El interior era de lujo y cuando Arturo hizo girar la llave, Gustavo experimentó una emoción pueril.
- Bien, es solo una hora de viaje - dijo Arturo ajustando el retrovisor - Tal vez un poco menos, si conduzco rápido - y le brindó un guiño que hizo que la piel de Gustavo se erizara.
Luego de cruzar un par de calles, Arturo dijo: - Entonces… ¿eres aficionado a los autos? -
- Un poco, sí. Es decir, no soy el más conocedor, pero - se encogió de hombros - sé apreciar un buen auto -
- ¿Qué tipo de auto prefieres? -
- ¡Oh, los autos grandes, definitivamente! No hay nada mejor que un motor potente, un buen 4x4 que pase por encima de todo y de todos - miró por la ventanilla - Cuando empecé a trabajar y logré ahorrar lo suficiente, lo primero que hice fue comprarme un pick-up doble cabina con las llantas más grandes que pude encontrar -
- ¡Ah! Me imagino que sí - comentó Arturo con una sonrisa divertida.
- ¡Hey! No creerás eso que dicen, ¿verdad? Que los hombres compran autos grandes porque tienen p**o pequeño -
Se hizo un breve silencio y Gustavo sintió que su rostro enrojecía.
¿Qué clase de idiota diría algo así?
- No, no lo creo - dijo Arturo al fin, mirándolo un momento - De lo contrario, me habría llevado muchas decepciones -
Gustavo prefirió no decir nada más y concentrarse en el viaje. Miró el paisaje frente a él, tratando de reconocer algunos lugares.
En unos minutos habían dejado el área más populosa y Arturo pudo aumentar la velocidad. Mientras el auto se deslizaba por una recta, activó el reproductor de música sin apartar la mirada del camino.
- ¿Qué música te gusta? -
Gustavo lo miró, algo sorprendido.
- Cualquier cosa está bien - dijo luego de un titubeo.
- ¿En serio? -
- Sí, lo que tú prefieras -
- ¡Oh, no! - rio Arturo - Me temo que mis gustos musicales podrían arruinar la buena opinión que tienes sobre mí -
Gustavo se volteó para mirarlo mejor y aguardó.
Arturo hizo un gesto gracioso y dijo: - Soy un chico de bandas de chicos -
- ¿Cómo los BackStreet Boys? -
Arturo le lanzó una mirada y Gustavo rio.
- Solo decía - hizo un gesto de rendición.
- Soy británico, amigo - dijo Arturo y buscó algo en el reproductor.
- Esa canción la conozco - dijo Gustavo cuando sonaron las primeras notas - ¿Esa es la banda en la que cantaba Robbie Williams? -
- Oye, no deberías decir eso en voz alta - respondió Arturo en tono de broma.
- Es la música de mi juventud -
- ¡Cielos, hombre! ¿Pero qué edad tienes? -
- Casi cuarenta - dijo Gustavo algo incómodo.
- ¿En serio? - Arturo le miró, sorprendido.
- Bueno, tengo treinta y ocho, así que estoy más cerca de los cuarenta que de los treinta -
- Todavía faltan dos años - replicó Arturo con un gesto.
- ¿Tú qué edad tienes? -
- Treinta y cinco -
- Pareces mucho más joven -
- ¿En serio? - el hombre sonrió - Lo tomaré como un cumplido -
Volvieron a sumirse en el silencio hasta que entraron a un pueblo como los que se ven en las películas. Cruzaron por la calle principal, pasando frente a tiendas, bares y restaurantes.
Tan solo unos minutos después, tomaron una calle secundaria que desembocaba en un alto muro de piedra gris cuyas puertas se abrieron sin ruido en cuanto en auto se acercó. Entraron a una amplia propiedad, rodeada de árboles.
La casa en sí no era lujosa y el estilo era un poco anticuado, pero se veía bien cuidada y amplia.
- Bienvenido - dijo Arturo apagando el auto.
Cada uno tomó sus maletas y Arturo se adelantó para abrir la puerta principal.
En la planta baja había un amplio recibidor y una sala de estar amueblada con sencillez. Un enorme sofá frente a una chimenea de piedra sobre la que descansaba una pantalla de buen tamaño. Al fondo, una cocina de encimeras oscuras y puertas francesas que daban a un patio de buen tamaño cercado por árboles altos.
- Ven, te mostraré el dormitorio - escuchó que Arturo le llamaba desde el pie de una escalera de madera.
No la había visto. Estaba semioculta por una media pared en el recibidor.
Lo siguió hasta una amplia planta. La escalera acababa en un espacio que habían amueblado con esponjosos sillones blandos y una mesa baja. Al lado, un pequeño librero a medio llenar.
- Esta será tu habitación - Arturo señaló la primera puerta a la izquierda y le franqueó el paso.
La habitación era de buen tamaño, aunque la mayoría del espacio lo cubría la cama más grande que había visto en su vida. Era alta y llena de almohadones de todos los tamaños.
Al fondo se divisaba una puerta que supuso conduciría a un baño privado.
- Te dejaré para que te instales - dijo Arturo desde el pasillo y antes que Gustavo pudiera responder, desapareció.
Se asomó al pasillo y lo vio cruzar las dobles puertas al fondo, que supuso sería la habitación principal.
Volvió al interior y dejó el maletín en la cama. Revisó su teléfono, pero no había nada nuevo y lo dejó en la mesa de noche, junto con su cargador.
Exploró el baño - pequeño pero muy completo - y luego miró a través de la amplia ventana. Daba al patio trasero y logró distinguir una pequeña terraza con un juego de muebles de jardín.
“Sería agradable tomar un café allí por la mañana” pensó “O por la tarde” agregó rápidamente.