Cap I
Corría el año mil ochocientos noventa y siete, el siglo diecinueve se estaba terminando, la nueva era, un nuevo siglo iniciaría en breve; el ambiente y clima ese día se encontraba tenso y frio, la mañana en la capital del Reino Unido era fría.
El otoño iniciaba, la lluviosa mañana estaba presente, yo me encontraba en camino a mi trabajo como institutriz, era un trabajo aburrido y lleno de sin sabores; no tendría que trabajar si no fuera por culpa de mí madre y su afición a robar cosas o apostar en los juegos de bridge; cuando era pequeña teníamos una posición bastante relajada, y buena.
Mi padre, Sir Thompson, era un m*****o del gabinete de su majestad la Reina Victoria, hasta que mi madre, se le ocurrió robar algo de una casa, mi padre para que ella no padecería el escrutinio público, el mismo se culpó, como consecuencia pago con cuatro años en prisión, la reina Victoria, le concedió el indulto, pero no le regreso el trabajo, así que comenzó a trabajar de abogado normal.
Iba tan concentrada en mis pensamientos, que no vi al coche que casi me atropella, fue un gran susto para mí, los ojos del conductor parecían dos carbones encendidos o eso me dio a entender mi mente, el cabello rojo, de un pelirrojo encendido, que recordaba a la pintura de Lucifer, el ángel caído, el más hermoso ante los de Dios, pero odiado por el resto de los demás ángeles, para ella, ese ser era hermoso, había visto su pintura en una excursión a Francia a casa de su tía paterna, Lady Wilma Thompson.
Se quedo absorta por un par de minutos, cuando recordó que tenía que ir al trabajo, a educar o intentar a esa mal educada de Margaret Smith y a la madre de esta, Silvia Smith, una maldita cazafortunas como la llamaba mi madre.
El Señor Rudolph Smith, era un hombre de mediana edad, viudo y con mucho dinero, m mi madre había hecho lo posible que mi hermana mayor se casara con él, sin resultados; y termino casándose con su mucama, lo cual causo un gran escándalo en la alta sociedad londinense.
En mis pensamientos, tenía uno solo, que algo sucedería para que esa maldita tortura terminara, y ambas desparecieran, Margaret una niña regordeta, con los dientes chuecos casi pudriéndose, y solo tenía diez años.
La señora Smith se encontraba en el pequeño salón de costura, el lugar favorito de la antigua señora Smith, en sus épocas fue un sitio acogedor, y que olía a verbena combinado con jazmines, el perfume de esta última, ahora el olor era casi desagradable.
La señora Smith, me miro con desprecio, a lo cual yo no dije nada, ella para mí siempre sería la mucama de los Smith, solo que no diría nada, un día mi padre recuperaría la posición que teníamos durante mi tierna infancia.
Margaret era una niña tonta, casi rayando en la estupidez, al parecer solo serviría para ser un adorno o una perfecta solterona, me estaba comportando de manera ruin y mezquina, ¿quién en su sano juicio se casaría con ella?
El día era tranquilo y yo solo rogaba que pronto terminara esa jornada, con esa pequeña malcriada, sentía que comenzaba a tener dolor de cabeza. Mi vida era bastante monótona, recordaba el encuentro en la mañana, en los hermosos ojos del hombre, y su cabello como el fuego, sentía que lo conocía de otro lado u otra vida.
En un momento de la tarde todo era silencio, mi horario de salida era siempre una hora antes del té, así podía llegar a casa, mi madre siempre se quejaría de mí y mi falta de pretendientes, o que ya era hora de casarse, en silencio escuchaba cada queja.
Ahora Margaret tenía una rabieta como ella podía, porque tenía hambre, su madre, al ver el peso pasado de la niña, le restringió los alimentos. Salió corriendo de la biblioteca y de ahí no supe nada de ella hasta minutos después.
La casa se encontraba en silencio, la rabieta de Margaret fue tan épica, que su madre decido calmarla con una tanda de dulces, al parecer la voluntad de la hija menor de Smith era fuerte, los hijos mayores con trabajos soportaban a la madre y a la niña.
Al parecer, las lecciones terminaron ese día, tome mis apuntes y otras cosas, las que tendría que calificar, hasta el dolor de cabeza que sentía comenzaba a aumentar al imaginar la cantidad de estupideces que tendría que leer de la letra de Margaret.
La casa de los Smith se quedaba atrás, sentía que un peso enorme se iba de mí con cada paso que daba lejos de esa mansión, sentía que no pasaban de las tres de la tarde, solo que la tarde lluviosa y pintada de gris se hacían cada vez más fuertes; tendría que tomar un carruaje de alquiler, en esos momentos solo teníamos un caballo y coche al menos ya era algo.
Un sentimiento de preocupación comenzó a fluir de mis entrañas, ¿qué sucedía?, en el coche de alguien que milagrosamente paso de manera rápida, a nuestro lado pasaron de forma veloz dos coches de la policía, los caballos iban vueltos locos, al parecer algo grave sucedió en esa dirección.
Mi casa se veía mejor cada día, ya no tenía aspecto de descuido, todo esto durante la estadía de padre en prisión; en la entrada de esta había un carromato de dos plazas, el vehículo era elegante, ¿un nuevo cliente de su padre?
Subió con tranquilidad la escalinata hasta el porche, habían cambiado en el último mes el tejado, y acababan de pintar la fachada, sonrió, en realidad el dinero que le pagaban los Smith era para sufragar sus gastos, odiaba tener que trabajar para comprar telas para sus vestidos.
Al entrar escucho la voz de su madre y padre, al parecer se encontraban acompañados por un hombre, todos se encontraban en el salón de té, al parecer tendrían invitados, ¿qué habría comprado su madre?; se acercó con tranquilidad, pero antes de llegar al salón de té; la campana de la entrada principal comenzaba a sonar de forma desesperada, ¿quién vendría a molestar casi a la hora del té?
Una de nuestras mucamas, salió de forma rápida con dirección a la puerta, al parecer no me había visto, en el umbral de la puerta se encontraba un hombre de aspecto serio.
---- Buenas noches, soy el teniente Michael Goodman--- dijo el hombre que era rubio de ojos azules--- estoy buscando a la señorita Thompson--- ese hombre me estaba buscando, así que hable.
--- yo soy la señorita Thompson--- me acerque con curiosidad-- ¿qué sucede? ---- estire la mano para saludarlo--- creo que se dará cuenta que es la hora del té, y yo voy llegando a casa, precisamente para eso---- mire a Thompson, él hombre a pesar de atractivo, se veía que no pertenecía a una clase social elevado, si bien, mi padre había caído en desgracia por la estupidez de mi madre, su posición era elevada, o volvía a ser elevada.
--- señorita Thompson, no me tomara más de un momento, sé que usted trabaja para los Smith, y que fue a trabajar esta mañana con ellos--- el hombre miraba a la joven con ojos escrutadores.
Se escucharon pasos detrás de ambos, era el padre Elizabeth, Sir Roderick Thompson se encontraba ahí, con mirada adusta, y un tanto confundida que un policía de Scottland Yard se encontrara en la puerta de su casa.
--- ¿qué sucede? ---- hablo con voz severa Sir Thompson--- mi hija es una ciudadana excelente y tranquila, y ¿por qué viene a mi casa sin aviso? --- el abogado miro con un dejo de desprecio al hombre, pero igual con preocupación.
Michael Goodman reconoció de forma inmediata al hombre, sabía que podría meterse en problemas, si bien ya no trabaja al servicio de su majestad era un hombre y abogado respetado, así que era mejor decir a lo que iba.
---Sir Thompson, sé que su hija trabaja como institutriz para los Smith, ese es el motivo por el cual me he tenido que presentar en su casa en estos momentos--- hablo Goodman mirando un tanto nervioso por la mirada de Sir Thompson.
La joven miro a su padre, ya se encontraba detrás de este, buscando la protección, Goodman tenía un aura imponente, como si fuera un ángel que busca venganza y justicia por personas, aunque estas fueran unas snobs.
---Si, mi hija es institutriz de esa casa--- hablo con naturalidad-- ¿qué sucede? -- Sir Thompson comenzaba a sentir temor, un miedo inexplicable, esperaba que su hija no hubiese cometido el mismo error que su madre, no podría con ello.
--- no se preocupe, Sir Thompson, vengo para hacerle unas cuantas preguntas a su hija, si noto algún comportamiento raro en la señora Smith hoy por la mañana--- la voz de Goodman, era un tanto enigmática, el aire comenzó a enfriar, era como si el mismísimo ángel de la muerte se hubiera posado en la entrada principal de la casa de los Thompson.
--- ¿qué sucede? --- hablo Elizabeth con temor en la voz---
---- hubo un problema en la casa de los Smith, la señora Smith, tomo un cuchillo con el cual arremetió contra su hija Margaret, le rebano el cuello, para después intentarse quitar la vida--- hablo Goodman.
Elizabeth sintió que un balde agua fría caía en su cabeza, ella se fue de la casa, pero ahora que recordaba no se había despedido, por que escuchaba el berrinche de Margaret o mejor dicho creía que era un berrinche, pero no fue así, eran los últimos gritos de terror de una niña pidiendo ser salvada, dentro de su ser sonrió, por fin dejaría de ir a trabajar con esas personas, no podía sonreír, no lo podía hacer, tenía que fingir tristeza.
En la puerta mirando y observando se encontraba el invitado, ese hombre de cabello rojo, y ojos encendidos de una extraña maldad, por fin había encontrado a su novia, a la mujer que busco por siglos.
II