inocencia

1804 Palabras
Por motivos claros no volví a ir a la casa de doña Aurora. Pero ella siempre hablaba con mí madre con intenciones de saber de mí, ambas comentaban que quizás por aver estado despierta en la siesta me había aparecido un duende. Que chistoso, no era un duende lo que había visto sino algo mayor, un monstruo. Ambas hablaban y comentaban como si yo no estuviese escuchando todo. – Aquel día yo la envié a su casa a buscar un encendedor, y cuando volvió estaba tan pálida que no supe que había sucedido o que había visto.– Comentaba mí madre. – Tal vez vio al pombero que vive entre las hojas de la banana. El pombero era un duende que se llevaba a los niños que no querían dormir las siestas según los adultos de aquella región. – Si, quizás fue eso.– Respondió mí madre que casi no creía en eso.– Aunque ella no quiso contarme.– Concluyó diciendo mientras me miraba. – Solo debes tener mucha paciencia con tu hija porque es una niña muy buena y obediente. Ellas descendieron la mirada he hicieron un gesto lástima al observarme. ........ Por la tarde vi llegar al esposo de doña Aurora, al parecer el también me vio, levanto su mano y la agito hacía los dos lados, cómo intentando saludarme. Está vez no obedecí. Me repugnaba mirarlo, la imagen de aquella escena venía a mí mente, mí cuerpo se paralizaba no quería tener ninguna reacción hacía el. Mí madre estaba observando desde una distancia y al ver que no respondí me dijo enojada.- De'laila que maleducada eres ¿Por qué no has saludado a ese buen hombre?.– La miré casi lagrimeando y dije. – No lo he visto mamá.– Tuve que mentir, pero ella se dió cuenta. – No mienta señorita, y no seas tan atrevida, a las personas adultas se las saludan siempre, no esperes que te dé un golpe por la boca por ser así. – Perdón mamá.– Fue todo lo que pude responder.– No volverá a pasar. Si ella supiera lo que había echo ese hombre tampoco lo hubiese saludado, a ella no le hubiese gustado nada todo lo yo ví de seguro estaría de mí lado. Luego de que pasaron algunos días, doña Aurora golpeó sus manos en nuestra casa. Mí madre al escuchar salió y la atendió. – Hola doña Aurora ¿Qué necesita?. – Esté sábado es cumpleaños de mí nieto y cómo mí esposo no podra ir conmigo, quería saber si De'laila quiere acompañarme. – No lo sé, le preguntaré. Mí madre grito mí nombre y salí corriendo. – ¿Mamá?.– Respondí. – Venen aquí niña, doña Aurora quiere preguntarte algo. La mire con un poco de miedo pensando que había venido para reprender me por alguna cosa que hice, pero mientras tragaba saliva respondí con respeto y dije.– Si, doña Aurora. – ¿De'laila, quieres acompañarme a un cumpleaño?. La pregunta me tomó por sorpresa, solo resolví en buscar la respuesta en el rostro de mí madre. – Ve si es que así quieres. No había ido a pasear a ningún lado durante muchos días, y pensé que si éramos las dos únicamente podría ir con ella, ya que se presentaba esta oportunidad. – ¿Quieres o no?, solo seremos tu y yo. – Si.– Respondí con miedo, además al saber que aquel monstruo no iría me daba tranquilidad. – Bien, pasaré por ti a las seis de la tarde ¿Está bien?. – Sí. El dia sábado había llegado por fin pero parecía como si nunca serían las horas acordada. Ya tenía puesta mí ropa nueva que me habían regalado unos parientes, estaban lavadas y muy limpias porque mí madre se encargó de arreglarlas. Para ella sus hijos debían vestir bien con las ropas limpias y perfumadas, no importaba que aquellas prendas fueran usadas, ella siempre las dejaba como nueva. Aplauden en la entrada de nuestra casa, salí corriendo para ver si era ella, y confirme que sí, era doña Aurora. – ¿Ya estás lista?.– Pregunto. – Si.– Respondi, salí corriendo hasta donde ella estaba, emocionada por salir a pasear. – ¡Adiós mami!.– Grité. Tomé de la mano a doña Aurora y fuimos hasta la casa de su hija. Toda la tarde fue espectacular, jugué, prove de las delicias que allí había, pero más que nada disfruté de poder salir de mí casa, los niños me trataban muy bien, no hacían diferencias conmigo, todo era ideal. Al llegar el momento de volver pensé que tal vez teníamos que esperar algún taxí para volver a la casa pero mí inocencia era tan grande que olvidé que su esposo también era abuelo de aquel niño y que en algún momento el tendría que hacer presencia en aquel lugar y evidentemente tendríamos que volver con él. Por un momento intenté resistirme, pero que podía hacer no era más que una simple convidada de doña Aurora, pero hubo algo que fue muy evidente, mí alegría se desvaneció, doña Aurora pensó que quizás ya estaba cansada de tanto jugar y que sería mejor volvernos a la casa lo más antes posible. Ellos tenían varios vehículos de los cuales siempre utilizaban dos, y esto eran una camioneta y una motocicleta, ¿Y a que no adivinan en que fue a buscarnos?, sí, en una motocicleta.¿Por qué?. En verdad no lo entendía ¿No sería mejor volvernos en un vehículos dónde todos fuéramos en asientos diferentes?. Me pareció extraño que no entrará a saludar a sus familiares, solo quedó afuera sentado sobre la motocicleta. ¡Qué horror!. No lo quería ni siquiera oler, tocar y muchos menos hablar. Esa noche todo se torno oscuro para mí, y al parecer no fue suficiente con solo verlo, si no que al momento de subirnos en aquella motocicleta doña Aurora me dijo las palabras más temibles. Ella me pidió que me sentará en frente de aquel hombre, esto no podía estar pasando, pensé. Mí cara se volvió pálida, sentí la necesidad de vomitar, el estómago me dolía, y lo peor era que no importaba si quería o no, solo debía obedecer. Ella me tomo por la cintura y me coloco en frente de aquel sujetó, mientras ella se sentó por detrás. ¡Por Dios!. El camino parecía ser largo de nunca acabar, para colmó tuvimos que hacer una parada dónde según ella iba a retirar algunas cosas, también quise bajar para no quedarme a solas con ese hombre pero ella respondió que me quedará.– "Noooo". – Grite por dentro, sabía que algo malo me sucedería pero no sabia muy bien qué, hasta ese preciso momento donde él comenzó hablar diciendo.– Si estás incómoda De'laila puedes subir un poco más encima.– Quedé dura, no movía ni siquiera un dedo, tampoco podía responder alguna palabra. De repente él acaricio mí cabello y preguntó.– ¿Por qué no has vuelto a mí casa?. Eso solo hizo que me doliera aún más el estómago pero yo me mantenía firme sin responder. – Estas muy grande. ¿Cuántos años cumpliras?.– Creí que me golpearía si seguía sin responder, entonces solo dije fríamente.– Siete. – Estás muy grande.– Respondió, solo miré hacia el frente y ya no dije nada más, en verdad no quería cruzar palabras con el, pero doña Aurora nunca acababa de realizar sus trámites y eso parecía aún más eterno. – Me han comentado que te ha pasado algo extraño la otra ves cuando fuiste a mí casa a pedir algo. – Esa pregunta nuevamente puso mis bellos de punta.– Cuéntame, ¿Que has visto De'laila?. ¿A caso has visto un duende como todos lo confirman?. – No.– Respondí tímidamente y con miedo. – ¿Un fantasma?. – No.– Volví a responder. – ¿O tal vez me has visto a mí haciendo algo malo?.– No podía creer lo sínico que estaba siendo en ese momento, aquello no era malo, era horrible. Volví a gritar dentro de mí pidiendo auxilio a todos los cielos, mientras pensaba ¿Y ahora que haré?. Mí salvadora no venía y yo me encontraba en manos de un monstruo. -¡Ah, De'laila, De'laila!. No debes de espiar por las ventanas, niña.– Mí corazón comenzo a latir cada vez más fuerte, parecía estar en mi garganta, la voz ya no salía por mí boca, mí mente se había nublado.– Dime, ¿Que te pareció lo que has visto?.– Que hombre más asqueroso, pensé y sostuve la mirada hacía el frente, esperando poder ver a doña Aurora. – Vamos, sube más arriba sobre mí pene.– Dijo. No puedo explicar el escalofrío que corrió mí cuerpo aquella noche, comenzé a gritar, gritar y gritar tanto así que doña Aurora salió de dónde se encontraba y fue corriendo hasta mí encuentro. – ¡Dios mío!.¿Que sucedió?.– Preguntaba mientras yo solamente lloraba. - ¡De'laila, hija!. ¿Dime que sucedió?. Habla niña.– No lo podía hacer, mis palabras desaparecieron. El monstruo de su esposo solo se defendió diciendo que yo quería ir con ella y que tuvo que reprenderme para que me tranquilizara. –"Mentira".– Decía dentro mío dónde en realidad nadie podía oírme. Sentía que el me estaban haciendo quedar como la culpable de todo, cuando en realidad la víctima era yo. Doña Aurora pidió a su esposo que nos llevará de imediato a mí casa, era lo que más deseaba. Me coloco en medio de ellos dos y en todo el camino doña Aurora me abrazó. No podía creer que ellos dos fueran tan diferentes y estuvieran juntos, por un lado uno quería hacerme daño y por el otro ella quería cuidar de mí. Llegamos a mí casa y ya mis ojos apenas se podían abrir de tanto llorar. Mí madre al verme se asustó, pensó que tal vez algo malo me había sucedido, y lo iba a suceder si no reaccionaba con aquel grito. Por mi parte solo abrace fuerte a mí madre, ya no quería salir de sus brazos. Por su parte doña Aurora intentaba explicar a mí madre que su esposo me había retado y que por aquel motivo me encontraba en ese estado. Mí madre entro a la casa conmigo y no tardó en recordarme que solo era una niña y que solamente debía obedecer a los mayores, en realidad no la oía, estaba aturdida, solamente quería estar a salvó en mí casa, junto a mí madre, y agradecía por volver a estar con ella, sabía que allá afuera no estaba segura y que alguna cosa mala podía llegar a suceder, pero trataba de no pensarlo porque al fin había vuelto a casa.
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