La Silueta Mutilada

2480 Palabras
Era un noche frívola y silenciosa, el ambiente en torno a la casa era siniestro. Dentro, la dulce Emily yacía sobre su cama lista para dormir, su madre la arropaba y le daba su beso de buenas noches. Su hija le miraba condescendiente y con ternura. Luego, la madre se levanta, le desea dulces sueños y se retira de la habitación para irse a acostar, había tenido un duro día de trabajo. Emily cerró sus ojos, estaba preparada para dormir, pero escuchó algo en su habitación que le hizo estremecer, algo como unos pasos. Sin levantarse de la cama, explora con la mirada su habitación en busca de aquel sonido. Ella era una niña de tan solo unos siete años, por lo que en su mente inocente y asustada, pensaba que en su habitación se había colado algún monstruo. Sin embargo, no consiguió ver nada. Pensó que no debió ser nada, así que intentó dormir nuevamente. Pero, al cerrar sus ojos, el sonido se repitió. Esta vez un poco más fuerte. Emily comenzaba a espantarse, y pensaba en ir con su madre. Cuando hacía ademán para ir, se paralizó al ver frente a la puerta una silueta, parecía ser de un hombre alto. Pero le faltaba el brazo derecho. La luz de la luna se filtraba por la ventana, pero sólo dejaba ver la cama de Emily. Sin que reaccionará del todo, la silueta comenzó a avanzar en dirección a la cama de Emily. Esta, aún paralizada del miedo, quiso esconderse en su cobija pero las manos no le respondían. La silueta no dejó de avanzar, En eso, Emily no puedo evitar mirar su brazo izquierdo, le faltaba el dedo del medio. Emily simplemente no se podía mover, estaba demasiado aterrada para hacer algo. La silueta llegó a la cama. No le dio importancia a Emily y solamente se acostó a su lado. Emily, aún en ademán para levantarse, comenzó a sudar frío y sus brazos le temblaban. Su cabeza por fin le respondió, y le dio para girarse y ver si la silueta estaba aún allí, en su cama. En efecto, seguía allí. Curiosamente, a pesar de que la luz de la luna alcanzaba en la cama, la silueta se seguía viendo como eso, una silueta. Como si fuese un hombre de piel negra por completo. Los brazos y piernas también le respondieron al fin, y en eso, bajó de su cama. Con la misma se pegó a la pared. A un costado, estaba su armario. No le gustaba nada entrar al armario, pues pensaba que habían monstruos allí, pero no tenía más alternativa. Ingresó en su armario. Era de esos armarios con rejillas que le permitían ver a través de ellos. Desde allí, mantuvo la mirada sobre su cama. La silueta seguía allí. Recostada boca abajo. Emily temblaba. De repente, oyó algo sobre su cabeza. Volteó hacía arriba, y vio el brazo que le faltaba a la silueta. Este, que estaba apoyada sobre su ropa, le alcanzó la cabeza y con la mismo empezó a sobarla, como si tratara de calmarla. También le faltaba le dedo del medio. Emily dio un grito ahogado. Sus cuerdas vocales no le daban para gritar de verdad. Salió del armario tumbándose al piso. Retrocedió como pudo, y salió corriendo hacía su cama, olvidando que allí estaba la silueta. De un salto se metió en la cama y se arropó rápidamente. Cerró los ojos y estiró las manos buscando su oso de peluche o algo similar que le transmitiera seguridad, pero lo que alcanzó y acto seguido abrazó, fue cualquier cosa menos el peluche... Lo que estaba abrazando era en realidad el brazo de la silueta que estaba en su cama. Emily no quería abrir los ojos, pero de igual forma sentía que abrazaba algo, algo yerto y muy firme. Su madre de repente entró en la habitación, pues Emily había hecho mucho ruido corriendo desde el armario. Encendió la luz tras entrar, y vio que Emily, bajo la cobija, temblaba en exceso. La madre se acercó a la cama y removió la cobija agobiada, y descubrió a su hija con los ojos cerrados abrazando firmemente un brazo n***o. —¡Emily ¡Por dios! ¿Qué es lo que estás abrazando? —Replicó con severidad. Emily abrió los ojos, y al ver lo que abrazaba quedaron desorbitados. Lo soltó de golpe y retrocedió con tal precipito que se cayó de la cama. Su madre la levanta y le pregunta: —Hija, ¿de dónde has sacado eso? —H-h-h-h-había un-u-u-un m-m-monstruo —Emily no podía evitar trastabillar al hablar. —Emily, cálmate —la madre se agachó poniéndose a su altura, y le hablaba en un tono de firmeza y seguridad con su mano en su hombro—. Ya todo está bien. Yo estoy aquí, sólo respira y cuéntame que pasó. Emily respiró hondo y empezó a hablar con rapidez. —¡Había un monstruo, mamá! ¡Era como un hombre muy alto! ¡Pero su piel era toda oscura! ¡Parecía una sombra! Mamá, tengo mucho miedo —eso último lo dejo llevando su cabeza al pecho de su madre. La madre quería no creerle, pero el brazo seguía en la cama. La hija en cierto momento, se separó de su madre y le dijo que había otro brazo en el armario. Llevándola del brazo fueron al armario. En efecto, ahí estaba el otro brazo. Este comenzó a moverse eufóricamente cuando estas entraron, la madre se aterró y llamó al esposo. Este llegó con aspereza , vio la expresión de su esposa y enseguida espabiló entendiendo la gravedad del asunto. —¿Qué? ¿Qué pasó? —Preguntó angustiado. —Hay un brazo en el armario y en la cama de Emily —Responde la madre con pavor. —¿Cómo que? —Antes de que terminara la pregunta vio caer el brazo del armario, y al voltear hacía la cama corrobora que hay otro brazo allí. El padre al ver aquello se alarmó y fue corriendo en busca de un teléfono, su esposa fue con él.. Llamó a la policía. Emily se quedó en la habitación mientras los padres esperaban ansiosos a la policía. Llegaron a la media hora después. Pero, cuando ellos llegaron, ninguno de los brazos estaba donde los habían dejado. Emily tenia una expresión de terror en el rostro, parecía traumatizada. —Emily, cariño, ¿todo está bien? —Preguntó su madre en un tono perturbado. —La silueta volvió —todos en la sala, incluyendo los policías, se pasmaron —. Dijo que iba volver otra vez, pero que esta vez no se iría solo. Que alguien terminaría como él, en pedacitos y serían los responsables quienes acabarían así… La policía habló con los padres en privado. Le recomendaron mantenerse con la niña en todo momento, si es posible que durmieran con ella. Luego de eso se retiraron por la falta de evidencia de lo reportado. Los padres le hicieron caso a la policía y le dijeron a Emily, quien estaba bastante perturbada y afligida, que dormirían con ella esa noche. Todos se acostaron, dejando de lado todo, sin querer pensar en ello. Pero Emily, quien muy callada sabía que algo pasaba, no alertaba nada. Mientras dormía, sentía como una mano le sobaba la cabeza y como otra la tomaba de la pierna, como en ademán para jalarla, pero siendo al final solo un amago, pero la mano persistió en ambos lugares el resto de la noche, sin que Emily lo pudiera evitar. Al día siguiente, todo estuvo muy normal. Nada fuera de lo común. Aunque algo curioso sucedió en el almuerzo. Sus padres le habían servido una sopa, pero habían dos cosas flotando que se le hacían extraño. Tenían la forma de un par de dedos humanos, pero estaban muy arrugados y en la parte superior estaba un poco rojo, como si le faltara algo. Pareciendo un dedo, a lo mejor faltaría las uñas. Pero Emily, era una niña que se comía lo que le servían, y cuando vio que sus padres la miraban con extrañeza enseguida empezó a comer. Sus padres también tenían lo mismo en su sopa y estos se la comían como si nada, así que pensó que no sería nada. Aquellas cosas que parecían dedos eran un poco duros, pero Emily pudo comérselos. En cierto punto, se comió la carne y sólo quedaron los huesos. Estos sin duda eran huesos humanos, pero en la mente inocente de Emily, podía ser cualquier cosa. Sus padres le quitaron aquel hueso de sus manos y lo metieron en una bolsa grande. Emily siguió comiendo el resto de su sopa, sin sospechar de nada. Los eventos de la noche anterior retomaron su curso a la hora de dormir. Emily debía volver a dormir con sus padres. Aparentemente, Emily se había olvidado de lo que había pasado el día anterior. Sin embargo, igual sabía que dormiría con sus padres, lo cual no le molestaba en absoluto. Durante la noche, todo parecía muy tranquilo. Nada extraño, hasta que algo pasó. De repente, Emily escuchó un ruido en su cuarto. Abrió los ojos de repente sin moverse demasiado. Escuchaba a alguien caminar en su cuarto. No recordaba nada del día anterior, por lo que no pensó que aquello era mala señal. Así que se levantó de la cama, tratando de no mover a sus padres provocando que despertaran. Una vez en el suelo, se encaminó a su habitación dando saltitos al avanzar. La casa estaba muy silenciosa. Nuevamente estaba envuelta en una oscuridad. Sus pasos se repercutían entre las paredes. Lentamente se fue acercando a su habitación. Llegó a la puerta, estaba entreabierta. De forma paulatina puso su mano en la perilla de la puerta, comenzó a abrir despacio la puerta. Sólo para descubrir un par de piernas, de las rodillas para abajo, caminando de un lado para otro, sin la parte superior. Aunque estaba oscuro, aún podía distinguirse. Miró su cama, allí estaba un torso, sin piernas ni brazos ni cabeza, inerte sobre su cama. Era una sombra más oscura que claramente se podía visualizar entre la oscuridad. Paralizada del terror, sintió unas frías manos que la empujaban sin soltarla desde atrás. Una vez en el cuarto, las manos se enrollaron en sus hombros, llegando las manos a su pecho. Algo le goteaba en la espalda. Los pies no paraban de caminar en círculos. Emily no sabía que hacer. Sus ojos estaban desorbitados y su mente en blanco. Cuando estuvo a punto de gritar, una de las manos le tapó la boca. La mano era fría y rígida. La otra mano le impelió a avanzar, a lo pocos pasos tropezó y cayó con lo que parecía era una roca muy grande a un costado de su cama, cerca de la ventana también. Al incorporarse para ver con que se había tropezado, los rayos de luz de luna le revelan que se había tropezado con una cabeza. Esa vez fue diferente. La cabeza no era ninguna silueta… Era la cabeza de su padre. Tenía sangre en la frente, así como los ojos abiertos, estaban clavados en ella con una mirada penetrante. Emily parpadeó varias veces sin creer lo que veía, al mirar nuevamente vio que ahora era sólo la silueta de una cabeza. Sin embargo, desde la cabeza comenzó a emanar sangre que llegó hasta los pies de Emily, quien empezó a gimotear aterrada. Mientras tanto, los padres en la habitación, despertaron de súbito. Notaron que Emily ya no estaba, pero en la misma vieron algo en el suelo. Encendieron la lámpara en la mesa de noche, la cual vislumbró nada más y nada menos otra cabeza. Pero no cualquier cabeza, sino la cabeza de Emily. Esta estaba de igual forma con sangre en la frente y con los ojos abiertos en dirección a los padres con una mirada penetrante. No se atrevieron a moverse, estaban pasmados del terror. De repente, la madre nota algo en la cama. Al retirar la cobija, se sobresaltó al ver que allí había un pequeño brazo cortado, esta vez tampoco se veía claramente, tenía múltiples manchas de sangre. El padre intentó bajarse de la cama, pero al poner su pie en el suelo, toca algo extraño y carnoso, al ver que era resulta ser una pequeña pierna igual con manchas de sangre. Al volverse hacía el teléfono, se aterra todavía más cuando ve una manita sobre el teléfono, con el brazo colgando sin más cuerpo. De la nada, el armario se abre de golpe y de este cae un torso desnudo de lo que parecía era un niña. Los padres estaban despavoridos, estaban en shock, pero pensando de un momento a otro se levantan de la cama y van corriendo a la habitación de Emily temiendo lo peor. Entraron de golpe encendiendo la luz. No vieron a Emily por ningún lado. Se asustaron más que nunca. Comenzaron a exclamar su nombre con la esperanza de que respondiera. De repente, a sus pies sintieron una sensación extraña. Al bajar la mirada ven que es sangre, proveniente de una cabeza, pero vista como silueta. Entonces, el armario se abrió lentamente, Emily salió de este y al ver a sus padres salió corriendo hacía ellos. Los padres se alegraron al ver a su hija, sin embargo, sintieron una extraña sensación en la nuca. Emily llegó a sus piernas y las abrazó, pero notó que sus padres no condescendían su abrazo. En ese momento, algo cayó suelo detrás de Emily, esta voltea y ve que son las cabezas de los padres, y las partes de estos comenzó a caer. Cayeron los brazos, las piernas se separaron del cuerpo. Tan pronto como tocaron el suelo, se volvieron tan oscuras como las siluetas y allí se quedaron, el piso entero se llenó de sangre. Emily cayó al suelo. La policía llegó a la casa por un reporte de los vecinos, ya que estos vieron por las ventanas y aseguraron ver un par de cabezas que por la oscuridad no se distinguían a quien pertenecía, pero se reconocían muy bien como cabezas. Al final, Emily descubrió, por husmear en la zona en la que los policías investigaban, que sus padres eran unos asesinos seriales. Mataban a sus víctimas y luego las mutilaban en pedacitos sin piedad. Aquella silueta solo volvió para cobrar venganza. Sin embargo, la mente de Emily estaba perturbada y la pobre estaba traumatizada. Se fue a vivir con sus abuelos quienes no vivían muy lejos. Pero Emily aseguraba ver todo el tiempo las partes de los cuerpos de sus padres, sobre todo las cabezas mutiladas sobre su cama.  Y algo que tampoco que desapareció y siguió apareciendo cada noche, permaneciendo en la esquina y otras veces acostándose en la cama de Emily dejando su brazo que otra vez fue aquella pobre silueta mutilada...
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