Con el paso de los días, la obsesión de Jayden por Cataleya se intensificó. Lo que comenzó como una exploración de límites se convirtió en una necesidad constante. Cada noche, la habitación se transformaba en su escenario personal, donde él dirigía la orquesta de sus deseos. Jayden seguía cautivado por Cataleya. Su cuerpo, su aroma, su piel... cada centímetro de ella era una adicción. Pero aquella noche, no buscaba la unión íntima que venian haciendo; quería algo más oscuro, más intenso. Quería verla sufrir y disfrutar, al mismo tiempo, probar los límites de su deseo. La habitación se sumió en una penumbra sensual, solo iluminada por las sombras que bailaban en la pared. Cataleya yacía sobre la cama, sus ojos cerrados, respirando lentamente. Jayden se acercó a ella, sus manos recorriendo

