Siente mi polla dura

1750 Palabras
LAURA No podía concentrarme mientras atendía a los clientes. Sentía esas miradas intensas clavadas en mí. Blake no me quitaba los ojos de encima, y eso hacía que el corazón me latiera tres veces más rápido. Los nervios me traicionaban. Al menos agradecía que no intentara acercarse. Intenté ignorarlo, pero ya llevaba casi tres horas en el bar, bebiendo, observando cada uno de mis movimientos. Ya no lo soportaba. Esa mirada me ponía incómoda y, al mismo tiempo, me hacía sentir nerviosa, atrapada. Me acerqué a mi compañera y le dije que iba al baño. Necesitaba calmarme. Cuando entré, por fin pude respirar. Cerré la puerta, apoyé las manos en el lavamanos y me miré en el espejo. Mi rostro lo decía todo. Cansancio, aunque el bar no estuviera tan lleno. —Relájate, Laura. Ignóralo. Esta noche terminará pronto. Aguanta un poco más. Todo irá bien —me dije en voz baja, tratando de convencerme. Cerré los ojos. Respiré hondo. Una vez. Dos. Tres. Pero los abrí de golpe cuando oí el chirrido de la puerta abriéndose. Me giré, tensa... y ahí estaba él. —Hola, Laura. Me alegro de verte de nuevo —dijo Blake con una sonrisa lenta, casi estudiada. Mi corazón, que recién empezaba a calmarse, volvió a agitarse con fuerza. Me quedé mirándolo, atónita. —¿Qué haces aquí? —pregunté, tartamudeando. Tragué saliva cuando vi que cerraba la puerta y daba unos pasos hacia mí. Giré el cuerpo para enfrentarlo. No se detuvo hasta que solo quedaba un paso entre nosotros. Esa sonrisa suya seguía ahí, mientras su mirada recorría mi cuerpo de arriba abajo. Nuestros ojos se cruzaron de nuevo. Sentí que la garganta se me secaba. No podía tragar. Blake me miraba como si pudiera ver a través de mí. —¿Cómo has podido marcharte así? Esperaba ver tu rostro al despertarme y luego abrazarte. Pero te has ido sin decir nada —dijo sin apartar los ojos de mí. Dio otro paso, y ya estábamos prácticamente pegados. El aroma de su colonia me envolvió de golpe. Masculino, inconfundible. Vi cómo sus ojos bajaban de mi rostro a mi pecho. No estaba desnuda, pero la forma en que me miraba… sentí que lo estaba. Aunque, claro, él ya lo había visto. Y no solo lo había visto. Lo había probado. Me maldije por pensar eso. No era el momento. Lo oí reírse. Lo miré de inmediato. —Apuesto a que estás pensando en algo sucio —dijo, haciéndome sonrojar. Retrocedí un paso, pero me detuve al sentir el lavamanos en mi espalda. Blake lo notó. Su sonrisa se ensanchó aún más. —¿Por qué intentas alejarte de mí? Anoche me abrazaste con fuerza, como si no quisieras soltarme nunca... —¡Cállate! —lo interrumpí con rabia. —¿Qué más quieres de mí? Anoche conseguiste lo que querías, ¡así que déjame en paz! —le solté, apretando los dientes. Pero volvió a acercarse. Nuestros cuerpos se tocaron. Me dejó sin aliento. Al ser más alto, se inclinó y me susurró al oído: —¿Y si te dijera que una noche no fue suficiente? El escalofrío me recorrió la espalda. Mis ojos se abrieron de par en par. No. No podía dejar que él viera cuánto me afectaba. Respiré profundo, reuní todas mis fuerzas... y lo empujé con firmeza. Solo dio un paso atrás, pero bastó. Esa mínima distancia entre los dos me permitió recuperar algo de control. * TERCERA PERSONA Laura no pudo evitar sentirse molesta por la sonrisa que Blake le dedicó. Era como si la estuviera insultando, y eso le hizo hervir la sangre de rabia. Entrecerró los ojos al encontrarse con la mirada de Blake. Vio diversión en sus ojos, y eso solo la enfureció aún más. No podía creer que hubiera dejado que ese imbécil se la follara. ¡Maldito seas, Vodka! —Será mejor que me dejes en paz ahora mismo o llamaré a seguridad para que te saquen a rastras—, dijo con convicción, pero Blake solo negó con la cabeza. —¿Se supone que eso me va a asustar? Adelante. Llama a seguridad—. Blake bajó entonces la mirada hacia los labios de ella y se humedeció el labio inferior. —Cariño, tu amenaza no me asusta en absoluto. Y, sinceramente, me importan un carajo. Les contaría todo lo que pasó entre nosotros anoche. Incluso se lo contaría a tu novio. Apuesto a que le encantaría escuchar mi versión—, continuó mientras levantaba la cabeza y la miraba a los ojos. Laura apretó los puños. —Ni se te ocurra—, dijo entre dientes. Blake sonrió con aire burlón. —Oh, no tienes ni idea de lo que estoy dispuesto a hacer, cariño—. Se acercó a ella de nuevo. —Lo sé todo sobre ti, Laura. Tus padres, su trabajo, tus amigos y tu querido Daniel. Incluso podría hacerme amigo suyo si quisiera. —¿Qué quieres de mí? —¿Y si te dijera que tú eres lo que quiero? ¿Y si te dijera que lo que necesito es tu cuerpo? ¿Qué harías al respecto, Laura? Laura apretó aún más los puños. —Lo que pasó anoche fue un error. Y no tengo intención de repetir ese error. Déjame en paz, Blake. Si quieres una compañera de juegos en la cama, búscate a otra. Porque yo no quiero volver a jugar con fuego—, respondió con valentía y volvió a empujar a Blake antes de dirigirse hacia la puerta. Cada paso que daba Laura era enorme. Ya estaba agarrando el pomo de la puerta cuando Blake la detuvo. Antes de que pudiera quejarse, Blake estaba detrás de ella. Y con movimientos rápidos, maniobró su cuerpo hasta que Laura se apoyó contra la puerta cerrada del baño, frente a Blake. Y antes de que se diera cuenta, tenía ambas manos por encima de la cabeza. Blake las sujetó con fuerza para que no pudiera empujarlo de nuevo. Sus cuerpos y rostros estaban tan cerca que Laura ya podía sentir y oler el aliento caliente de Blake. Los ojos de Laura se agrandaron cuando Blake presionó su cuerpo contra el de ella, haciéndola sentir su virilidad. —¡Esto es acoso s****l!—, dijo enfadada. Pero Blake ni siquiera se inmutó. En cambio, solo presionó su cuerpo más cerca de ella, haciéndola temblar. —Suéltame, Blake. ¡Te demandaré por esto!—, le amenazó de nuevo, pero no pareció surtir efecto, ya que Blake seguía sin soltarla. En cambio, solo apretó más fuerte sus manos. —Deja de amenazarme, Laura. No funcionará—, dijo Blake, y sus ojos volvieron a bajar de su rostro a su pecho. —Estás muy sexy con este uniforme. Me dan ganas de hacerte cosas sucias—, dijo Blake en un tono muy sensual mientras movía la parte inferior de su cuerpo, dejándola sentir su p0lla dura. —Aléjate de mí—, dijo ella apretando los dientes. Pero la mano de Blake soltó las de ella y bajó para acariciar su muslo, lo que la hizo jadear de sorpresa. —¿Qué c0ño estás haciendo?—, preguntó, casi gritando. —Ah, esa es la reacción que quería—, dijo Blake con una sonrisa burlona. Y como la minifalda que llevaba ni siquiera le llegaba a las rodillas, la mano de Blake se deslizó inmediatamente dentro de ella. —¡Oye!—, le gritó ella, pero Blake fingió no haber oído nada. Blake le acarició suavemente el muslo, lo que la hizo jadear de nuevo. Su mano estaba caliente. Estaba ardiente. Ardía con el mismo calor que le había hecho sentir la noche en que habían tenido sex0. Y, por alguna razón desconocida, esa caricia tuvo un efecto diferente en ella. Todo su cuerpo se calentó. De repente, empezó a sudar y no le gustó la sensación. —Estás empezando a sentirlo, ¿verdad? —le susurró Blake al oído—. Es como anoche. Sigues diciendo que no, pero en el fondo, sigues queriendo entregarme tu cuerpo sin reservas. * LAURA Quería abofetearme. Porque, lo admitiera o no, todo lo que Blake había dicho era verdad. Era como si mi cuerpo tuviera voluntad propia y solo obedeciera a Blake. —Ríndete, Laura. Deja de huir de mí. Deja de huir del placer que solo yo puedo darte. Acéptame. Y toma lo que tu cuerpo realmente desea. Cerré los ojos mientras sus caricias subían por mi muslo, acercándose a ese lugar que me hacía perder la razón. Pero antes de que llegara, apreté las piernas con fuerza. No. Mientras me quedara una pizca de cordura, no iba a ceder. No podía. La garganta me ardía, pero me obligué a hablar, a fingir que tenía el control. —Te lo repito: lo de anoche fue un error. Un error que no quiero repetir. Así que déjame en paz —dije con firmeza, aunque por dentro temblaba. Blake sonrió, esa sonrisa burlona que me sacaba de quicio. Me sostuvo la mirada, desafiante. No la aparté. Suspiré aliviada cuando finalmente soltó mis manos y retrocedió, levantando las suyas como si se rindiera. —No puedo creer que la mujer que anoche gritaba mi nombre y me rogaba que la f0llara sea la misma que está frente a mí ahora —soltó con desdén. Respiré hondo y me recompuse. —La mujer con la que estuviste anoche no estaba en sus cabales. Estaba borracha y no sabía lo que hacía. Ahora que está sobria, se arrepiente del error que cometió —dije con valentía, aunque dolía admitirlo. Cuando volví a alzar la vista, lo miré directamente. Mi mirada era hielo. La suya seguía siendo juguetona. Como si nada de esto le importara de verdad. —Hazme un favor, Blake. No me molestes más. Si quieres acostarte con una mujer, búscate a otra, porque no vas a poder convencerme de que vuelva a acostarme contigo —le dije, y sin esperar respuesta, le di la espalda y abrí la puerta. Ya estaba fuera cuando su voz me alcanzó de nuevo. —Lo siento, pero no puedo hacerlo, Laura. Nunca he querido nada que no haya conseguido —dijo, esta vez serio. Sentí un nudo en el estómago, pero me obligué a seguir caminando. —Bravo, Laura. Bravoo —me dije a mí misma, con el orgullo apretado en el pecho, mientras me dirigía al bar.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR