Centro Penitenciario de Soto del Real, Madrid – Sala de visitas restringida *DÍAS DESPUÉS DE LA SENTENCIA* La puerta metálica se cerró con un chirrido seco tras el guardia. El reloj marcaba las 17:03. Biannca, con una chaqueta beige y gafas oscuras, respiró hondo antes de avanzar. Había algo solemne en su andar. No era miedo. Era una mezcla de determinación y ternura contenida. Al otro lado del cristal antibalas, un hombre con el rostro cansado y vendajes visibles en la pierna y el costado esperaba en silencio. El Cuervo, ahora simplemente Leonardo Creel, lucía menos amenazante sin su chaqueta negra ni su aura intimidante. Llevaba un mono gris de preso y el rostro serio, pero había algo nuevo en sus ojos: arrepentimiento Biannca se sentó con calma frente a él. Tomó el teléfono del auric

