El monasterio capítulo 2

1175 Palabras
"Cada uno somos nuestro propio demonio y hacemos de este mundo nuestro propio infierno." – Oscar Wilde. La oficina del jefe relucía de limpia impregnada de aromatizantes de frambuesa que la chica de limpieza acaba de rociar, Gonzalo Perea era el jefe inmediato de Tommy, y quien asignaba las misiones que debía cumplir éste. Gonzalo era un hombre un poco obeso con mucho vello en sus brazos y mentón, siempre estaba de mal humor, sobretodo cuando sucedían hechos lamentables como lo ocurrido esa mañana en la iglesia del pueblo. — Buenas tardes señor Perea, me dijeron que quería verme — dijo Tommy abriendo la puerta de la oficina para asomarse a media. — Si Negredo, en efecto, precisamente contigo quería hablar — dijo Gonzalo Perea buscando algo en su escritorio — por favor, pasa y toma asiento. — Me parece extraño que me este llamando personalmente, señor — expresó Tommy Negredo mientras tomaba asiento frente a ese escritorio. — Esto sucedió esta mañana en la iglesia de este pueblo — dijo el jefe colocando unas fotografías de los cadáveres sobre el escritorio — el cura Ernesto Brompie, asesinado por un niño desconocido en su primer día como clérigo de esta parroquia. Los cuerpos repletos de sangre en el suelo, el horror de la muerte en sus rostros, el olor de carne descomponiéndose que se desprendía de esas imágenes perturbaba a Tommy quien no podía dejar de sentir ese sentimiento extraño nuevamente invadiéndolo, desde que sus padres murieron él no había vuelto a ser el mismo. — ¿Qué presumen ustedes que haya pasado? — preguntó Tommy un tanto inquieto tratando de que su jefe no notara su extraño comportamiento. — Bueno Tommy, para nadie es un secreto todos los escándalos que han enfrentado algunos sacerdotes debido a acusaciones de haber cometido p*******a — divagó el jefe Perea exponiendo una posible razón para lo sucedido. — ¿Un crimen pasional o simple venganza? — preguntó Tommy de manera sarcástica. — Por favor Tommy, estamos hablando de un tema muy serio — exclamó el jefe un poco molesto por la actitud del oficial Tommy Negredo. — Yo estoy hablando muy seriamente Gonzalo — dijo Tommy tuteándolo — tú sabes muy bien que no soy el más indicado para este caso, odio a los pedófilos. — El cura Brompie vino procedente de un misterioso monasterio del cual no sabes técnicamente nada debido a su exclusividad — explicó Gonzalo — por eso necesitamos a alguien que se pueda infiltrar fácilmente en su círculo de curas poderosos, y averigüe porque ese niño lo siguió desde tan lejos en esas condiciones solamente para matarlo. — Le repito nuevamente señor, soy la persona menos indicada para esta misión — insistía Tommy Negredo negándose a entrar a ese monasterio. — Fuiste cura por casi diez años, sabes todas las oraciones, todos los rituales, y demás cosas que debe saber un hombre de Dios, eres la persona perfecta para realizar esta tarea — afirmó el jefe Gonzalo Perea. — Lo siento jefe, pero yo no quiero hacer esto — confesó Tommy Negredo de manera decidida. — Lamento decirte Tommy, que esa no es tu decisión, te vas mañana mismo apenas terminen de tramitar los papeles para que ingreses — dijo con autoridad el jefe Perea mientras encendía un cigarrillo — diremos que eres un cura que busca regresar a los caminos de Dios y esas cosas, esperemos que sea suficiente para que confíen en tí. — Pero jefe... — alcanzó a decir Tommy antes de ser interrumpido abruptamente por Gonzalo. — Vas a hacerlo y fin de la discusión, ahora sal de mi oficina y espera en tu casa hasta que vayan por tí — ordenó el jefe gritando con autoridad. — Cómo usted ordene señor — respondió Tommy con desprecio levantándose molesto de la silla, y abandonando la oficina de su jefe. Tommy Negredo era un hombre solitario que vivía en un conjunto de apartamentos rodeado de personas que no conocía, siempre salía de ese lugar sin saludar a nadie, igualmente al llegar. No tenía amigos, o personas conocidas con las cuales pudiera hablar, solo con su soledad, ermitaño en su pequeña burbuja, amo de su propia melancolía. Esa noche, sus vecinos lo vieron llegar a su apartamento, y encerrarse en él como era costumbre sin saludar a nadie. Una vez dentro del lugar donde vivía se dispuso a preparar un poco de café para evitar caer fulminado por el sueño inmenso que pesaba en sus parpados productos de noches seguidas sin dormir debido a las horrendas visiones que atormentaban su alma cuando apenas bajaba la guardia. El agua comenzaba a hervir lentamente expulsando pequeñas burbujas que paulatinamente se transformaban en una nube de vapor que anunciaban estar lista para preparar el café, mientras Tommy solamente yacía sentado en el mueble de su sala tratando de no quedarse dormido, luchando contra el sueño que pesaba al igual que pesan dos toneladas de tierra directo sobre sus ojos, sus parpados descendía en caída libre chocando uno contra otros, una y otra vez, sobre sus hombros se trepaban la fatiga y el cansancio generando una mezcla insoportable de insomnio, y ganas de dormir. Finalmente perdería la batalla contra morfeo, el dios del sueño, mientras el agua se desgastaba a medida que se evaporizaba en el ambiente. Horrible y tenebrosas sombras se acercaban a él lentamente en forma de tormenta oscureciendo todo en el apartamento de manera gradual mientras se acercaba cada vez más a Tommy quien yacía dormido en el mueble, ruidos infernales comenzaban a escucharse a medida que esas sombras lo cubrían por completo. Fuera del departamento de Tommy Negredo, los asustados vecinos escuchaban con terror como un infernal escándalo salía proveniente de la habitación, los ruidos ensordecedores, iban desde rugido de bestias, pasando por lamentaciones, hasta llegar a un incendio, fuego feroz que parecía estar consumiendo el apartamento de ese oficial lo que obviamente causó la reacción de todos los habitantes del condominio, quienes salieron preocupadamente en su ayuda comenzando a golpear con fuerza la puerta de el apartamento que habitaba, y del cual parecía estar saliendo humo. — Seguramente se quedó dormido con el televisor a todo volumen, y dejó algo quemándose en la cocina — dijo una de vecina buscando un explicación al descomunal ruido estremecedor que salía de ese lugar. Pero era imposible que una televisión pudiera escucharse tan fuerte, y mucho menos con sonidos tan nítidos e inquietantes, debían entrar cuanto antes al sitio para descubrir la razón de tanto alboroto. Varios hombres golpeaban la puerta fuertemente utilizando sus hombros hasta que ésta finalmente abrió, pero lo que verían esa noche dentro de ese apartamento, marcaría la vida de todos para siempre. Una nube de humo n***o impregnaba el ambiente con una desagradable fragancia a carbón, y pólvora. Tommy Negredo estaba tirado en el piso completamente desnudo, el piso estaba inundado de heces fecales y orina mientras él estaba atado a una enorme barra de hielo utilizando su cinturón y mientras balbuceando desesperado, la frase: — Vade retro Satanás.
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