—Preparada para una noche donde te dejaremos muchas marcas, para que sepas que eres de mi propiedad —repitió, enfatizando cada palabra. La insinuación era clara, obscena, y el aire entre ellos se volvió pesado, cargado de una electricidad palpable. Cataleya no respondió. En lugar de eso, se limitó a mirarlo con desprecio, su mirada fría como el acero. Pero por dentro, una tormenta de emociones la azotaba. Miedo, sí, pero también un deseo feroz, excitación, y eso le molestaba. Jayden se acercó, su aliento caliente rozó su cuello, y un escalofrío recorrió su espalda. El aroma de su perfume, la envolvió, haciéndola sentir atrapada en una red invisible. —No te hagas la difícil, será una semana largar —susurró, su voz ronca y sensual como el terciopelo. —Sabes que me perteneces. Lo decidist

