Me siento un poco idiota porque he estado flipando en lo que restó de la semana con ese simple y escueto “Gracias” de Oliver ante mi aceptación, y ni yo sé por qué. Como se lo pidiera, no volvió a enviar a su ayudante de limpieza; sin embargo, la mujer me dejó el piso como una taza de plata, además de un bol nuevo de frutas frescas y refrigerador lleno de comida preparada para que no tuviera que cocinar hasta la siguiente semana. Así que, pese a mi renuencia me he estado alimentando bien. En otras circunstancias estaría muy agradecida, y en el fondo lo estoy, pero de momento, tengo que ser precavida. Mi padre me ha impuesto demasiadas reglas y a veces me pregunto si en realidad quiere que mejore y sea feliz o todo lo contrario y me hunda en mi misera mental. Eso solo provoca que con más

