El monasterio capítulo 1

1690 Palabras
 "Si el diablo no existe y ha sido creado por el hombre, éste lo ha hecho a su imagen y semejanza." — Dostoyevsky. Nuestras segunda historia comienza en 1973 en la iglesia "nuestra divina gracia" situada en un pueblo muy religioso llamado "Tarazona", los niños de la coral llenaban el ambiente con sus voces angelicales transformadas en cánticos armónicos que colmaban de paz y quietud a todos los feligresía presente en la misa dominical que se celebraba muy temprano en la mañana, las velas encendidas iluminaban con fervor los altares de los santos elaborados en yeso, los monaguillos impregnaban alegremente toda la catedral con oloroso incienso haciendo mover sus navetas en forma de péndulo para que el humo llegase a todos los rincones del lugar. La ceremonia de ese domingo tenía un factor muy especial, el cual era dar la bienvenida a el señor Ernesto Brompie quien sería el nuevo cura de la parroquia luego del lamentable fallecimiento del anterior cura. Era el inicio de una nueva época en el pueblo, y obviamente todos los creyentes en cristo querían estar presentes, ese día la iglesia estaba completamente llena, algo que no sucedía desde hace mucho tiempo. La emoción de un nuevo comienzo podía sentirse en el aire y en la sonrisa contagiosa de los habitantes del pueblo quienes alegres acompañaban a la coral cantando en unísono dando gracias a Dios por permitirles estar allí ese día. El cura Brompie era un hombre de baja estatura que usaba lente y era bastante carismático, era de piel blanca y cabello oscuro llevando siempre su típica sotana negra con su respectivo alzacuello blanco que daban esa conocida imagen de hombre religioso. Había llegado el día anterior proveniente de un solitario monasterio a las afueras del pueblo el cual era muy misterioso debido a que se sabía muy poco de este templo puesto que eran bastante exclusivos a la hora de permitir el accesos a personas ajenas al ámbito sacerdotal. Esa mañana de domingo luego de un hermoso recital de los niños de la coral eclesiástica, Ernesto Brompie se disponía a comenzar lo que sería su primera misa como nuevo cura del pueblo tomando con devoción el cáliz con vino y trozo de pan con el que iniciaba la ceremonia diciendo: — Queridos hermanos. Dios en su inmensa sabiduría ha decidido reunirnos hoy aquí en su casa para celebrar con regocijo el milagro de estar vivos — decía a través del micrófono mientras elevaba el cáliz junto al pan a la vista de todos los feligreses presentes. Un pequeño niño desnudo de aproximadamente diez años de edad, y con el cuerpo totalmente cubierto entre lodo y heces, se acercaba cojeando a la iglesia arrastrando el cañón de un potente rifle de asalto contra el suelo produciendo ese inquietante sonido que se genera al rozar metal contra la cerámica en el piso de la iglesia. Todos los habitantes del pueblo sentados en las bancas miraban con horror y extrañeza al niño salido de la nada que caminaba con dificultad a través del pasillo central debido a la profunda herida en uno de sus tobillos, pero aún así no se detuvo hasta llegar ponerse frente a frente con el cura quien solo lo miraba sin decir palabra alguna, la expresión en su rostro reflejaba determinación absoluta, ese niño como pudo logró apuntar con el arma de fuego al hombre religioso que lideraba la mira dominical, y halando del gatillo produjo un poderoso disparo que destrozó de manera inmediata el pecho del cura Ernesto Brompie ocasionando que miles de pequeños trozos de su carne y piel volaran por todo el lugar mientras la sangre esparcida viaja a gran velocidad manchando de pies a cabeza a los inocentes monaguillos que miraban horrorizados como el sacerdote caía muerto mientras todos los feligreses corrían envueltos en pánicos tratando de abandonar la iglesia de la manera más rápida posible, algunos de ellos cayendo en el camino, y siendo pisoteados por las demás personas que huían despavoridos debido a la infernal escena. El cura Ernesto Brompie ahora solo era una bolsa de carne y huesos que había comenzado su proceso de descomposición, un cadáver con un enorme hoyo en el pecho causado por la bala al pasar generando estragos en sus tejidos, el problema con la mortalidad del hombre es que somos increíblemente vulnerables a la muerte. El niño finalmente sonrió aliviado, había logrado su cometido a pesar de las dificultades, y todo lo que tenía en su contra, se sentó en las escaleras que daban justo hasta el altar mayor dónde yacía el cadáver del cura, los monaguillos aprovecharon el momento para salir corriendo, llorando, y llamando a sus madres con un terror en sus cuerpo como nunca habían sentido. El niño tomó el rifle, se aseguró que estuviera cargado, colocó el cañón apuntado directamente a su mentón y sin pensarlo mucho se disparó esparciendo sus sesos por todo el lugar acabando con su vida de manera inmediata dejando todo un rompecabezas repleto de preguntas para los agentes de investigación forense que llegarían poco tiempo después completamente desconcertados, y sin entender en lo más mínimo lo que habían sucedido en ese lugar. La sagrada casa de Dios se había convertido en toda una escena del crimen acordonada con cita amarilla, agentes de investigación tomaban fotos de los cadáveres para iniciar las averiguaciones correspondientes en el caso que los oficiales Flores y Salgado hablaban acerca de lo ocurrido. — Hombre blanco adulto de cuarenta y tres años, religioso, asesinado en plena misa por un niño de diez años salido completamente de la nada, sin ningún tipo de identificación, totalmente desnudo, y para hacerlo aún más extraño, el niño tiene todo el cuerpo cubierto de heces fecales; sería imposible tratar de reconstruir lo que pasó aquí — dijo el oficial Eduardo Flores mirando de cerca el cadáver de Ernesto Brompie. — No sé tú Flores, pero a mí esto me parece un caso claro de p*******a — dijo el oficial Ignacio Salgado exponiendo su punto de vista — todo cuadra, el niño con la escopeta queriendo vengarse por lo que le hicieron, el hombre religioso con pasado desconocido que nadie sabe de donde salió. — Pero es que si sabemos de donde salió el cura Ernesto Brompie — expresó el oficial Flores — vino a esta iglesia proveniente de un monasterio a las afueras del pueblo. — ¿Hablas del misterioso lugar que parece abandonado, oculto en la montaña? — preguntó el oficial Salgado con extrañeza. — ¡Exacto! si tu teoría es cierta, y en ese lugar están abusando de los niños de alguna manera entonces debemos investigar ese monasterio cuanto antes — dijo el oficial Flores. — ¿Cómo diablos piensas hacer para entrar en un monasterio repletos de curas a investigar algo sin que ellos lo noten? — preguntó Salgado poniendo en duda la brillantes en el plan de su compañero. — Pues obviamente infiltrando a uno de nuestros oficiales para que investigue desde adentro — respondió el oficial Flores. — ¿Te has vuelto loco Flores? — preguntó el oficial Salgado retóricamente — para eso necesitaríamos a un hombre que como mínimo, sepa algo de catequesis. — Te tengo al hombre perfecto para este trabajo querido Salgado — dijo el Eduardo Flores mirando al oficial Salgado dando a entender como si la respuesta fuera bastante obvia. — No... no él no — respondió con negatividad el oficial Salgado — ¿te has vuelto completamente loco? El agente Tommy Negredo lavaba su cara en uno de los lavamanos dentro del baño de la comandancia, tenía treinta y siete años, usaba el cabello un poco largo, su piel era blanca, y su contextura era delgada. Su pasado era bastante confuso puesto que fue cura por muchos años del pueblo donde nació, pero decidió dejar de creer en Dios cuando una trágica noche un ebrio entró a la casa de sus padres asesinándolos sin que nadie pudiera hacer nada para salvarlos, fue entonces cuando decidió hacer una carrera como oficial de policía, pero muchos de su compañeros le tenían miedo debido a su comportamiento extraño, incluso muchos aseguraban que él mismo Tommy les había confesado que veía a sus padres muertos perseguirlos, por esa razón muchos lo tildaban de loco e incompetente para la responsabilidad que llevaba de establecer el orden y la justicia. Tommy Negredo terminaba de lavar su rostro en el lavamanos cuando sintió la presencia de alguien parado a sus espaldas, pero al voltear se dio cuenta que estaba completamente solo en ese baño. — Otra vez no por favor — se dijo a sí mismo cerrando sus ojos con fuerza mientras lavaba su rostro con mucha más agua. La personalidad de Tommy era la de un tipo callado, siempre sereno, inexpresivo ante la mayoría de las situaciones, bastante serio, de ese tipo de personas a las que no recuerdas haberlas visto sonreír nunca, pero a pesar de eso siempre cumplía con su trabajo de manera perfecta. El agua en su rostro se deslizaba en forma de gotas cayendo lentamente, gritos de clamor comenzaban a escucharse en sus oídos aumentando paulatinamente diciendo con desespero la frase "ten piedad" una y otra vez hasta hacerse insoportables atormentando la mente de Tommy, de manera abrupta la imagen de un hombre enfermo, y físicamente deteriorado con una vía para medicamentos en su muñeca apareció de la nada diciendo — Ya terminé — con voz agonizante luchando contra el oxígeno entrante en su nariz a través de una delgada manguera de plástico. Era el espectro de su padre fallecido atormentándolo una vez más provocando los gritos de terror de Tommy Negredo quien se lanzó al suelo en posición fetal mientras tocaban sus hombros en ocasiones sucesivas como si quisieran llamar su atención. — ¡Negredo, Negredo! — decía el oficial Estrada quien era colega de Tommy Negredo agachado a su lado mirándolo con cara de preocupación — ¿estás bien? el jefe te solicita en su oficina. — ¡Si, claro. Estoy bien — respondió Tommy Negredo mirando en todas direcciones con la respiración agitada, y el corazón latiendo a una velocidad increíble.
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