cómodo sillón junto a su hijo Gael, quién le explicaba pacientemente un complejo diagrama sobre el sistema solar. Los rayos del sol de la tarde se colaban por la ventana, iluminando las motas de polvo que danzaban en el aire, creando un ambiente casi mágico. Gael, con los ojos brillantes, observaba cada trazo mientras le explicaba a su padre. —¿Entiendes cómo la Tie

