Alessia. Suleiman se quitó la túnica lentamente, sin apartar sus ojos de los míos. Cada movimiento suyo era calculado, casi un desafío. La luz del fuego delineaba su cuerpo, y por un instante, el aire pareció volverse más denso, más íntimo. —¿Recuerdas la última vez que dormimos juntos? —susurró, acercándose despacio—. Dijiste que no me querías cerca… pero no te moviste cuando te abracé. Mi respiración se volvió inestable. Seguía con aquel vestido simple, ligero, que parecía un error frente a la forma en que me miraba. —Suleiman… —intenté hablar, pero mi voz se quebró. Él no me dejó continuar. Se pegó a mí, su piel cálida contra la tela del vestido, su respiración mezclándose con la mía. —No digas nada… —murmuró, rozando con sus labios mi mejilla—. Solo dime que no sientes nada y me

