Alessia Me acomodé sobre su regazo como si fuera el único sitio del mundo donde tuviera sentido quedarme. El salón estaba enmudecido por la noticia; en la esquina, la maldita tensión política hacía eco en cada mirada, pero él solo era mío por un par de segundos más. Le dejé besitos suaves en la mandíbula, buscando distraerlo, anclarlo. Jahandar y Azhar estaban preparando sus maletas mientras Luna y Selim jugaban en el jardín con la perra. —No quiero que te vayas todavía, mi amor —le susurré, rozando su barba con la yema de los dedos—. Y menos por esa princesa estúpida. Él me devolvió el beso con esa calma contenida que tanto me enfurece, como si su control fuera más fuerte que cualquier deseo. —Pequeña, tengo que ayudar… somos aliados —murmuró contra mis labios, su voz grave, llena de

