Mis Lágrimas Muertas

1991 Palabras
Lo primero que oigo al despertar, es el inconfundible sonido de una gotera que perturba mi sueño al caerme directamente en la cara. Al abrir mis ojos, puedo ver como cae una gota lentamente en mi dirección. ¿Será una fuga de agua en el segundo piso? Mejor voy a revisar —digo a pesar de estar solo. Me levanto del sillón —¡Qué extraño! No recuerdo haberme acostado en el sillón— pienso mientras camino con pereza. Empiezo a notar que mi casa está muy silenciosa, el piso está frío, es incómodo al andar. La casa de igual forma está muy fría —debería abrigarme, ah cierto, le puse mi abrigo a mi novia, olvidó devolvérmelo—. Al llegar al segundo piso, me voy a donde podría ser la fuente del problema, pero todo está como debería estar. Reviso todo el segundo piso, pero no hay indicios de ninguna fuga. Vuelvo a bajar, y veo que la gotera ya no está —debieron ser cosas mías, mejor me voy a dormir a mi cama—, le digo a la nada, como si alguien me escuchara, esperando que así sea. Empiezo a sudar —¡Qué raro! ¿Cómo puedo estar sudando haciendo tanto frío?—, y me empiezo a poner un poco nervioso sin razón. Llegó a mi habitación, escucho una puerta cerrarse, pero el sueño me empezaba a pegar y no le presté atención. Llego a mi cama y empiezo a intentar dormir. Un sonido me despierta justo cuando comenzaba a conciliar el sueño. Era mi celular, al revisarlo, primero veo la hora que marca la medianoche. Luego me dijo que tengo un mensaje de mi novia. Todo lo que dice es: —Ven. Y cuando estaba a punto de contestar, mi celular se apaga de golpe. Justo después, me doy cuenta de que lágrimas me corrían por las mejillas, y varias de ellas se posaron sobre el mensaje. El celular se había quedado sin batería. Sin pensar que era algo urgente el mensaje, pongo a cargar el celular, luego de limpiar las lágrimas que le habían caído, me pongo mi chaqueta y mis zapatos tranquilamente, y antes de salir veo que el reloj marca la media noche. Las calles estaban más calladas que nunca. No había ni un alma que rondara aquellos caminos, y las luces de los postes era lo único que alumbraba por donde iba, porqué había luna nueva y el cielo estaba despejado, no había un una sola estrella. Mi novia no vivía muy lejos, y en el camino me puse a pensar acerca de los motivos por los que mi novia me mandó aquel mensaje tan directo: —¿Y si tuvo una pesadilla y quiere que duerma con ella? Sé que es algo asustadiza. Tal vez pasó algo que imaginó pero tiene miedo de averiguar qué es por su cuenta. O quizá hay un problema en su casa que le molesta y quiere que lo arregle… pero, ¿por qué enviarme el mensaje tan seco y directo? El camino se hace más corto. Mis pasos secos resuenan en la oscuridad. Siento como si alguien me persiguiera pero no me atrevo a mirar atrás. Acelero el paso, veo la casa de mi novia en la lejanía —espero esté bien—, digo esperanzado por instinto, pero unos escalofríos me hicieron sobresaltar cuando escucho que me susurran al oído: —Yo también. Sin voltear empiezo a correr, no tardo en llegar a la casa de mi novia. Estoy muy cansado y respiro con dificultad. Toco la puerta con fuerza, pero no hay respuesta de nadie. Me envuelve una extraña sensación, el frío empieza a azotarme y siento que alguien está por agarrarme. Toco la puerta con más fuerza, casi al punto de tirarla, cuando esta se abre sola pero lentamente. Ingreso rápidamente, cierro la puerta como si escapara del más temible espíritu. Me recuesto en la puerta, tengo la respiración entrecortada. Las lágrimas vuelven a salir. Entonces me fijo que la casa de mi novia está muy oscura. Doy unos pasos hacía el frente y observo la cocina, hay una pequeña de la que no encuentro el origen, y entre la penumbra puedo ver que hay otra gotera. De repente, algo suena desde mi bolsillo. Meto la mano para ver que es, y resulta ser mi celular. Me asusté un poco más, pues recuerdo que había dejado mi celular en mi casa cargando, pero cuando lo enciendo, este me dice que tiene la batería completa, sigue siendo medianoche y tengo un nuevo mensaje. Con las manos temblorosas, abro el mensaje, es de mi novia, me dice: —¿Por qué tardas tanto ya que llegaste? El celular casi se cae de las manos. Empiezo a respirar más fuerte y se interrumpe peor cada vez. Un horrible escalofrío recorrió todo mi cuerpo —¿cómo sabía ella que había llegado si ni siquiera le había dicho que iba a su casa?—. Tengo más miedo que nunca, una extraña sensación me envuelve, pienso que es el frío o la oscuridad, pero no es así. Uso la linterna de mi celular para iluminar mi camino. El irritante sonido de las gotas chocar contra el suelo me perturba cada vez, y las lágrimas se hacen más pesadas en mi rostro, definitivamente algo pasa, pero estoy aterrado. Subo las escaleras, mis piernas parecen de gelatina. Apoyo mis brazos para ayudarme a subir sobre los barandales, están muy fríos, podría jurar que al despegar mis manos esta casi se pega. Los escalones empiezan a rechinar. Finalmente llego al segundo piso, escucho como una puerta se abre. Volteo hacía donde sonó apuntando con la linterna, hasta que veo que de una de las habitaciones emerge una luz blanca que deja ver que el suelo está mojado. Empiezo a arrepentirme de esta decisión. Comienzo a avanzar con dificultad, tengo miedo de lo que voy a encontrar. Mi teléfono se apaga de golpe, la única luz es aquella que sale de la habitación. Me guardo el celular en el bolsillo luego de haberlo golpeado y tratado de volver a encender, y doy mis últimos pasos para descubrir lo que hay en el habitación, deseando con todas mis ganas que mi novia estuviese allí, a salvo, esperando por mí. Y justo cuando estoy a punto de entrar en la habitación, dándome cuenta que luz es muy brillante y no me deja ver el interior, escucho un grito desgarrador desde la habitación al otro lado de la habitación. Lo extraño, era que no era la voz de mi novia… Voy al lugar de donde provino el grito. Mis pasos ahora son continuos y repercuten constantemente. No tardo en llegar a la habitación, abro la puerta y sorpresa. Está vacía —demonios, no otra vez— me quejo y seguidamente abandono la habitación. Me doy vuelta y encuentro que la luz que antes sobresalía ya no está y otro sonido de mi celular me saca de calma. El teléfono de la nada volvía a estar encendido, con la batería completa y la hora congelada. —No estoy ahí. Leo que dice el mensaje de mi novia. Me empieza a faltar el aire. Voy hacía la habitación de antes. Resulta ser el baño, pero este también está vacío. —Tampoco estoy ahí. Entonces escucho un sonido desde la cocina. Recuerdo que había una gotera y tras eso empiezo a lagrimear inevitablemente otra vez. El miedo interrumpe mis pasos y empiezo a perder el equilibrio. Cuando llegué a las escaleras, siento que alguien está detrás de mí y al voltearme siento una brisa fuerte que me empuja hasta abajo. Me levanto jadeando del frío suelo. Empiezo a escuchar voces, pero no entiendo lo que dicen. Mi mente da vueltas. Estoy mareado. Voy cojeando a la cocina, pero esta también está vacía. Mi teléfono vuelve a sonar. —Creo que tendrás que hacer memoria. Dice el mensaje. La gotera me da justo en la boca, lo salado del agua me irrita un poco. No puedo pensar en nada, siento que todo da vueltas. Me arrepiento de haber venido. Mis lágrimas son más densas. Empiezo a perder el conocimiento, me desplomo en el suelo, y cuando estaba cerrando los ojos, escucho que una puerta se abre, con estruendo, no muy lejos de mi. Abro los ojos de nuevo, las lágrimas siguen presentes, tengo húmeda toda la cara. Me levanto con dificultad, a pesar de que el dolor extrañamente ha desaparecido. Nervioso hasta los huesos, avanzo hacía la puerta. Es la puerta del sótano si mal no recuerdo. Escucho un sonido chirriante a mis espaldas mientras camino, y al voltear, veo que se debe a la máquina de luz que había visto al principio, que por alguna razón no había visto cuando entré a la cocina, ahora está señalando a la pared. Volteo hacía la pared y veo que dice escrito en sangre: —Tienes que recordar. Por mi mente empiezan a pasar un montón de imágenes confusas de alguien que golpea a unas mujeres que no puedo identificar porqué están vendadas y amordazadas, y al parecer estaban calvas, alguien les habían arrancado el cabello por la fuerza, ya que toda su cabeza tenía sangre. Llego a la puerta del sótano y la abro lentamente, el sótano estaba más oscuro que el resto de la casa. Saco mi celular. Probando suerte, pero extrañamente seguía bien, con la batería llena y la hora aún atrapada en la medianoche. Enciendo la linterna e ilumino las escaleras. Veo que algo se mueve rápido al fondo, pero no logro ver qué era. Empiezo a escuchar los latidos de mi corazón y mi respiración agitada se hace notar. El silencio es lo que más me asusta. Bajo las escaleras sin poder evitar hacer rechinar los escalones de madera. Un olor putrefacto llegó a mis fosas nasales. Mi nariz no podía soportar aquella sensación. Cuando doy mis primeros pasos, un montón de moscas salen volando en mi dirección, y tras espantarlas estas se dispersan hacía todos lados. Mi linterna visita todos los rincones del sótano, sin encontrar nada, hasta que alumbré el centro del sótano. Mis lágrimas son tan grandes como mi sorpresa. Es el c*****r de mi novia. Ahora lo recuerdo todo —Tengo que salir de aquí—. Digo a la vez que empiezo a correr por las escaleras. La puerta se cierra en mi cara y termino cayéndome por las escaleras. Caí sobre algo, parecía un cuerpo. Cuando me incorporo para ver de quién se trata, veo que es el c*****r de la madre de mi novia. Esta se levanta y, junto con mi novia, me miran fijamente... —Ya no quiero vivir. Ya no quiero llorar las lágrimas de mis víctimas. Pero tampoco quiero ir al infierno de nuevo. Es horrible allí, no me hagas volver. NOOOOOO—. —Llamando a refuerzos, ¿me escuchan? Habla el agente Martins. Estamos en la escena del crimen. Hemos encontrado al asesino serial que huyó de la cárcel el mes pasado. Todo indica que el sujeto se ha suicidado. Nuestra mejor teoría, es que el sujeto no pudo con la culpa de haber asesinado brutalmente a su esposa y suegra. Como con el resto de víctimas que el sujeto ha matado, las víctimas fueron violadas con cuchillos estando vendadas y amordazadas, y por supuesto, les faltaba el cabello. Tenemos sospechas de que el sujeto se ha comido el cabello de las víctimas, pero no estamos seguros. Curiosamente, el sujeto no ha parado de llorar a pesar de haberse suicidado. Tenemos nuestras razones para creer el sujeto presentaba serios problemas mentales, y que por ello, ha llegado a asesinar personas, en especial sus esposa y suegra, pero al parecer, la locura y culpa pudieron con… ¡Oh Diablos! ¡Se está moviendo! ¡No está muerto! Repito ¡no está muerto! Solicita…  Mis lágrimas muertas...
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