Que no se atreva a besarme de nuevo

1532 Palabras
- Espero que esto quede aquí. - pedí discreción zanjando el tema. - Y es que aquí va a quedar Ada, es solo un beso. ¿Cuál es el miedo? ¿O es que jamás has besado a nadie? Te veo muy conmovida por algo que no te interesa. ¿Quizá hay alguna pareja esperándote en casa? - Esa es mi vida personal, Eduardo. No te incumbe. - Bien. Escucha, solo fue un beso descuidado. Acaba con este drama y sal de la oficina de una vez por todas si es mucho para ti estar junto a mí. - espeto apretando la mandíbula molesto - Y tráeme el contrato que te pedí ayer, por favor. No deseo seguir esperando. - contestó haciéndome un ademan con la cabeza señalando la puerta. Era insoportablemente descarado. ¿Quién le había dado el derecho de besarme? Creía que podía hacer a su antojo conmigo. Una con la que él podía acostarse siempre que quisiera y traicionara su trabajo por un romance. Porque si me involucraba iba a tomar el derecho a despedirme, cuando quisiera. Eso era algo que no dudaba. ¿Yo le atraigo? ¿Por qué me besó? No había estado coqueteando con el como para que quisiera besarme o tocarme. No había ningún indicio de eso... No que yo me haya dado cuenta. Era cuidadosa con las cosas que decía y hacía. Perder mi trabajo era el último deseo que tenía ahora mismo. Tenía que olvidarme de lo que había pasado. Y de haber tenido esos labios jugosos sobre los míos. Eduardo no significaba nada para mí, así que, esto solo fue un "descuido" como dijo él. No tiene por afectarme en nada. Debo olvidar lo que sucedió en esa oficina, tanto el día de ayer como el de hoy. Salí de la oficina respirando hondo, ignorando lo que había sucedido. No quería discutir más. Él era un acosador de mujeres o algo así, no podía contener sus ganas por las mujeres seguramente. Y yo no quería caer en esas garras que no perdonaban nada. Rebusqué entre los papeles que tenía sobre el escritorio y encontré el contrato. Lo leí una segunda vez para asegurarme de que si era ese el que necesitaba y entré de nuevo a la oficina con el mentón en alto. El corazón se me iba a salir del pecho. Estaba temblando cuando dejé el documento sobre su mesa. Levantó la mirada ojeándome. Alejé las manos dejándolas a los lados de mi cuerpo y di la vuelta con la misión de echarme a andar lejos de él lo más rápido que pudiera. - Ada. - pronunció suavemente. - ¿Qué pasa? - pregunté dándome la vuelta para poder mirarle. - ¿Qué pasa si quiero besarte de nuevo? - preguntó poniendo un dedo sobre su barbilla. Mis piernas flaquearon, embelesándome. No podía creer que de nuevo el... Eduardo estaba haciendo que todas las revoluciones dentro de mí se activarán. ¿Que debía decirle? - Eduardo, hace un rato nosotros hablamos... - No sé qué es lo que estoy diciendo, mejor vete Ada. No estoy en mis cabales ahora mismo. Dijo girándose sobre la silla mirando hacia el ventanal. Salí de allí echa un manojo de nervios. Quería entender, aunque sea un poco lo que estaba sucediendo. Bajé a la cafetería que estaba cerca y me compré un capuchino grande. Volví a la empresa y me encontré con la presencia del señor Williams ocupando el lobby de espera. Se veía concentrado en las revistas que estaba leyendo. - Buenos días señor Williams. Espero su día vaya muy bien. - dije sincerando y me senté junto a él. Revisando el iPad que me fue asignado para observar y añadir cosas a la agenda de Eduardo. Hoy tendría un par de reuniones y ahora que ya se habían resuelto las conferencias de prensa y las fotos, solo quedaba firmar algunos contratos. - Que hermosa te ves hoy Ada. Ten un buen día. - contestó con una sonrisa de oreja a oreja, dejándome ver los dientes perfectamente alineados dentro de su boca. Estaba feliz por verle, me transmitía cierto positivismo. - Muchas gracias. Todo es gracias a los tres cambios de ropa que tuve que hacerme desde que me levanté - me reí. - Por manchas de comida, a mí me pasa muchísimo. - Me gusta tomar café con leche en las mañanas, unas dos tazas. Y siempre terminan encima de mi camisa. Es... Desesperante. - asentí. - Si... ¿Hoy estarás ocupada cuando termines tu horario? - inquirió con una sonrisa. No respondí de inmediato. Sentía la mirada de Williams sobre mí, y aunque no deseaba responder me obligué a hacerlo. - Lo siento, estaba distraída. - mentí volviendo a mirarle. - ¿Dijiste algo? - Que, si hoy quieres cenar conmigo, no es una... Cita. No pienses que estoy presionando o algo así, las mujeres suelen asustarse cuando las invitan a cenar, digo, no todas las mujeres Ada, tú no eres todas las mujeres, solo una buena amiga, tú entiendes... - sonrió ofreciendo seguridad en sus palabras. - ¿Quieres cenar conmigo? No sabía cómo responder así que solo asentí, sonriendo un poco en su dirección también. Él estaba siendo amable. Williams tenía todo menos malas intenciones, era ridículo, ya que todos le tenían miedo en la empresa por ser uno de los accionistas más importantes en la actualidad. Juzgaban sin saber. - Puedes llamarme al terminar tu trabajo, sé que Eduardo te ocupa mucho tiempo, es un hombre difícil. - explicó riendo un poco. Se veía sereno. Decía la verdad. - Suele serlo... - Si llegas a tener algún inconveniente con él, puedo interferir entre ustedes. Somos amigos desde hace varios meses, y he podido conocerlo un poco, lo que me ha permitido. Si supiera cuáles son mis diferencias con Eduardo no me diría lo mismo... ... El trabajo fue pesado durante todo el día. Entre quedar con todas las candidatas para el puesto de secretaria, aclararlo con el señor Orlando, y justificar mis horas de perdida con Eduardo, ha sido un día muy largo. Estoy tan agotada que apenas tengo energía para recoger todo el chiquero que tengo en el escritorio. Quiero llegar a casa y acostarme en mi cama con azul a un lado de mí. Pero eso es solo un sueño, porque no puedo dejar plantado al señor Williams, él fue muy atento al invitarme a cenar. Pongo todas mis cosas en el bolso y termino por apagar la computadora. Mi celular timbra y lo tomo revisando de quién pertenece la llamada insistente en el teléfono. Es Williams. Me tomo un segundo pensando si contestar o no, y al final decido si hacerlo, apretando el botón verde deslizándolo en la pantalla para contestar. - Hola! De nuevo yo. - dice y suena apenado por volver a hablar conmigo en el mismo día. - Hola! Justo acabo de terminar todo aquí en la oficina, estoy recogiendo mis cosas para salir. ¿Usted ya está listo? - pregunté guindándome el bolso del hombro apresurada. Deseaba tener todo listo para despedirme y salir de este piso lo antes posible. - Pasare por ti, estoy a unas cuadras… Siguió hablando en confianza, pero dejé de escucharlo porque se abrió la puerta de Eduardo. Dejando ver su figura masculina envuelta en un gran abrigo n***o, se amoldaba perfecto a su figura. Poniendo esos ojos azules sobre mi cuerpo. Quise hablar, pero una segunda figura me detuvo, viendo como Gen, salía de nuevo de la oficina arreglándose detrás de él. Toda mi sonrisa se cayó, cambiándola a una mueca de asco. Sentí una repulsión de inmediato de solo pensar lo que pudo haber sucedido. Detestaba esa sensación de ser la otra mujer. ¿Qué? - Ada, ¿sigues ahí? - Williams preguntó del otro lado preocupado. Dejé de verlos y me concentré en el teléfono volviendo a hablarle. - Estoy aquí. Ya estoy lista y puedes venir por mí- respondí fuerte. - Voy en camino, cuídate hasta entonces- avisó cortando la llamada. Pretendí continuar la llamada mientras ellos hablaban y caminé hasta el ascensor. Donde ambos me siguieron. Maldición, ¿En serio debían salir justo ahora mismo? Tenía una suerte de lo peor. Y aunque no lo quería ni en mis peores castigos tuve que "colgar la llamada" si, la llamada de mentira colgarla, y, subirme al ascensor con ellos, bajo la mirada de Gen. Me observaba con recelo y más del ochenta por ciento del tiempo ignoraba mi existencia, riendo de vez en cuando con Eduardo, tocándole el pecho con coquetería, justo lo que él quería. Eduardo en cambio, tenía los ojos puestos sobre mis hombros. Esa que, prácticamente me hablaba telepáticamente y me regañaba por irme sin decirle. Me daba igual lo que el creyera, y ahora más que lo había visto con Gen otra vez. Seguramente se habían acostado de nuevo en esa oficina. Que no se atreva a besarme de nuevo. Hoy iba a pasarla bien y me iba a olvidar de él. Eduardo no iba a inundar mis pensamientos solo porque era guapo y seductor. No había notado eso en un año, iba a mirarlo ahorita. Bah, da igual.
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