Por siempre... - Hemos llegado, señora Miranda. - Tomás... - Me regañó.- No seas un cavernícola. Llevo siete años negándome a usar tu apellido. ¿Qué te hace pensar que ahora aceptaré? Saqué la venda de sus ojos y el silencio fue lo que continuó a sus palabras. - Dime... Dime qué te parece.- Le pedí. Me había esforzado en prepararle una linda sorpresa. Me había costado, porque ya no tenía tiempo, entre el trabajo, entre Leonor, y entre Sofía y Nicolás, no quedaba tiempo para organizar sorpresas. Por lo mismo, me encargaba de salir antes de la oficina y comprar lo necesario. Luego lo escondía en el auto hasta llegar a nuestra casa y dejarlo en la cochera. - Es... Guau... ¿Cómo lo hiciste?- Se volvió y se colgó de mi cuello. Solté una carcajada y la abracé por la cintura, atrayéndola ha
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