Llamada ardiente

1874 Palabras
LAURA Me desperté sintiéndome renovada. Me levanté y estiré el cuerpo con los ojos aún cerrados, y cuando los abrí, los cálidos rayos del sol me saludaron de inmediato. Sonreí y dije: —Ah, qué buen tiempo hace hoy. Miré mi móvil en la mesita de noche justo cuando sonó. Lo tomé y mi sonrisa se amplió al ver un mensaje de Daniel que decía: “Buenos días” y “Te amo”. Le respondí de inmediato, saludándolo también. Después de enviar el mensaje, hice la cama y salí de mi habitación. Me dirigí directamente a la cocina, donde vi a mi madre cocinando. La abracé por detrás y le di un beso en la mejilla, lo cual la sorprendió. —No me des sustos así—, me dijo. Solo solté una risita. Me alejé de ella y fui al fregadero para lavarme la cara y hacer gárgaras. Cuando terminé, volví con mi madre y miré lo que estaba cocinando. Mis ojos se iluminaron al verlo. —¡Hamburguesas!—, exclamé. Ella sonrió y negó con la cabeza. —Sigues comportándote como una niña. Fruncí el ceño. —Mamá, las hamburguesas no son solo para niños—, respondí. Ella se rió. —Da igual. Siéntate ahí. Ya casi he terminado—, dijo con una pequeña sonrisa. —¿Y papá?—, pregunté mientras esperaba pacientemente a que sirviera. —Se ha ido hace un rato. Dijo que tenía que hablar de algo con tu tío Hector. Asentí con la cabeza y empecé a comer. Después de comer, guardé el plato, la cuchara y el tenedor en el fregadero. También ayudé a mi madre a limpiar toda la casa. Cuando terminamos, decidí darme un baño. Me picaba el cuerpo y necesitaba relajarme. Cerré los ojos al sentir el agua fría corriendo sobre mi cuerpo desnudo. Mientras me lavaba la zona íntima, mi dedo tocó accidentalmente mi clít0ris, lo que me hizo jadear de sorpresa. Me mordí el labio inferior. Estaba agradecida de que el dolor en mi feminidad por fin hubiera desaparecido. También me sentía aliviada de que Blake ya no estuviera en mi vida. Después de aquella última conversación en el baño, Blake no volvió a aparecer en el bar, lo que me sorprendió. Pensé que no me escucharía, sobre todo después de lo último que le dije. Solo pedía que no volviera nunca. No quería que mi cuerpo ni mi vida volvieran a alterarse. Después de la ducha, envolví mi cuerpo mojado en una toalla blanca. Justo cuando salí del baño, sonó mi móvil. Lo cogí y una sonrisa apareció automáticamente en mi rostro al ver que era Daniel quien llamaba. Respondí feliz. —¡Hola, cariño!—, dije alegremente. —¡Hola! Parece que no estás ocupada, ya que respondiste de inmediato. ¿O es que te emociona tanto oír mi voz?—, dijo Daniel, haciéndome reír. —Acababa de salir del baño cuando llamaste, así que respondí enseguida. ¿Por qué? ¿No te gusta?—, dije haciendo un puchero. Daniel rió. —No he dicho eso. Claro que me gusta más que hacerme esperar unos minutos… aunque tampoco me molesta. Aunque no podía verlo, sabía que estaba sonriendo. Me senté al borde de la cama y cogí la toalla que había preparado. Activé el altavoz, dejé el móvil sobre la cama y empecé a secarme el pelo. —¿Acabas de salir del baño?—, me preguntó. Arqueé una ceja al notar su tono burlón y seductor. —Sí. ¿Por qué?—, respondí intentando mantenerme tranquila, aunque ya estaba sonriendo. —Por nada. ¿Dónde estás ahora y qué estás haciendo?—, preguntó con voz sensual. Mi sonrisa se amplió. —Cariño, ¿quieres tener sex0 por teléfono?—, pregunté en tono pícaro. Escuché a Daniel jadear al otro lado de la línea, lo que me hizo reír. —¡Has arruinado el momento! ¡Estaba intentando crear ambiente! ¡Deberías haber esperado a que yo te lo pidiera!—, se quejó. Eso me hizo reír aún más. Envolví mi pelo con la toalla y me metí en la cama. Me acomodé en el centro, apoyando la mitad del cuerpo en el cabecero. Luego cogí mis auriculares de la mesita de noche, los conecté al móvil y me los puse. —¿Cariño? —lo llamé. —¿Qué estabas haciendo? ¿Por qué tardaste tanto en responder? —preguntó. —Estaba cogiendo mis auriculares. No quiero que mamá escuche tus palabras obscenas o tus gruñidos y gemidos mientras tenemos sex0 —le respondí con una sonrisa. —¿Ah, sí? —La seducción volvió a la voz de Daniel, y eso me hizo sonreír aún más. —Sí. Entonces, ¿me quito la toalla ahora?—, pregunté, sonando lo más sexy posible, tratando de igualar la seducción de Daniel. Y lo que hice pareció surtir efecto, porque oi la respiración pesada de Daniel al otro lado de la línea. —Quítatela entonces—, respondió Daniel. Escuché un crujido al otro lado de la línea. Algo se movía, como si Daniel estuviera buscando dónde acomodarse. Lo imaginé perfectamente. Conociéndolo, seguramente también estaba preparándose como yo. —¿Ya estás desnuda? —me preguntó, con ese tono que ya conocía demasiado bien. —Sí, y ya me estoy tocando los pechos —respondí, provocadora. Me gustaba ese juego. —Cariño... —suspiró con una mezcla de deseo y ansiedad. Separé las piernas, sintiendo el aire fresco rozarme la piel. Llevé la mano hacia abajo. Apenas toqué mi clít0ris, un escalofrío me subió por la espalda. —¿Qué estás haciendo? —me preguntó con la voz entrecortada. —Estoy tocándome el clít0ris —dije sin rodeos, con un tono cargado de intención. Usé ambas manos, una abriendo el clít0ris y la otra rozando el centro de mi placer. En cuanto mis dedos tocaron ese punto, mi cuerpo reaccionó. Me arqueé. Era como si me conectara directamente con una corriente eléctrica. Todo empezó a encenderse en mí. Sentí cómo el calor crecía. Escuchaba a Daniel respirar fuerte al otro lado, mezclado con pequeños gruñidos. Sabía lo que estaba haciendo. Y me excitaba. —Hmm... —murmuré, mientras seguía tocándome la vagin4. Me recosté contra el cabecero, abriendo más los muslos. Imaginaba que él me miraba. —Laura... oh, oh... —gimió Daniel, casi perdiendo el control. Metí dos dedos dentro de mi vagin4, despacio. Cerré los ojos con fuerza. —¡Oh! —gemí. —¡J0der! —gruñó él. Continué. Los movimientos eran automáticos, como si mi cuerpo supiera lo que necesitaba mejor que yo misma. Hundí los dedos de los pies en la cama, cada vez más cerca de perderme en esa sensación. Entonces pasó algo raro. Intenté imaginar a Daniel. Quería hacerlo. Quería visualizar su rostro, su cuerpo. Pero no podía. Por alguna razón, él no estaba allí. Era Blake. Vi su rostro. Su cuerpo. Vi cómo me sujetaba con fuerza, cómo me f0llaba con desesperación. Mi mente decidió traicionarme. Y eso me hizo excitarme aún más. Intenté luchar contra esa imagen, hacer que desapareciera. Quería ver a Daniel. Pero solo podía ver a Blake, tan claro como si estuviera en la habitación. Incluso su voz parecía reemplazar la de Daniel. Me mordí el labio. El placer no se detenía. Al contrario, se intensificaba con esa imagen prohibida. Mis dedos se movieron más rápido. Perdí la noción de todo. Ni siquiera noté cuando mi codo tocó el teléfono y la llamada se cortó. Me quedé sola. Sola con el eco de mi respiración agitada y la cara de Blake grabada en mi mente y en mi vagin4. —Laura... Laura... La voz de Blake sonaba tan clara, que parecía imposible que fuera solo mi imaginación. Sentía como si él estuviera realmente frente a mí, dándome placer y empujando profundamente dentro de mí. Todo mi cuerpo estaba cubierto de sudor, mi respiración era rápida y fuerte, y la velocidad de mis dedos se triplicó. Intentaba con todas mis fuerzas no gritar su nombre. Mi3rda. Cuando finalmente alcancé el clímax, mi cuerpo comenzó a convulsionar. Jadeaba mientras me dejaba caer sobre la cama, cerrando los ojos e intentando recuperar el aliento. Solo cuando mi respiración volvió a la normalidad me atreví a abrirlos. Fue entonces cuando lo vi. Un hombre de pie justo delante de mí. —Ha sido precioso—, dijo con voz ronca. Abrí los ojos de par en par, sorprendida al reconocer ese tono inconfundible. Era la voz que había rezado tantas veces no volver a oír. Pero no habían escuchado mis súplicas, porque Blake estaba ahí, frente a mí, observando mi desnudez. Me quedé helada, incapaz de moverme o hablar. Solo pude mirarlo fijamente, negando con la cabeza como si así pudiera despertar de esa pesadilla. —¿Qué rayos estás haciendo, Laura? ¡Deja de pensar en él! ¡Basta!—, me regañé a mí misma en un susurro lleno de rabia. Pero mis murmullos se detuvieron al escuchar una risa grave. Levanté la vista y lo vi, sonriéndome con descaro. Mi corazón comenzó a latir tan fuerte que creí que iba a salírseme del pecho. —¿Así que estabas pensando en mí?—, preguntó con picardía. —¿E-eres real?—, tartamudeé, todavía incrédula de que aquel hombre, con el que segundos antes me había masturb4do, estuviera de pie frente a mí. No tuve tiempo de procesar nada más. Blake se subió a la cama y avanzó lentamente hasta que nuestros cuerpos quedaron a escasos centímetros de distancia. —¿Quieres tocarme? Así te aseguras de que no soy producto de tu imaginación—, murmuró con una sonrisa. Sus ojos ardientes descendieron por mi pecho hasta llegar a mi intimidad. —¿O prefieres que te toque yo? Me quedé paralizada, sin saber qué hacer, sin siquiera cubrir mi cuerpo desnudo. Solo reaccioné cuando escuché a mi madre llamarme desde el otro lado de la puerta. —¿Laura? ¿Has terminado de bañarte? El pánico me invadió. Sin pensarlo, le di una patada a Blake en la entrepierna y lo empujé con fuerza, haciéndolo caer de la cama con un estruendo. Estaba a punto de soltar un quejido de dolor, pero me lancé sobre él y le tapé la boca. —¿Laura? ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?—, preguntó mi madre preocupada. Le lancé a Blake una mirada asesina antes de contestar: —Estoy bien, solo se me cayó algo—, respondí rápido. —¿Segura?—, insistió. —Sí—, confirmé. —Muy bien. Termina pronto, hay alguien que quiero que conozcas. —¡De acuerdo! Cuando escuché sus pasos alejándose, respiré aliviada y retiré la mano de la boca de Blake. Cerré los ojos, intentando calmarme, hasta que lo escuché silbar. Fruncí el ceño y seguí la dirección de su mirada: se agarraba la p0lla. En ese instante comprendí lo que había hecho. ¡Le había dado una patada en la ingle! —Maldita sea, mujer. Vas a pagar por esto —gruñó entre dientes. Yo solo esbocé una sonrisa irónica.
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