V

1410 Palabras
Fue de los primeros en llegar al comedor para el desayuno. Pasó de largo de la mesa que ocupaban sus colegas y tomó asiento en una mesa que estaba vacía. Dejó su carpeta en el asiento a su lado y pidió al camarero un expreso. No podía tomar otras tres tazas de café como el día anterior. Comió sin dejar de mirar hacia la entrada y en unos minutos, el salón estaba lleno, pero no había visto a Arturo o a su equipo. En cuanto acabó el desayuno, se dirigió a la sala de conferencias. Olive le hizo un gesto de saludo y fue hacia ella. Al fondo, vio a Arturo inclinado sobre la mesa, observando algo en su computadora mientras su asistente comentaba algo rápidamente. Decidió ignorarlo y concentrarse en lo que Olive le decía y trató de participar en la conversación. - Buenos días, señores - una de las mujeres llamó su atención - Estamos listos para iniciar. Los invito a tomar asiento - Instintivamente, todos tomaron asiento en los mismos sitios del día anterior. Al acercarse a su silla, Gustavo notó que Arturo ocupaba el sitio a su lado, que el día anterior había quedado vacío. - Buenos días - saludó Arturo con una sonrisa, cuando Gustavo tomó asiento. - Buenos días - Esa mañana Eliza estuvo a cargo de la charla y Arturo parecía ocupado en teclear rápidamente en su computadora. Gustavo exhaló un suspiro y trató de atender a la charla. Tenía la mirada fija en la pantalla, la pluma en la mano, pero aún así estaba terriblemente consciente de la persona a su lado. Esa mañana Arturo llevaba una chaqueta de tweed en un indefinible color café que de alguna manera hacía resaltar sus pecas. La proximidad hacía que por brevísimos momentos, sus antebrazos se rozaran. Sin embargo, Arturo parecía ajeno a lo que sucedía, la mirada fija en la pantalla y solo en un par de ocasiones alzó la mirada para atender a lo que Eliza decía. Luego de una hora, Eliza anunció que trabajarían en grupos. Las subsidiarias habían sido agrupadas en regiones y analizarían los requisitos de cada una. Gustavo tomó sus cosas, pero Arturo le detuvo. Su mano se posó en su brazo y él se volteó, sorprendido. - Si te parece bien, quiero que trabajemos tú y yo. Tu oficina está en una situación muy diferente al resto - - Sí, por supuesto - dijo no muy convencido. Gustavo miró como un grupo dejaba el salón y el resto se acomodaba al otro extremo de la mesa, mientras Eliza les daba algunas instrucciones. - Perfecto - Arturo movió la computadora para que pudiera ver la pantalla - Creo que esto resume lo que hablamos ayer - Gustavo dio un rápido vistazo. - Lo recordaste todo - murmuró desconcertado. - Te dije que recordaría lo más importante - replicó con un guiño y Gustavo sintió un sudor frío recorrerle la espalda. - ¿Tienes memoria prodigiosa? - - No. Pero como tú, soy apasionado en mi trabajo - y le miró. - ¿Solo en el trabajo? - la pregunta se escurrió de sus labios antes que pudiera ser consciente de lo que decía. - De los temas que me interesan, en general - respondió Arturo sin quitar la mirada de él. Gustavo no respondió y Arturo volteó la computadora. - Bien. ¿Cuánto tiempo crees que demore votar el proyecto? Sería muy engorroso empezar la auditoría con la legislación actual y tener que variar en el camino - Gustavo tomó algo de aire y trató de concentrarse de nuevo en el trabajo. “Puedo hacer esto” se dijo “Puedo hacerlo” Daba casi la una cuando Eliza anunció que harían una pausa para el almuerzo. Arturo terminaba de escribir y Gustavo comentó, tratando de sonar casual: - No sueles acompañarnos en las comidas. Es decir, no te vi en el desayuno y ayer… - No - respondió simplemente Arturo - Prefiero usar ese tiempo para finiquitar detalles con el equipo y comemos algo en otro salón - - ¡Oh! Bien… entonces… - Ve - dijo el hombre separando un momento la mirada de la pantalla - Continuaremos luego - - Sí, bien - se incorporó pesadamente - Te veo en un rato - Arturo le siguió con la mirada y cuando la puerta se cerró tras él y se quedó solo en el salón, echó la cabeza hacia atrás y dejó escapar algo parecido a un bufido. -0- - ¿Puedes creer que he estado en Londres al menos tres veces en el último año y no conozco más que el camino entre el aeropuerto y el hotel? - decía un hombre con marcado acento argentino, aunque estaba destacado en la oficina de Colombia. - Creo que es el caso de todos - respondió otro - Mis amigos con frecuencia me preguntan cómo es Londres y creen que bromeo cuando les respondo que no tengo idea - - ¡Oh! Debes conocer un par de bares al menos - dijo Olive con una sonrisa pícara. El hombre le guiñó el ojo, pero no dijo nada más. Gustavo apenas participaba en la conversación. Acabó su almuerzo y se disculpó rápidamente. Aún tenían unos minutos antes de volver, así que se dirigió a su habitación, se refrescó y revisó su teléfono: ni mensajes ni llamadas. “Hola. ¿Cómo va todo? ¿Cómo están los chicos?” escribió rápidamente. Miró la pantalla y aunque solo habían pasado unos segundos, sintió algo de decepción al no recibir respuesta de inmediato. Volvió al salón de conferencias. Como lo esperaba, Arturo estaba allí conversando con Eliza que ocupaba su sitio. En realidad, no había caído en cuenta que esperaba verlo hasta que el pensamiento lo asaltó. ¿Qué demonios pasaba con él? Creyó que lo mejor era retirarse, pero Arturo ya lo había visto. - ¡Gustavo! ¿Acabó ya el almuerzo? - - Humm… - titubeó y miró su reloj - Quedan algunos minutos todavía - se acercó, tratando de parecer natural - ¿Ustedes no han almorzado? - - Se nos pasó el tiempo - respondió Arturo y miró a Eliza con algo de disculpa - Deberías ir y comer algo - - ¿Qué hay de ti? - dijo la mujer. - Luego - respondió simplemente y le hizo un gesto. Eliza abandonó el salón y Arturo se volvió a Gustavo. - ¿Está todo bien? - examinó su rostro con atención. - Humm… sí, todo bien - bajó la cabeza, sin poder soportar la mirada del hombre. Permanecieron un momento así, él de pie frente a la mesa, Arturo revisando algo en la computadora, hasta que impulsivamente, dijo: - Deberías comer algo - su tono era más firme y grave de lo que habría querido. Arturo se volvió lentamente, una semisonrisa en sus labios. - Estoy bien. Estoy acostumbrado - Gustavo frunció el ceño, pero ya el resto del grupo entraba al salón. Sintió la vibración de su teléfono y miró. “Todo bien. Los chicos mandan besos. Espero disfrutes estos días” Lo releyó varias veces, no muy seguro de qué más esperaba. Guardó el teléfono en su bolsillo y notó que Arturo le miraba de reojo. - Bien, señoras y señores - dijo Mr. Dominic entrando al salón con grandes zancadas y tono jovial - Parecer ser que algunos de ustedes se quejaron de no tener suficiente tiempo para disfrutar de la ciudad - Se oyeron risas en el salón y todos intercambiaron miradas. - Así que - continuó el hombre - Extenderemos un poco la reunión de hoy para que tengan el fin de semana libre - Todos recibieron con beneplácito la propuesta y Mr. Dominic se volvió a Arturo. - ¿Estamos bien? - Arturo asintió con un movimiento de cabeza y el hombre se dio por satisfecho con la respuesta. En cuanto dejó el salón, Eliza volvió a tomar la dirección de la actividad. - Bien, en vista del cambio de agenda vamos a suspender las sesiones grupales para revisar unos lineamientos… Gustavo sintió que Arturo se incorporaba y posó la mano en el hombro. De inmediato, su corazón comenzó a latir aceleradamente. - Vuelvo en un momento - dijo en voz baja y salió del salón. Gustavo no se movió. Solo percibía en su hombro la cálida presión de la mano del hombre, como si hubiese quedado impregnada en su piel.
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