VI

1048 Palabras
La sesión finalizó a eso de las siete de la noche, pero algunos conversaban cerca de la puerta. - ¡Oye, Gustavo! - dijo uno de ellos - Mañana haremos una pequeña excursión por los alrededores. ¿Qué te parece? ¿Te unes? - - Humm… se movió nervioso en su asiento e involuntariamente lanzó una mirada a Arturo, pero él permanecía con la mirada fija en su computadora - No lo creo… La verdad prefiero pasar en mi habitación y dormir veinte horas seguidas - - Y mucho servicio a la habitación - agregó otro con una risa. - Sí, exactamente - dijo Gustavo siguiendo la broma. - Bueno, si cambias de opinión avísame, ¿eh? - dijo el primero que había hablado. - Claro. Gracias - Gustavo recogió sus cosas con calculada lentitud. ¿Qué estaba esperando? - Creo que a todos nos caerá bien un par de días de descanso - comentó al fin Arturo. El grupo se había retirado y eran los únicos que quedaban en el salón. - Sí, creo que sí - Salieron en silencio, uno al lado del otro. Cruzaron el lobby y aguardaron el ascensor. - ¿Es cierto…? - Gustavo se volvió a mirarlo. - … lo que dijiste, sobre dormir veinte horas - continuó Arturo. - Parcialmente - Gustavo dejó escapar una risa nerviosa - No me gustan las excursiones. Ya sabes, los grupos grandes, corriendo de un lado a otro sin tener suficiente tiempo de disfrutar un lugar, sin poder desviarte del camino para ver algo más interesante… - Sí, te entiendo - una leve sonrisa asomó en el rostro del hombre. Subieron al ascensor y cuando el carro se detuvo en el piso de Gustavo, se volteó inquieto. “¿Ahora qué?” se dijo. - Bien, entonces… - no sabía bien qué quería decir. Arturo no dijo nada, permanecía expectante a lo que él diría. Pero Gustavo se limitó a salir del ascensor. - Gustavo, aguarda - Arturo detuvo las puertas y dio un paso fuera del ascensor - Voy a pasar el fin de semana en Hertford. ¿Lo conoces? - Negó con la cabeza. - Está a las afueras y mi familia tiene una casa ahí. Es un lugar tranquilo, perfecto para descansar. ¿Quieres venir? - Por primera vez Arturo parecía tan nervioso y torpe como él se había sentido los últimos dos días. - Es una casa grande y yo tengo que trabajar algunos temas para el lunes, así que estarás por tu cuenta… - Sí, me encantaría - dijo rápidamente. Arturo no pudo disimular su sorpresa, pero se relajó rápidamente. - Bien, bien. ¿Te parece si paso por ti a las dos? Tendrás tiempo de dormir tarde o visitar los alrededores… - A las dos - asintió Gustavo. - Bien. Te llamaré de la recepción… - No, aguarda - buscó su billetera y sacó una tarjeta. Anotó su número en la parte trasera. Le tendió la tarjeta y Arturo la tomó lentamente. - Entonces… hasta mañana - - Hasta mañana - Arturo volvió al ascensor y las puertas se cerraron con un timbre metálico. -0- Le había sido difícil conciliar el sueño. Dormía por momentos, una hora, máximo y se despertaba. Trataba de ponerse cómodo y volvía a conciliar el sueño, pero al rato volvía a despertar. Se quedó en la cama hasta eso de las nueve. Se duchó, bajó a desayunar y luego pidió al chico de la recepción señas de una tienda donde pudiese conseguir un par de prendas. No había planeado salir de paseo y la mayoría de ropa que había empacado era formal. El par de prendas pronto se duplicó: compró un par de pantalones cortos, una chaqueta liviana y luego de unos minutos de profunda reflexión, cuatro boxers. De vuelta al hotel, empacó todo en un maletín, recogió sus artículos de aseo personal y aguardó. A medida que se acercaba la hora, se sentía más nervioso, pero a la vez, entusiasmado. Había hecho una búsqueda rápida en Internet del pueblo que Arturo había mencionado y realmente parecía un lugar muy agradable. “Llego en diez minutos. Te veo en el lobby” Guardó el contacto rápidamente y tomó sus cosas. Cuando salía del ascensor, Arturo entraba al hotel y no pudo evitar recorrerlo con la mirada. Vestía un pantalón de mezclilla azul, ajustado como ya había notado que solía vestir; un suéter ligero de cuello en uve en un color verde oscuro y gafas oscuras que se quitó al entrar al edificio. Llevaba el cabello algo revuelto, cayendo con descuido en su frente. Al verlo, sonrió. Era una sonrisa sincera, amplia y aguardó en medio del recibidor que Gustavo se acercara. Él, por su parte, volvió a sentir la torpeza y el nerviosismo que su presencia siempre le causaba. ¿Por qué había aceptado pasar dos días con ese hombre que apenas conocía y que le hacía actuar como un tonto? Jamás había sido un hombre inseguro y no era que debiera importarle lo que pensara Arturo de su apariencia; pero a su lado, parecía vergonzosamente desaliñado. Se obligó a caminar hacia él. - ¿Listo? - dijo Arturo cuando se detuvo a unos pasos de él. Gustavo se limitó a asentir. Echaron a andar fuera del hotel y Gustavo se paralizó cuando vio que Arturo se dirigía a un auto deportivo en un color azul oscuro. - ¡Guau! - no pudo contenerse - ¡Mira esa belleza! - Arturo le lanzó una mirada y sonrió. Era un Aston Martin. Recorrió sus líneas como quien admira una obra de arte. No era un último modelo, probablemente era de mediados de los 2000, pero parecía recién salido de la fábrica. - ¿Es tuyo? - preguntó como si fuera un niño pequeño, demasiado admirado. - Así es. ¿Quieres conducir? - Arturo le tendió las llaves. - ¡Oh, no, no! - dio un paso atrás - No podría avanzar ni un kilómetro y sería terrible si le hago daño a esta belleza - Era la primera vez que Arturo le veía tan emocionado y eso le hizo reír de buena gana. Era una sensación extraña verlo tan relajado y espontáneo. - Sube - le dijo al ver que permanecía inmóvil mirando el auto.
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