Después de lo que había sucedido ya no quise seguir yendo a la casa de doña Aurora, en un cierto sentido sentí que me dieron una lección para que así permaneciera más dentro de mí casa aunque eso no justifica que se deba tocar a una niña.
El tiempo solo había demostrado que ya no era tan alegre como lo era antes, mí madre estaba preocupada ya no sabía cómo ayudarme, tampoco le podía contar lo que aquel asqueroso me había hecho, sabía que ella ni nadie me creería.
En la escuela ya no podía confiar en nadie, solamente en Lety y sus hermanos, no podía volver a confiar en ningún adulto, sentía que todos querían hacerme daño.
Un día de los cuales me sentía incapaz de asistir a la escuela, dije a mí madre si podía faltar, en verdad mí capacidad mental estaba agotada y mí cuerpo no respondía a ningún tipo de emociones, no perdía nada con preguntar aunque sabía que ella no me lo permitiría.
– Mamá, no quiero ir a la escuela.
– ¿Por qué motivo?.– Pregunto mientras limpiaba.
– Me siento mal.
Ella solo siguió en sus actividades y me respondió.– No, De'laila ya vienes faltando mucho, tienes que ir.– Sabía que su respuesta sería esa pero como había dicho no perdía nada con preguntar.
Me llevó de la mano como solía hacerlo, por el camino solo podía sentir como mí cabeza daba vuelta, no sabía porqué, pero ya sabía que ella no regresaría a casa conmigo.
Ingresé a la escuela, saludamos a la bandera y al sentarnos dentro del aula en forma circular, tuve la sensación de que el aula giraba al rededor de todos, no podía centrar mí mirada, no podía controlar mí mente, me sentía muy mal.
– ¿De'laila te sientes bien?.–Pregunto Lety.
– Creo que...no.– Al responder sentí como algo subía por mí esófago y fue ahí cuando vomite y empape todo el piso con fideos mesclados con el desayuno que había tomado en la mañana, fue la peor vergüenza de mí vida.
Todos comenzaron a reír, y por si no fuera poco uno de los niños se levantó y comenzó a cantar al rededor mío.– "Uno, dos, tres"...y cuando llegaba donde estaba yo, hacía gestos horrendo burlándose de mí.
No le preste atención a sus burlas solo quería regresar a mí casa.
Mí madre no regreso a buscarme, y los directivos no tenían como comunicarse con ella, es asi que una personal de limpieza se ánimo a llevarme, ella también se encargaba de hacer otros tipos de trámites en el lugar.
No recuerdo de que hablamos por el camino, solo recuerdo levantar mis pesados pies uno tras otro con mucha dificultad, ya no tenía fuerza para nada, mis ganas se encontraban por el suelo, la pobre mujer que me acompañaba tampoco podía alzarme pues tal vez yo era demasiado pesada para ella.
Llegamos a destino y para mí suerte no había nadie en mí casa, no estaba enterada de que saldrían, tal vez por eso me enviaron a la escuela a la fuerza.
Lo que si sabía era que aquella mujer no podía regresar conmigo al establecimiento, no en ese estado en el que me encontraba, además ya faltaba poco para que fuera el horario de salida, decidimos hacer un arreglo entre las dos, yo me quedaría en mí casa esperando a que mí familia regresará y ella volvería a la escuela si mí.
Por mi parte me encontraba muy cansada para regresar y ella debía terminar su horario de trabajo para regresar a su casa, así que tomé asiento sobre una banca que estaba afuera y solo esperé a que mí familia regresará.
Se había ido el atardecer y mis padres no volvían.
Comencé a llorar repentinamente desconsolada, tenía miedo de ser abandonada. Coloque mis manitas sobre mí rostro y comenzé a gritar.– ¡Mami, mami, mami!.– Una y otra vez sin descansar, de todas forma no funcionó, ella jamás me escuchó.
El sol se había escondido y las estrellas comenzaron a brillar, yo me encontraba aún muy solita, no entendía porque mis padres no regresaban, había perdido la esperanza cuando de repente puedo observar en medio de la oscuridad del patio de mí casa la silueta de un par de personas las cuales se acercaban a mí.– ¿Mami?.– Pregunté llorando.
– ¿De'laila, que haces afuera?.
– ¡Mami, te extrañe!. ¿Por qué me dejaste?.– Respondí con otra pregunta.
Ella solo me abrazo, sabía que estuve llorando.
– Tengo algo para ti.
Sumergió sus manos dentro de una bolsa y dentro de ella sacó una muñeca de tés oscura, era muy hermosa, jamás había tenido una como esa. Cuando la ví sentí que éramos tal para cual, la tomé entre mis brazos y la bautice con el nombre "Didi". A partir de aquel día ella fue mí confidente y mí segunda mejor amiga. Fue el mejor regalo que mí madre me había dado.
Pasaba horas y horas jugando con ella, mí madre se sentía orgullosa de haber encontrado algo de mí agrado.
Iba detrás de mí casa y con piedras inventaba una mesa, la sentaba alado mío y juntas hacíamos delicias de barro. Un día mientras me encontraba jugando en el patio de mí casa con Didi observé como algunas personas comenzaban a llegar en casa de doña Aurora. No sabía si estaban celebrando algo, al parecer sí pues todos venían muy bien arreglados, y con regalos en la mano, no le dí mucha importancia y continúe jugando.
Aurora tenia un nieto a quien lo llamaban Lucas, ella me había llevado aquel día trágico a la fiesta de él.
Lo ví pasar de la mano con su madre, una mujer muy hermosa por cierto la cuál parecía no dejar que mirara hacia mí casa, en aquel momento no entendía porqué, en fin ella ingreso al interior de aquella casa y el niño quedó afuera mirandome como jugaba con Didi, solo trate de ignorarlo, no quería tener nada que ver con aquella familia, aún tenía mucho miedo por lo que había sucedido, así que tan solo lo ignoré.
Mí madre tenía una jardín de flores detrás de la casa era el lugar donde me gustaba jugar, eran hermosas margaritas, blancas, rojas, lilas, de diferentes colores.
Estás cubrían gran parte de la medianera, pero aún así en aquel momento no pude evitar ver qué aquel niño se encontraba escondido observándome.– ¿Que quieres?.– Pregunté casi enojada.
– Lo bellas son.
– ¿Las flores?.
– No... Tú y tú amiga.–Sonreí como hace mucho no lo hacía, que tontería decía.
De pronto recordé que no podía relacionarme con familiares de aquel monstruo, así que decidí volver mí sonrisa hacia adentro, mostrale una cara fea y largarme de allí.
Apesar de que no fue más que un acoso, sentía que aquel hombre me había desgraciado la vida, me sentía miserable, temerosa con miedo, un miedo que no lo podía comparar, sentía que todos querían hacerme daño por eso había decidido en aquel momento no jugar con aquel niño, aunque el no tenía la culpa, pero su abuelo sí y eso lo ensuciaba a él también.