El plato frente a mí se vuelve poco apetitoso. No era como si me gustara mucho la carne, pero intentaba disimular frente a Williams. Después de haber pasado por mí, y haberme dado unos minutos para cambiarme en mi departamento, nos habíamos ido a un restaurante bastante animado en la ciudad.
Era educado y paciente. Me sonreía de vez en cuando y sacaba conversación sobre la empresa. Poco preguntaba de mi vida personal. Respetaba ese aspecto. No abusaba tomándose confianzas que no existían aún entre nosotros. Aunque disfrutábamos la compañía del otro se notaba que crecería una buena amistad.
Estaba intentando pinchar la carne con mi tenedor cuando algo en el fondo del restaurante llamó mi atención. Y fue aquella chica morena parecida en gran parte a Gen. Era igual a ella, a diferencia que esta chica llevaba ropa de salir muy informal; y no faldas largas entubadas como solíamos hacer en el trabajo.
— ¿Por qué no estás comiendo? Creí que esto te gustaría por eso lo ordené para ti. No tienes que comerlo sino quieres — Williams me miro con severidad mientras yo me encogía en mi puesto haciendo caras.
— Es que la carne y yo no somos muy fans la una de la otra...
— Ordena algo diferente que, si te guste, algo como una hamburguesa o papas. Enrique me ha dicho que son tus platos favoritos. — soltó aquello llamando por completo mi atención.
Si quería mi atención, la tenía toda ahora. ¿A qué se refería con eso?
— ¿Enrique? Tú conoces a Enrique. — cayó como anillo al dedo encajando sus palabras cuando lo conocí. Dijo que él había visto mis diseños y el único que sabía de esos diseños era Enrique.
Eran cosas privadas que prefería mantener así. Enrique me iba a escuchar...
— Si, es mi primo. Un hombre muy inteligente y trabajador, me ha hablado muchas cosas buenas de ti, que eres toda una cajita de Pandora. Y vaya que no se equivocaba, no has dejado de hacer muecas desde que nos sentamos. Eres un tanto, distinta. Y me gusta eso, tienes potencial para ser una gran diseñadora.
— ¿Yo? No hay otra más inteligente y con potencial para algo así que yo — me reí siguiéndole la corriente, pero estaba cansada. No tenía ganas de llevarle la contraria.
— Podrás fundar tu propia empresa siempre que lo quieras y si llegas a necesitar ayuda económicamente puedo prestártela. Sería como un accionista minoritario de ese negocio. Me gusta ese temple que llevas contigo, te hacen fuerte. — confesó llevándose varios bocados de comida a la boca.
— Me gusta la idea, pero aún soy una empleada en crecimiento, y me gustaría aprender más antes de irme a fundar una empresa, lleva mucho trabajo...
Las palabras se me cortaron cuando vi a Eduardo sentarse frente a la mujer que se parecía a Gen. Casi me atraganto con el agua cuando estaba pasando unas gotas por mi garganta. ¿Cómo era posible que ella estuviese aquí con él? ¿Desde cuándo estaban en el mismo restaurante que nosotros? Esto era el colmo...
— ¿Ada? — la voz de Williams me despertó haciéndome girar la cabeza hacia él. Se volteó mirando en la misma dirección que yo y me quise matar. Quería enterrar la cabeza en la tierra, en realidad. No podía haber cosa peor.
Estaba cansada del día de hoy, y en serio tenía que encontrármelo otra vez. A ese idiota que lastimosamente es mi jefe.
— ¿Ese no es Eduardo? — Williams preguntó señalando su mesa. Estaba que me lanzaba por la ventana tratando de alejarme de él y su indiscreción.
¿Qué me pasaba? Estaba armando todo un show por su desliz.
— Sí, creo que es el — murmuré comiendo un trozo de carne. Masticando con crudeza. Estaba molesta y no sabía cómo hacerlo notar. Debía actuar con tranquilidad sin que me afectara su presencia. No le iba a dar ese privilegio.
— Vamos a saludarlos, hoy casi no hable con Eduardo. ¿Quieres ir? — preguntó y no sé qué cara puse.
¿En serio estaba preguntándome si quería ir y después decía que íbamos a saludarlos? ¿Usó ambas cosas en una sola oración? A mí me iba a dar un infarto.
Se levantó ofreciendo su palma para que yo lo hiciera también. Algunas personas en el lugar comían y reían disfrutando de la buena música y la comida. El ambiente era fresco y agradable. Quitando la presencia de míster perfección y guapo gigoló. ¿Cuál era su problema? No podía andar solo por la vida, tenía que estar con una mujer a cada nada.
Esperaba no tener que llevarle nunca más un café a Gen. O yo me iba a vomitar encima de lo empalagoso que era su estúpido romance adolescente.
— Buenas noches. — saludo Will.
Ambos nos miraron. Aún cargaban la misma ropa que en la oficina y me guarde la burla, al mirar la cara de Gen cuando observó que estábamos Ahí. Parecía asustada por nuestra presencia. ¿Había algo que no sabíamos?
— Ada, que tal. — dijo Gen con una sonrisa fingida. Se notaba que me soportaba poco. Lo que no sabía es que era mutuo.
— Gen. — pronuncié.
— Querida Ada, que grata su presencia. ¿Quiere sentarse con nosotros? — Eduardo no se hizo esperar ofreciendo una cara de pocos amigos. Yo conocía esas invitaciones hipócritas de su parte. Era un imbécil.
— Estoy comiendo con Williams, muchas gracias por la invitación. — solté, y pude ver cómo sus comisuras temblaron bajando esa sonrisa. Creía que yo iba a correr hacia el haciendo lo que quería. Estaba equivocado.
Compartimos una mirada, una de esas que aún no lograba descifrar.
— El día de mañana será muy movido por el señor Orlando — comentó Will.
— Si, espero que todo salga bien. Me gustaría comentarle algunas cosas, he seguido sus logros uno a uno, es un hombre exitoso en toda la palabra, además de que, tiene mucho dinero en el banco. — la copa de Gen, casi se resbala de su mano mientras se reía.
¿Mostrando su verdadero interés?
Si. Ya veíamos que sí.
— Ada, pero podemos sentarnos aquí con ellos, no me importa ordenar de nuevo, y podemos pedir algo diferente. ¿Si? — pregunto Williams, haciendo una afirmación de nuevo. Me ponía en apuros.
— Quédate y acompáñanos, con ustedes será más divertido. — Gen no dejaba de hablar.
— Pero si a ella no le apetece...— Eduardo comentó.
Eduardo me miraba, haciéndome sentir levemente incómoda. No a mal, pero esos labios entre abiertos me hacían navegar lejos de lo que hacíamos en la mesa, comer.
Sentía cierta atracción por él, y eso estaba más que claro. Pero no iba a caer en sus encantos, esos que tanto utilizaba con todas. Me daba asco de solo recordar lo que vi hace unos días. Ni siquiera entendía como tenía cara para seguirme viendo. No sentía pena por lo que había hecho.
— Yo creo que... Que estaba bien lo que...dijo— todos me observaron a la expectativa. — iré al baño.
Informé, caminando rápidamente lejos de la mesa yendo hacia los baños de mujeres. Puse mi cartera sobre el gran mesón, dónde estaban los lavamanos y me metí a un cubículo. Respirando hondo. Me sentía ridícula. No tenía por qué aguantar cenas incómodas.
Terminé de hacer pis y acomodé el vestido n***o largo hasta mis pantorrillas. Me veía muy elegante. Amaba la forma de mi cuerpo y aunque, no era tan voluminosa me hacía ver muy bonita. Me amaba en verdad. Salí del cubículo, arreglándome un poco hasta los lavamanos dónde aprecié mi reflejo en el espejo. No estaba desordenada. Me gustaba lo que veía y tome mi bolso sosteniéndolo con fuerza bajo mi axila.
Un tacón se hizo presente en el baño y supe que alguna otra presencia femenina venia en camino así que me hice a un lado dispuesta a salir. Era Gen.
Así que respiré hondo, porque ya sabía a qué se debía su visita al baño. Ella estaba actuando como mujer celosa y estaba segura de que en unos segundos haría un show de primeras aquí en el baño.
— Oh, Ada. No sabía que estabas aquí — soltó con veneno en mi dirección.
Se paró frente al espejo donde empezó a arreglar su ceja, y a mirarse el rostro bien perfilado. Era linda, pero lo que tenía de linda lo tenía de loca del psiquiatra.
— Justo lo dije hace unos minutos en la mesa, avisé que estaría aquí. ¿No me oíste? — mi tono de voz demostraba molestia. No podía mantener fachadas de hipocresía.
Bueno si, solo con Eduardo. Y eso que tampoco era capaz de tolerarlo tanto...
— No, no te oí. Estaba ocupada admirando las dulces palabras que salían de la boca de Eduardito. — suspiró y dejó de arreglarse frente al espejo, llevándose una mano a la cadera se amoldó a una posición relajada. Sosteniéndose de ella.
Me miró como si yo fuese un bicho raro.
— Bien...— empecé a salir del baño con prisa para irme. No aguantaba sus palabras pesadas cuando ni siquiera sabía que decirle. No entendía claramente lo que debía decirle sobre eso. Como si me importara en algo. Además, ¿quién usa un nombre como Eduardito...? Es ridículo.
— No te vayas aún, quería decirte algo. — se paró erguida buscando intimidarme cosa que no logró porque me quedé en la misma posición relajada ignorando ese hecho. Se acercó a mi antes de que yo me fuera y no me quedo más que girarme y encararla.
— Te escucho. ¿Es algo sobre el trabajo? — me atrevo a preguntar arriesgándome. Deseo que sea así porque no hay nada más que quiera oír de ella.
— No exactamente. Necesito pedirte que te alejes de Eduardo. No me agrada para nada que estés cerca. Y me siento muy mal al verte, ¿Lo entiendes? — soltó apresurada sin rodeos.
—¿Que estás diciendo Gen? — ahora sí que se había vuelto loca.