El vaho de su aliento empañaba ligeramente el espejo mientras Cataleya se examinaba con ojos críticos. La luz tenue del baño proyectaba sombras alargadas sobre su rostro, acentuando los pómulos y la línea de su mandíbula. Sus ojos, normalmente de un marrón, ahora brillaban con una intensidad casi felina. El encaje n***o, suave como una pluma, acariciaba su piel, provocando un cosquilleo que recorría su espalda. Cada movimiento, cada respiración, se amplificaba en la quietud de la habitación. Se pasó la yema de los dedos por el encaje, sintiendo la textura delicada. Un escalofrío recorrió su cuerpo, no de frío, sino de anticipación. Se preguntó si él sentiría lo mismo que ella, si la intensidad de su deseo fuera correspondida. La idea la hacía temblar de emoción. Envolvió el suave tercio

