Suleimán Hace más de una hora que desperté… aunque no tengo idea de cuánto tiempo estuve inconsciente. La habitación huele a desinfectante y a metal, y en mi sien aún late un dolor opresivo, como si un martillo siguiera golpeando desde adentro. Azhar está sentado a mi lado, con el rostro pálido y los ojos hundidos por la falta de sueño. —Mi sultán… —susurra apenas se da cuenta de que abrí los ojos—. Ha estado inconsciente más de dos días. Sufrió un fuerte golpe en la cabeza durante el choque. Parpadeo, mi garganta seca como arena. —¿Dos días…? —musito, intentando incorporarme, pero el mareo me obliga a recostarme de nuevo—. ¿Dónde está Alexia? ¿Dónde está mi esposa? ¿El bebé? Azhar baja la mirada. Traga saliva. Su silencio es un golpe más fuerte que el accidente. —Azhar… —gruño, sin

